Las femineidades

El rosa no es mala palabra

Durante mucho tiempo, la imagen que se estableció sobre lo que es la feminidad incluía vestidos, tacos, el color rosa y ser sumisa al hombre. Con la nueva ola de feminismo que se vive, lo que se considera “femenino” está bajo la lupa. Pero en este proceso, se puede caer en concepciones igual de dañinas y limitantes que las anteriores. Como Legalmente rubia entendió todo desde temprano.

La inigualable Elle Woods.

Por: Anita Cattorini

Seguramente alguna vez escucharon o leyeron, ya sea en cualquiera de los múltiples productos culturales existentes o en una conversación cotidiana, la frase “No soy como otras chicas”. ¿De dónde sale esta frase? La imagen que se promulgó por muchos años de lo que era ser una “verdadera mujer” estaba relacionado directamente con ropa y accesorios que resaltaran el cuerpo femenino, los colores más claros o pasteles (especialmente la gama del rosa), una actitud alegre, servicial y sumisa frente a los hombres, y aspiraciones que no fueran mucho más lejos que ser una buena ama de casa, tener un buen marido y preocuparse por verse físicamente bien.

A medida que pasó el tiempo y la sociedad comenzó a cambiar, este estándar sobre las mujeres se fue abandonando en favor de uno nuevo: se podían vestir de manera distinta y tener independencia, siempre y cuando el fin fuera conseguir la aprobación masculina, mientras que las chicas que eran muy “femeninas” ahora eran vistas como débiles, superficiales e ignorantes. Había nacido el estereotipo de “la rubia tarada” y la frase “No soy como otras chicas”.

La película Alguien como tú (She’s all that) de 1999 es un claro ejemplo de “Chica diferente vs. chica muy femenina”

De esta forma, en un gran número de series, películas, libros, canciones, etc. (la mayoría ambientados en la secundaria), desde los ‘80 hasta no hace mucho, podemos encontrar dentro de los personajes femeninos dos grandes arquetipos: la protagonista, que se distingue del resto de sus pares porque se viste de manera más masculina (entiéndase jeans sueltos y un buzo gris), no le gusta las cosas de chicas como ir de compras y la moda (mostrándola como superior) y es culta en algún aspecto (literatura, historia, arte, etc.); y la antagonista, que va producida a la escuela, usa tacos y ropa ajustada, se la pasa hablando de chicos y la protagonista no le gusta porque es “diferente” a lo que deberían ser las chicas. Una vez más se le imponía a la mujer como debía ser, y de paso se fomentaba la idea de que atacar y burlarse de otras por cómo expresaban su feminidad estaba bien.

Este “empoderamiento” de segunda mano alentado por la industria del entretenimiento se mantuvo fuerte durante la primera década del nuevo milenio (no es raro que muchas personas de la generación del 2000 le tengan rechazo al rosa, por ejemplo); y solo recientemente se puede ver cómo ese discurso negativo por fin se está poniendo en desuso para dar lugar a lo que tendría que haberse inculcado desde un principio: la feminidad no es una sola sola y puede expresarse de infinitas maneras, cada una de ellas igualmente válidas.

Si bien se pueden encontrar ejemplos actuales de productos culturales con este mensaje (Booksmart, Mujercitas, ambas estrenadas en el 2019), hay una película que, ya en el 2001, comprendió que lo que nos querían vender como la “verdadera” feminidad eran puros espejitos de colores.

Amanda Brown, la escritora de Legalmente Rubia

Legalmente rubia es un film cuyo corazón narrativo es uno solo: romper con los estereotipos, especialmente el de “la rubia tarada”. Y eso no es ninguna sorpresa considerando que la cinta está basada en la novela del mismo nombre creada por Amanda Brown. El libro contaba las experiencias de Brown como una rubia obsesionada con el mundo de la moda que a la vez asistía a la Universidad de Stanford de derecho, y como su personalidad y pasiones chocaban con las de sus pares en la carrera. Es decir, el encasillamiento que ella había experimentando por su forma de ser durante sus años de estudiante.

Así, seguimos a Elle Woods (interpretada por Reese Whiterspoon, y cuyo nombre viene de que a Brown le encantara leer la revista Elle), una joven que pareciera tenerlo todo: el mejor promedio en Diseño y moda, un gran físico, dinero, un novio divino y todas en su sororidad la adoran. De forma totalmente inesperada, es dejada por su novio, que se está por ir a estudiar abogacía a Harvard con aspiraciones de convertirse en senador y no la considera lo suficientemente “seria” para que siga siendo su novia. Con el corazón roto, Elle decide hacer lo más lógico: entrar a Harvard, demostrarle a su ex que ella puede ser el tipo de chica que él busca y recuperarlo.

Ya desde la descripción de la trama se deja ver que la película no va a ir por el lado de la comedia romántica. El foco no está en que Elle recupere a quien ella cree el hombre de sus sueños, sino en demostrarle al mundo que solo porque le encanta la ropa y andar siempre arreglada para la ocasión no significa que se la puede tratar como si fuera un maniquí. Desde el comienzo del film vemos que, si bien Elle es algo despistada, también es inteligente, empática, determinada y no deja que nadie le pase por encima. Sin embargo, todas las personas que la rodean, incluidos sus padres, solo la ven y la tratan como una cara bonita que no podría aspirar a mucho más que ser una modelo. En palabras de Warren, su novio, cuando la deja: “Necesito una Jackie (Kennedy), no una Marilyn (Monroe)”.

Cuando Elle entra a Harvard recibe el mismo trato por sus compañeros/as, pero particularmente por Vivian, la nueva novia “seria” de Warren (que caería dentro del arquetipo ya mencionado de “no soy como las otras chicas”). Vivian, a quien la sociedad le ha enseñado que las chicas muy femeninas no merecen respeto, le hace la vida imposible a nuestra protagonista. Pero una vez que ve que Elle no tiene nada que ver con el estereotipo que le vendieron, ambas se dan cuenta que ninguna es mejor que la otra y que no tiene sentido pelearse para intentar encajar en una sociedad machista.

Fragmento de la película

Durante toda la película (SPOILERS) vemos como Elle va creciendo como estudiante, se destaca y hasta la llaman, a pesar de ser de primer año, para participar como abogada en un juicio. Aún así nunca pierde su identidad. No hay momento de “Bueno, quiero ser seria, me voy a vestir como el resto quiere”. Ella se siente cómoda consigo misma y la manera con la que expresa su feminidad, ¿por qué va a cambiar por los demás? En el momento crucial de la cinta Elle se presenta como ella mejor sabe: con un vestido rosa, zapatos con tacón que hacen juego y un maquillaje y peinado impecables. Elle en su máxima expresión.

Es necesario entender que no existe un manual que establezca cual es la verdadera feminidad, con instrucciones de cómo expresarlo incluidas. Es largo el camino del autodescubrimiento. Y en él, cada una se va identificar con distintos estilos, prendas de ropa, etc., que tranquilamente pueden cambiar en algún momento. Lo principal es transitarlo buscando lo que nos haga sentir cómodas, que nos satisfaga, sin preocuparnos por intentar complacer al otro.

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