Marzo otra vez

MARZO OTRA VEZ

Alberto Fernández abrió un nuevo período legislativo en el Congreso y dejó bastante claro el panorama que se viene este 2021 a nivel político: vacunas, deuda, Justicia, rol del Estado. De cara a las elecciones legislativas, las propuestas y los desafíos.

Alberto Fernández y Cristina Fernández en el Congreso
Alberto Fernández y Cristina Fernández en la apertura del 139° período de Sesiones Ordinarias Legislativas en el Congreso Nacional.

Por: Sofía Moure

Parece mentira que ya haya pasado un año de aquellos últimos días de feliz ignorancia previa al aislamiento, al distanciamiento y a la pandemia. Un año atrás, con el Congreso repleto de diputadas, diputados, senadoras, senadores, funcionarias, funcionarios y periodistas de todos los colores y tamaños, nadie se imaginaba lo que venía por delante. Nadie.

El lunes 1, asistimos –la mayoría desde nuestras casas– a una nueva Apertura de Sesiones Legislativas Ordinarias, el 139° período de nuestra joven historia como país. En un recinto semivacío, y en el marco de una sesión mixta con seis pantallas led repletas de rostros a la distancia y 98 legisladoras y legisladores presentes, el presidente Alberto Fernández inició su discurso de dos horas apenas pasadas las 12, con sus clásicos anteojos redondos bien encastrados en la nariz para leer el texto preparado con anterioridad.

Palabras más, palabras menos

Los tópicos fueron los propios de una apertura de sesiones legislativas en las que se repasa todo lo hecho durante el año anterior y se plantean los próximos objetivos en materia política; sobre todo en el contexto que nos toca vivir y con el 2021 como un año clave: pandemia, vacunación, renegociación de la deuda, tarifas e impuestos, soberanía nacional, desarrollo, educación, reforma judicial, violencia de género. Todos estos ingredientes en una hermosa ensalada –de restaurante, cada ingrediente separado y visible pero, en definitiva, en el mismo plato–, y con el aderezo más picante de todos: el año legislativo.

El tono fue contundente. Durante la apertura del año pasado, el presidente se había lanzado con todo, respaldado por el 48% en primera vuelta y unos pocos meses de buenas noticias. Pero el 2020 no fue fácil: los palos en la rueda vinieron desde todos lados, con la pandemia encabezando la larga lista de obstáculos. Los dichos de Alberto mantuvieron la iniciativa pero en los hechos todo se diluía, producto también del problema estructural de que el poder económico –y no el poder político– es el que detenta el poder real. En una situación tan compleja como la que estaba el país, y con la oposición liderando un movimiento “anti todo”, el equilibrio pendía de un hilo que no podía romperse.

En esta ocasión, el tono volvió a ser firme y hasta desafiante. Y parecería que el período de respirar hondo y poner la otra mejilla ya terminó. “Alberto Fernández sepultó al presidente anti grieta”, tituló Clarín, uno de los principales medios opositores. Difícil cerrar una grieta con sectores que se benefician de su existencia y hacen del odio la principal herramienta para seguir profundizándola. Además, ¿es necesario y/o posible cerrar la “grieta”? Cara a cara con las elecciones, la respuesta es “no”.

El presidente argentino, Alberto Fernández, habló por dos horas en el Congreso
“Es la oportunidad que tengo para hablarle al pueblo argentino y decirle lo que pienso”, dijo Alberto Fernández al inicio de dos horas de un discurso contundente.

Apretó el acelerador

Empezó la campaña para las elecciones legislativas, cuya importancia reside en que la composición del Congreso puede definir el rumbo de las políticas para los próximos años. De allí la batalla que se avecina. Para el peronismo, que en 2019 logró una confianza que no tuvo en las elecciones previas gracias a la unidad, es una prueba de fuego. Y un círculo vicioso: la factibilidad de muchos de los anuncios dependerá de los votos en el Congreso; y los votos en el Congreso dependerán del apoyo de la ciudadanía a esos anuncios.

El Alberto conciliador comenzó suave, reconocedor de errores, pero también de logros: “Es la oportunidad que tengo para hablarle al pueblo argentino y decirle lo que pienso. Llego a este Congreso con mis convicciones intactas, a proponerles que nos tomemos un momento de reflexión colectiva”, sostuvo en línea moderada. Pero fue pisando el acelerador, y no calló sobre sus planes para este año y lo que espera de las y los legisladores. Para todo, aplausos y quejas.

El primer tema candente fue el anuncio sobre la investigación de la deuda que tomó el ex presidente Mauricio Macri. “He instruido a que se haga una querella criminal para saber quiénes fueron responsables de la mayor administración fraudulenta y malversación de caudales que nuestra historia recuerda”, expresó. El segundo, la reforma judicial y el pedido al Congreso de que asuma su rol fiscalizador del Poder Judicial, “el único poder que pareciera vivir en los márgenes republicanos”. Además, el presidente anunció que enviará un proyecto para “despolitizar” la Corte Suprema de Justicia e impulsará el Juicio por Jurados. Y con ello, no podían faltar las acusaciones de la “cristinización” de Alberto, o su intento de llevar impunidad a la “corrupción K”.

Todo estará incluido en la balanza con la que se definirá el resultado electoral, en algún momento de este año.

Mirá qué distintos somos

“Esta acción lamentable sólo demuestra cómo muchos opositores conciben la República”, expresó Alberto en Twitter.

La apertura de sesiones estuvo precedida por una nueva manifestación convocada por las y los dirigentes de Juntos por el Cambio. Un cambio que supondría colocar bolsas mortuorias frente a la Casa Rosada; o codearse con individuos que ostentan símbolos nazis, que están en contra de las vacunas y que hablan a los gritos el idioma del odio mientras piden “diálogo” y “respeto por la República”. Los “anti todo”.

Alberto Fernández se presentó al Congreso dispuesto a no dejar pasar estas cosas, arrastrando una larga lista de hechos protagonizados por personas que incluso le gritaron durante todo el discurso en el Congreso. “No llegué a la presidencia para hacerme el sordo respecto a las críticas bienintencionadas, pero la pirotecnia verbal sólo nos aturde”, dijo el presidente cuando se refirió a la campaña de vacunación contra el Covid-19 y a las vacunaciones de privilegio.

“Tuvo cuatro años para hablar. ¿Por qué no me deja hablar a mí, por favor?”, le pidió al diputado Mario Negri, jefe del bloque de Juntos por el Cambio en la Cámara Baja, ante sus constantes aclamaciones de “mentira”. Mientras tanto, Sandra Pitta tuiteaba “hay que pisarlos cuando vuelvan”. Una oposición muy dialoguista y republicana, por suerte.

“No habrá campaña o presión que me haga claudicar en mi empeño por otorgar racionalidad y sensatez al debate de los problemas argentinos”, sostuvo Alberto, quien también criticó el accionar de periodistas, empresarios y funcionarios que esconden segundas intenciones detrás de sus ataques.

Cristina trató de contener al presidente cuando, cansado de las interrupciones de legisladores opositores, pidió que lo dejaran hablar.

Ni una menos

“Quiero detenerme un momento en la cuestión de la violencia de género, un delito intolerable”, dijo Alberto sobre un tema ineludible cuando los números de femicidios prácticamente no varían año tras año y el 2021 presenta cifras igual de alarmantes.

La propuesta de convertir la lucha contra la violencia de género en política de Estado no fue algo, dentro de todo nuevo. Ya con la cuestiones de género como eje, muchas de las medidas tomadas durante el año pasado, con la creación del Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad y la aprobación del aborto legal seguro y gratuito a la cabeza, parecían ir en ese sentido: en terminar con las diversas formas de violencias que sufren las mujeres y diversidades. La emergencia social que vivimos en cuanto a femicidios lo hace todavía más urgente, y lo más relevante fue comparar su importancia con la política de “Memoria, Verdad y Justicia”. El Nunca Más femicidios. Ambicioso pero necesario.

“Vengo a proponerles construir un gran consenso en la sociedad argentina contra la violencia de género, por una sociedad más igualitaria”, expresó, y mencionó también la necesidad de modificar el sistema de justicia en función de garantizar protección a las mujeres.

Todavía quedan tres años de gobierno para Alberto Fernández. Nadie quiere pensar qué nuevos desafíos vendrán luego de un primer año más que complejo. Por ahora, lo anunciado en el discurso parece prometedor en muchos aspectos, aunque las elecciones serán determinantes. Lo seguro es que si de política se trata, en Argentina es imposible aburrirse.

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