El internet y la difusión del arte

Internet, ¿amigo o enemigo?

Hoy en día, las plataformas de streaming musicales son LA forma de escuchar música. Pero en 2015 las cosas eran distintas, con muchos/as artistas viendo a las plataformas como potenciales enemigos, causando que su música fuera difícil de acceder. Un breve viaje en el tiempo para tomar perspectiva de como cambió todo en 5 años.

Por: Anita Cattorini

[Este ensayo fue escrito en el 2015. Muchas cosas cambiaron desde entonces (la opinión de quién lo escribió, Prince falleció, casi todos los/as artistas que se negaban a Spotify terminaron cediendo su material a la plataforma, el streaming, en cuanto a números, salvó la industria musical) mientras que otras solo se afianzaron (los recitales son, más que nunca, la forma que el/la artista genera más ingresos).]

Estaba leyendo la revista Billboard un domingo por la tarde, cuando me tope con un artículo que me llamó la atención. En él se daban razones de por qué ciertos artistas o determinados discos no estaban en Spotify. Noté que la mayoría de los motivos se dividían en dos grupos: por un lado, estaban los músicos a los que no les parecía suficiente lo que el servicio de streaming les pagaba de regalías y por otro, los que estaban en contra de que su música sea distribuida digitalmente.

El artículo me dejó pensando en todos/as los/as músicos/as, que se ofenden al ver que sus obras son repartidas de manera colectiva en la red, en los que se toman la molestia de iniciar demandas hacia las páginas que se dedican a hacer accesibles discos para todo el que lo desee alrededor del globo. ¿Por qué se hacen mala sangre por algo que al fin y al cabo los va a terminar beneficiando? Parece que el negocio del arte no lo notó todavía, pero el hecho de que una obra sea distribuida masivamente vía Internet es una muy  buena señal. Significa que alguien escuchar esa obra,  ¿y qué no es esa la finalidad de todo artista?

Internet funciona como ese chico estadounidense que viajó en el ‘89 por motivo de un intercambio estudiantil a Suecia al que le regalaron el disco de una banda popular de ese país (ese dúo conocido como Roxette) y que a su vuelta a EE.UU se lo dio a una emisora de radio, convirtiendo a la banda en un éxito enorme en Norteamérica y luego en el resto del mundo. Internet es el instrumento fundamental para que el arte logre romper las barreras geográficas, sociales y culturales, para que llegue hasta el rincón más inhóspito de los seis continentes y se le abran las puertas a los artistas en lugares en los que usualmente, del modo tradicional, no lo logran.

Spotify, YouTube y iTunes son las plataformas más utilizadas para escuchar música

Para una chica proveniente de una familia clase media como yo, la manera de escuchar a mis artistas favoritos, en un principio, era mediante la radio y la televisión. Mi viejo es un fiel creyente de que si compras un disco tiene que ser el original, nada de esas copias truchas, y en casa nunca estuvimos en la posición de comprar muchos CD’s originales. Con la llegada de Internet  todo cambio. Canciones de músicos de distintas partes del mundo salían de los parlantes de mi computadora: desde Soda Stereo hasta Queen, AC/DC, pasando por Edith Piaf y más. Habría tardado mucho más en desarrollar mi conocimiento musical si no hubiera sido por el surgimiento de la red.

La gran industria en la que se convirtió el arte no hizo otra cosa que verse beneficiada con esta invención tecnológica. Los recitales son una prueba viviente de ello. Dave Grohl, muy elocuentemente, lo expresó: “…Quiero que la gente oiga nuestra música, me da igual si pagas 1 dólar o 20 putos dólares por ello, simplemente escucha la puta canción. ¿Quieres que la gente escuche tu puta música? Dales tu música. Y luego haces un concierto. ¿Les gusta oír tu música? Irán a tu concierto. Para mi es así de simple y creo que solía funcionar así…” La ecuación planteada es sencilla: mientras más lugares abarque la música de un artista, mayor va a ser la cantidad de público que tenga, y por lo tanto, mayor va a ser el número de recitales que este de, ni hablar de las entradas que vaya a vender.

A su vez, los intentos de la industria de parar este acceso libre y gratuito a cualquier tipo de arte son inútiles. ¿Tan desesperados van a estar por evitar “perder” dinero que no van a dejar que la gente disfrute sin trabas de algo que en un principio fue creado para regocijar a las personas? Además, tratar de parar toda esta movida es como querer tapar el sol con las manos. Aunque se lograra dejar fuera de servicio plataformas del tamaño de Spotify (lo cual ya se ha intentado múltiples veces en el pasado, con un éxito muy limitado) van a surgir 5 más para continuar con su legado, es prácticamente una ley universal.

Así era el “look” de Spotify hasta 2013

La finalidad de la música es ser escuchada. Sin embargo, parecería que se esta poniendo demasiado énfasis en la parte de facturar. Es necesario preguntarse si la industria quiere que todos tengan acceso a los productos o si solo importa el consumidor que puede aportar económicamente. “Cuando uno respeta la música, no tiene importancia como la obtenemos”. Eso es lo que dice el gran Jack White y me parece que la solución a este dilema va por ese lado.

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