El PG-13

A los trece

El sistema de clasificación por edades para las películas parece que existe desde que nació el cine mismo. Sin embargo, éste tuvo muchos cambios a lo largo de la historia. Y uno de ellos tiene que ver, nada más y nada menos, que con Indiana Jones.

Fragmento de Indiana Jones and the Temple of Doom.

Por: Anita Cattorini

Si alguna vez fuiste al cine teniendo menos de 16 años y no te dejaron ver una determinada película, es probable que la misma tuviera clasificación +16. O cómo olvidar cuando en la tele, antes de que arrancara un film, aparecía un cartel que sugería que los/as menores de 13 años que estuvieran viendo, lo hicieran con la compañía de un adulto a causa de lo que podría aparecer en pantalla. Detrás de estos avisos o restricciones se encuentra el famoso sistema de clasificación por edades.

El sistema de clasificación de la MPA.

Destinado a regular lo que se puede mostrar y decir en los productos cinematográficos acorde a la edad del público al que se apunta, el sistema varía según la región. La más conocida tal vez sea la que maneja la MPA (Motion Picture Association), de Estados Unidos, que varios países usan de guía. Ésta, actualmente, está compuesta por cinco clasificaciones o rating: G (todo el mundo lo puede ver), PG (lo mismo que G pero se aconseja que los padres acompañen a los/as más pequeños/as mientras miran), PG-13 (la película tal vez no sea la más indicada para preadolescentes), R (se recomienda que solo mayores de 17 años la vean) y NC-17 (solo gente de 17 para arriba pueden ver la cinta). Cada rating depende de la violencia, el vocabulario y el contenido sexual que pueda incluir el film.

Al ser su principal función el cuidado de las juventudes, grupos de padres indignados y enfurecidos con alguna película en particular a lo largo de la historia nunca faltaron. Y como ya quedó claro en otro momento, los adultos con tiempo libre y ganas de quejarse tienen una sorprendente influencia sobre estas cuestiones. Influencia que llegó a Indiana Jones y al mismísimo Steven Spielberg.

Póster oficial de la película. Fuente: IMDb

Corría el año 1984, el PG-13 no existía y la precuela de Indiana Jones dirigida por Spielberg, Indiana Jones and the Temple of Doom, se acaba de estrenar en cines. Igual que la original, ésta recibió una clasificación PG ya que la MPA consideraba que ponerle un rating R era demasiado a pesar de que el film tenía un tono más oscuro que su predecesor. Todo parecía ir bien, con la cinta recaudando exitosamente en la taquilla. Pero rápidamente, las voces de muchos padres se hicieron oír. ¿El problema? La película incluía una escena donde se le arranca el corazón a una persona y acto seguido se la quema viva, algo que tal vez no fuera muy apropiado para los/as más infantes.

Al mismo tiempo, se estaba armando revuelo con las criaturas violentas protagonistas de Gremlins, film que también había obtenido clasificación PG y en el que Spielberg oficiaba como productor ejecutivo. Cabe aclarar que si una película recibía una R, esto significaba una reducción considerable en el público que la podía ver, ergo, podía recaudar menos. Como el cineasta estadounidense no quería tener problemas con los grupos de padres y ya había acumulado suficiente importancia en la industria, decidió juntarse con el director de la MPA para ver si se podía llegar a una solución que dejara a todos conformes.

De la reunión entre ambos nació el rating PG-13, algo que funcionaba como un intermedio entre PG y R. Esta resolución significó un cambio importante, puesto que era la primera vez que se modificaba el sistema desde su implementación en 1968. Varias personas del ambiente no recibieron la noticia con alegría, veían la alteración como innecesaria y hasta decían que podía poner en peligro la legitimidad del sistema. Pero finalmente fue aprobado y puesto en marcha. En poco tiempo, ya era una parte más del proceso de distribución de una película y hoy es apreciado como un cambio que era necesario.

Otro caso que prueba que no hay que subestimar el impacto que pueden llegar a tener los adultos y su capacidad de indignarse.

La escena que dio nacimiento al rating PG-13.

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