Qué tan lejos

El amor son los amigos que hicimos en el camino: reseña de Qué tan lejos, de Tania Hermida

¿Qué puede salir de dos completas desconocidas viéndose obligadas a cruzar Ecuador haciendo dedo? Una buena mezcla de autodescubrimiento personal y variados paisajes del país.

Por: Anita Cattorini

Si nos ponemos a hacer memoria, todos en algún momento experimentamos el quedarnos atascados en la ruta mientras nos dirigíamos hacia un lugar, ya sea por un accidente, el arreglo de un puente, un paro nacional, sindical, etc. Y dependiendo del motivo que nos hizo viajar ese día, podíamos salir en busca de un camino alternativo para poder llegar a nuestro destino. La cineasta ecuatoriana Tania Hermida toma esta experiencia tan común como disparador para su opera prima de 2006, Qué tan lejos.

¿De qué va la película? Esperanza (interpretada por Tania Martínez) es una turista treintañera española que acaba de arribar a Quito, Ecuador lista para recorrer el país. Cuando sube al colectivo que la va a llevar a Cuenca, la primera parada en su viaje, le toca compartir asiento con Teresa (interpretada por Cecilia Vallejo), una joven estudiante universitaria que se dirige al mismo lugar a detener a su enamorado de casarse. A causa de un paro nacional que podría durar días y las deja varadas en el medio de la nada, las dos unirán fuerzas para llegar a destino, cruzándose en el camino con algunas personalidades bastante particulares.

Poster oficial de la película

Lo que en un principio puede sonar como un film que utiliza la ya conocida estructura del subgénero road movie (el escenario donde sucede la acción y el desarrollo de los personajes es la carretera, acompañada usualmente por una temática existencialista) para no tener que mantenerse por sí sola, demuestra tener una identidad propia. Y esto es gracias a la mano de Hermida, que no sólo oficia de directora sino también de guionista.

La cinta en ningún momento adopta un ritmo frenético, a pesar de que una de las protagonistas necesita llegar lo antes posible a Cuenca, y se maneja con su propio tiempo. Podemos apreciar sin problema los diversos paisajes que Ecuador tiene para ofrecer (no olvidemos que el personaje de Esperanza vino a conocer el país y, como espectadores, nosotros vamos conociendo los lugares con ella). A su vez, el hecho de que la película misma deje que cada escena se desarrolle sin apuros y sin exabruptos, le da un tono intimista, cotidiano y personal.

Durante el viaje nadie se pierde, nadie es asesinado, no hay villano, nadie discute de manera acalorada con nadie, ningún romance surge entre dos o más individuos, ningún objeto se pierde, no se realiza ninguna revelación impactante, nada. Sin embargo, la ausencia de todo eso solo es para beneficio de la historia. Las interacciones entre Esperanza y Teresa, además de con cada persona que se cruzan, quedan libres para ser ver la verdadera atracción del film.

Qué tan lejos es, lo que se podría decir, una película “chiquita”. La trama es sencilla, fácil de seguir, casi no tiene música que acompañe y el elenco es acotadísimo. Y aún así, no falla en ser carismática, entretenida, y por sobre todas las cosas, humana.

“Depende donde pongas el punto en la historia para tener un final feliz.”

Nota de la redacción

Para ver el documental pueden ir a este link de nuestros amigues de Zine, a quienes les damos las gracias por ser lo más.

Link para ver la película

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