El estado irresponsable

El estado irresponsable  

Luego del femicidio de Úrsula Bahillo, quedó en evidencia que la justicia no protege a las mujeres. ¿Cómo se previene un femicidio? ¿Qué falló? La reforma feminista de la justicia, el reclamo más esperado.

Convocatoria #NiUnaMenos por el femicidio de Úrsula Bahillo – Foto: Cristina Sille

Por Dana Goin

El miércoles 17 de febrero se realizaron marchas en todo el país exigiendo justicia por el femicidio de Úrsula Bahillo, de 18 años, en manos de su ex-pareja, Matías Ezequiel Martínez. Ella lo había denunciado formalmente al menos 3 veces. También había pedido un botón antipánico y había solicitado ayuda en la Comisaría de la Mujer de Rojas. El femicida, además, tenía denuncias previas de una novia anterior y por violación a una adolescente de 14 años, y era un policía fuera de actividad. 

La particularidad esta vez es que lxs manifestantes se dirigieron a Tribunales para exigir una transformación del sistema judicial que viene actuando como cómplice y pilar de la violencia del sistema patriarcal. “El primer reclamo es la falencia del sistema judicial específicamente. Ya no es solamente la necesidad de la perspectiva de género en la aplicación o en las normas, es la falla de tribunales que deja de manifiesto que es un sistema que tiene prácticas extremadamente patriarcales que minimizan los casos de violencia”, explica Melisa García de AboFem, una asociación de abogadas feministas en Argentina. 

¿Por qué algunos nombres resuenan más que otros? A veces, es la crueldad, la saña, las circunstancias que rozan lo absurdo. Lo cierto es que el femicidio de Úrsula Bahillo se hizo eco por todos lados. A Úrsula la sociedad entera le falló.

“Lo primero que le falla a ella es la cofradía de que si la persona que se está denunciando es de las fuerzas policiales se encubre el hecho. Aproximadamente 1 de cada 5 femicidios es cometido por personal de las fuerzas de seguridad. Lo más terrible es la complicidad”, explica García. Actualmente, sólo en la provincia de Buenos Aires hay 5966 agentes de la policía que tienen denuncias por violencia de género. Un 80% de ellos sigue en actividad. Muchas veces, con la complicidad del sistema judicial, estas denuncias quedan estancadas, casi archivadas, en los mismos tribunales.

Patricia Nasutti, mamá de Úrsula Bahillo – Convocatoria #NiUnaMenos por el femicidio de Úrsula Bahillo. Foto: Cristina Sille

Algún tiempo atrás, aún se discutía si las cuestiones maritales y de pareja debían resolverse puertas adentro o si había que “meterse”. No fue el caso de Úrsula, y eso es lo que más impacta: ella tenía en claro que estaba ante una situación injusta y peligrosa y que el Estado debía protegerla. Entonces denunció, pidió ayuda, habló. Y sin embargo, todos los mecanismos le fallaron.

Hoy el reclamo tiene un objetivo concreto: una reforma judicial feminista. “Esto implica que trabaje en concordancia con la ampliación de derechos y con perspectiva de género, pero también con paridad para mujeres que formen parte de los diferentes cuerpos de la justicia”, describe García. La reforma ya estaba contemplada para las sesiones legislativas durante el 2020, pero la necesidad de que tenga perspectiva de género se ha vuelto imperiosa.

Por otro lado, Silvia Ferreyra -coordinadora nacional de Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana)-, señala: “Es necesario avanzar con la Ley Micaela. No solamente para capacitar, sino para transformar la práctica. No se trata de llenar una planilla de asistencia y hacer un curso virtual, sino de ver en concreto las prácticas que se tienen que transformar”.

La dificultad en el acceso a la justicia y a la información sobre derechos, la deficiente coordinación de los distintos ámbitos al interior de los tribunales, la falta de unificación de los registros de denunciadxs y el proceso de revictimización por el que pasan las denunciantes son algunos de los principales frentes a modificar. 

¿Cómo se evita un femicidio?

“Evidentemente funcionó mal (el sistema judicial) porque si llegamos a este resultado, no podemos defender nada. Con lo que teníamos no alcanzó”, expresó a Télam Sergio Terrón, quien actualmente investiga el femicidio de Úrsula. 

Hace diez años que los números de femicidios prácticamente no varían y se mantienen en cifras alarmantes: según La Casa del Encuentro en 2009 hubo 231; en 2012, 255; en 2016, 290, en 2019, 299. Es innegable que en todo ese tiempo, el movimiento feminista creció, se organizó y se fortaleció, y ha podido lograr medidas dispuestas a combatir la violencia machista. Entonces, ¿por qué no bajan los femicidios? La violencia de género no se ve como una cuestión prioritaria. “Lo que se pone en relieve es la inacción del estado, más allá de las buenas intenciones y de los avances que hay”, explica Ferreyra.

Mientras tanto, los casos se siguen acumulando, como si no se tratara de muertes evitables. Por ejemplo, según el Observatorio de Mumalá el 25% de las víctimas de femicidio del pasado enero había realizado denuncias previas. “No se consideran los incumplimientos como indicadores de incremento del riesgo y no se adoptan medidas de protección más efectivas”, explica Raquel Asensio, titular de la comisión de Género de la Defensoría General de la Nación (DGN).

Registro nacional de femicidios del Observatorio Mumalá. Periodo: del 1/01/2021 al 31/01/2021

Las fallas son múltiples y se pueden identificar en cualquiera de los tres poderes. “Necesitamos que haya recursos concretos: presupuestos, recursos humanos y materiales en cada uno de los niveles para que puedan llevarse a la práctica”, agrega Ferreyra. 

Sin ir más lejos, el jueves 18 un colectivo autoconvocado de feministas de la cultura y de diferentes organizaciones sociales demandaron al presidente algunas medidas urgentes contra el avance de la violencia de género. Lo cierto es que muchos de esos reclamos son los mismos que en aquel primer Ni Una Menos del 3 de junio de 2015. Al respecto, Silvia Ferreyra señala: “Entendemos que es un problema complejo que requiere coordinación y voluntad política de todos los ámbitos de querer avanzar hacia el mismo lado”. 

Según el Observatorio Mumalá, solamente en enero hubo 26 femicidios, de los cuales el 12% fue cometido por una persona perteneciente a las fuerzas de seguridad. En febrero ya es posible contabilizar al menos trece casos más: Liliana Beatriz Stefonatto (1/02), Melisa Moyano (2/02), Vanesa Lobo Noble (7/02), Úrsula Bahillo (8/02), Rosita Marina Patagua (12/02), Vanesa Carreño (13/02), Silvia y Silvina Rojas (16/02), Mirna Elizabeth Palma (16/02), Emilse Estefanía Gajes (17/02), Miriam Farías (18/02), Ivana Módica y Verónica Escobar (21/02). 

Desde aquella primera irrupción masiva del movimiento feminista en el espacio público, han muerto más de un millar de mujeres en manos de un hombre que las consideró descartables. No son sólo números, no dan igual los nombres: son historias de vida interrumpidas frente a una sociedad que ya no mira para un costado, pero que tampoco logra evitar lo anunciado. ¿Será este el año en que la justicia se ponga a la altura?

Ante una situación de violencia de género, llamá al 144 para recibir información y contención. Es gratis y funciona todo el año, las 24 horas del día.

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