Sobre la cama el orgasmo

SOBRE LA CAMA EL ORGASMO

Lo que debería ser un magnífico encuentro con nuestro cuerpo sigue siendo un tabú, algo de lo que se habla en voz baja. Históricamente, en las personas con vulva se inculcó un sentimiento de culpa en relación al placer. ¿Cómo conectar con nuestro goce? ¿Cómo desterrar la vergüenza de nuestro cuerpo? Empecemos por hablar del orgasmo.

Por Flor Brizuela

Amor propio, no juzgarnos, aceptar nuestro cuerpo y, por sobre todo, nuestro goce. Eso nos dice Cecilia Kokaychuk, psicóloga especializada en sexología, acerca de qué debemos trabajar para poder experimentar un orgasmo que nos llene de placer. Cada persona, sin embargo, lo hace de manera diferente según la zona que se estimule: el punto G, la uretra, la vagina, el cuello del útero o el clítoris, que es el protagonista porque es un órgano muy sensitivo debido a todas las terminaciones nerviosas que posee. 

“Está demostrado que el 30% de las personas con vulva que logran el orgasmo mediante penetración, lo hacen por una disposición anatómica vulvar-vaginal que produce fricción en el capuchón del clítoris y permite el orgasmo. El 70% no logra esta fricción y es necesario ayudarse con la estimulación manual u oral”, dice Kokaychuk en relación a la importancia del clítoris y de su estimulación. Aun así, experimentar un orgasmo implica recorrer un camino en donde no necesariamente tenemos que ubicarlo como “llegada”. Si solo buscamos el orgasmo, corremos el riesgo de no sentir el acto sexual en su totalidad.

Todas las personas con vulva tienen la posibilidad de experimentar un orgasmo. Por eso, actualmente, se reemplaza el prefijo del término anorgasmia por preorgasmia -disfunción sexual donde la excitación se detiene antes de llegar al clímax- para indicar y dejar en claro que no es una imposibilidad, sino una dificultad para experimentarlo. Sin embargo, no quiere decir que no existan personas, en su mayoría mujeres cis heterosexuales, que nunca hayan experimentado uno. 

Un estudio realizado en 20 países por el instituto de Ciencias Médicas “Shripad Hegde Kadave”, con muestras de mujeres en relaciones monógamas heterosexuales, indica que el 17% de las encuestadas nunca había tenido un orgasmo. Entre los motivos, solo el 5% son causas orgánicas; muchos otros van desde estrés, culpabilidad o ansiedad, por lo que “la persona no se conecta con el momento y sus pensamientos predominan por sobre las sensaciones. Sumado a la falta de exploración sobre el propio cuerpo y la vergüenza de transmitir a la otra persona cómo le gustaría que la acaricien y dónde”, comenta Cecilia y agrega que es importante saber que si una persona no logra el orgasmo por algún motivo no quiere decir que no haya podido disfrutar del acto sexual.

Palabras como “culpa”, “vergüenza”, “ansiedad” se anclan a nuestro cuerpo a la hora de hablar del orgasmo y, sin dudas, tiene que ver con que continúa siendo un tabú, algo de lo que se habla poco y acerca de lo cual hay poca información. Esto no es novedad y aunque en el último tiempo hablar de placer ganó terreno en los discursos feministas, la traba sociocultural sigue ejerciendo resistencia. 

El sentimiento de culpa, de que “eso no está bien” y “de eso no se habla” procede de un tipo de enseñanza que viene de generaciones pasadas y fue transmitida sin ningún tipo de cuestionamiento. Esto devino en la falta de educación sexual en los hogares e instituciones educativas. “Las personas con vulva recibimos una enseñanza diferente que tiene que ver con una cuestión social y cultural”, manifiesta Kokaychuk. Se silenciaron las explicaciones, las preguntas y se nos dejó a la deriva en un campo sobre el cual nadie nos mostró cómo caminar.

La falta de información puede provocar miedos, incertidumbre y ansiedad, y esto no solo impide lograr el clímax sino que tampoco permite disfrutar del acto sexual plenamente. Preguntarnos qué nos gusta y cuáles son nuestros límites son formas de sincerarnos con nuestros cuerpos y nuestros placeres. Pero Cecilia aclara y enfatiza que la mejor información es la propia exploración, la de conocer nuestros cuerpos, nuestros genitales; descubrir y experimentar el placer mediante la masturbación

Un gran paso para aprender a disfrutar es desprenderse de la idea de que sin orgasmo el encuentro sexual no fue satisfactorio, de concebirlo como el punto cúlmine y más importante del acto sexual. El placer no está dado únicamente por ese momento de éxtasis, se trata también de disfrutar todo el acto, desde las caricias y los besos. ¿Por qué hablamos de la “previa sexual” como si fuese menos importante? Poner el peso en el orgasmo –así como en la penetración- lo ubica como ideal, como expectativa que produce gran frustración si no llega a cumplirse. Kokaychuk nos dice que en consecuencia surgen muchas otras ideas como los “no voy a poder nunca”, “algo está mal conmigo”, “mi pareja no me satisface porque no me quiere” y eso, además de ansiedad para un próximo acto, no ayuda a la autoestima y puede llevar a evitar relaciones sexuales. 

Con respecto a la pareja, puede pasar que los encuentros sexuales no sean del todo placenteros, por desconocimiento o por falta de comunicación. Muchas personas con vulva terminan por satisfacer a la pareja sexual y se olvidan de su propia satisfacción. El llegar a fingir un orgasmo se da muchas veces para no lastimar el autoestima de la otra persona y de esta manera se evita tener que comunicar el cómo le gustaría que la satisfagan, además de evitar discusiones y enojos. Desde su lugar, Cecilia aconseja abrir el diálogo y “respetarse ustedes mismas, sean sinceras y den lugar al diálogo. Ambas partes tienen que conocerse sexualmente y respetarse para disfrutar plenamente”.

A tener orgasmos se aprende, a conectar con el placer también. Solxs o acompañadxs, con paciencia, esperándose y siendo esperadxs, con intriga, a prueba y error. “No imponerse nada, salir de los preceptos familiares, sociales y culturales aprendidos que generan culpa. Tocarse, sentirse, explorarse, mirarse la vulva, quererla y aceptarla, cierra Kokaychuk. Encontrarnos con nuestro goce es saldar una deuda con nuestros cuerpos, es desterrar la vergüenza del mismo y darnos el permiso de hablar de todo lo que hasta ahora estuvo debajo de la cama.

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