(Des)hacerse hombre

(Des)hacerse hombre. ¿Qué pasa con las masculinidades en tiempos de feminismo?

En los tiempos que corren existe un cambio cultural que parece inevitable. Las mujeres han puesto ciertos temas sobre la mesa. ¿Qué pasa con los hombres en medio de todo esto? De masculinidades y feminismos.

Por Dana Goin

Es un tema que divide aguas dentro y fuera del movimiento feminista. Que si pueden o no ir a las marchas, que si son todos violentos hasta que demuestren lo contrario, que al macho escracho o al paredón. Es una ecuación, como mínimo, complicada: no dejan de ser la mitad de la población ni se salvan de vivir en una sociedad patriarcal que, conscientes de ello o no, les afecta la existencia.

Quizás más reticentes y algo desorientados, los varones están siendo testigos de una revolución que lo está dando vuelta todo. En el mientras tanto, siguen estando sobrerrepresentados en los espacios de poder y de toma de decisiones y siguen pudiendo vivir sin que nada ni nadie les cuestione la autonomía. ¿Entonces?

Digamos, en principio, que entre tanta discusión hay algunas certezas. Una, clarísima, es que este es un mundo de y para hombres, como decía la famosa canción de Charly James. Son el parámetro, el universal, lo público y la regla. Y nosotras la excepción, lo específico, lo particular, lo otro.

Hay muchas cosas que se pueden decir sobre lo masculino. Y es un tema difícil porque hay mucho que desglosar y desandar, al tiempo en que nos ocupamos de nuestra propia revolución.

A medida que vamos avanzando, se van abriendo nuevas propuestas para ellos. Los pioneros fueron los del grupo Varones Antipatriarcales. Más recientemente se abrió la línea Hablemos del Ministerio de Mujeres, políticas de género y diversidad sexual de la Provincia de Buenos Aires, un espacio para varones que ejercen violencia.

En este contexto surge Privilegiados, que es mucho más que una red social donde se cuestiona el machismo. Es un espacio virtual de hombres para hombres, aquellos que, en la vorágine que explotó en junio de 2015, no siempre han sabido a ciencia cierta dónde ubicarse.

Vio la luz en noviembre de 2018, aunque según uno de sus creadores, Andrés Arbit, el impulso lo dio el primer Ni Una Menos tres años y medio antes. “Nos sacó la venda de los ojos sobre la violencia machista”, recuerda. Igualmente, reconoce que a lo largo de su vida ciertas aristas de lo que se suponía que era un hombre le incomodaron y cobraron mayor sentido a partir de escuchar los reclamos del movimiento feminista.

Proveniente del mundo de la publicidad, los tiempos que corren le hicieron replantearse su situación laboral y el aporte que podía hacer desde su lugar profesional. Hoy se dedica casi enteramente a Privilegiados y a la secretaría de Nuevas Masculinidades de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales. Sobre este último, explica: “Es un espacio de muchas masculinidades diferentes. Y ahí uno ve todas las violencias que propició a lo largo de su vida, desde el mero desconocimiento y la inconsciencia”. Aclara, también, que “se hace cargo”, aunque sin “victimizarse” y apunta, en todo caso, a la capacidad de transformación.

Quizás es mucha aclaración, pero es, como mínimo, difícil encontrar el balance en tanta nebulosa. Estamos sumidos en un proceso de cambio cultural y no siempre es claro para donde arrancar. A las mujeres les significó replantearse su existencia entera. Cada una a su tiempo, pero nadie se salva de la fuerza de la marea. ¿Y a los hombres? Más lentamente, desde afuera, algunos se empiezan a asomar.

Andrés recuerda sus primeros pasos en este universo: un taller de teoría feminista a cargo de Daniela Suarez Tomé al que asistió hace algunos años: “Éramos 30 mujeres y 2 varones”. Ese espacio le dio un marco teórico y un contexto para poder entender de qué se estaba hablando. “Si de algún lado aprendí de masculinidades es de los feminismos”. 

La idea fue tomando forma de a poco para él y para Gustavo Gersberg, su socio. “Al principio pensamos que íbamos a generar contenido que era varones divulgando feminismos. Nada más equivocado”. Mientras buscaban informarse, dieron con un video del sociólogo Jorge Elbaum sobre masculinidades y feminismos. Se contactaron con él y le hicieron una pregunta que muchos se hacen al adentrarse en este mundo: ¿qué rol cumplimos los varones en el feminismo? “Él nos dijo que, en realidad, esa era una discusión muy corta y que lo que los varones tenemos que hacer es trabajar entre nosotros, generando nuestros propios espacios”.

Esa charla fue clave para el concepto detrás de Privilegiados. Luego de tres años de búsqueda e información, la plataforma despegó en noviembre de 2018. Con la premisa “un video = un privilegio” abarcan un aspecto de la masculinidad con cada publicación, apoyándose enteramente en herramientas audiovisuales.

Desde la paternidad, pasando por el acoso callejero y por la impunidad de “cometer crímenes y que no pase nada”, se tocan una variedad de temas. La clave está en la interpelación de varones a varones, en primera persona del plural, sin ponerse afuera, incluyéndose a ellos mismos.

Pero, ¿por qué “privilegiados”? 

Los hombres son los dueños del poder político, económico y social, ganan más, pueden elegir no ser padres sin mayor condena social, pueden caminar por la calle sin miedo a ser violados, son más escuchados y sus opiniones más respetadas. ¿Cuál es el costo? La masculinidad. Arbit lo resume así: “Es un objeto de control de los varones para aplicarnos los mandatos que tenemos que seguir y eso que tenemos que ser, que implica ser heterosexual, fuerte, proveedor, protector, viril, estar siempre listo para el sexo y que nos gusten todas las mujeres que transitan por la calle”. Por nombrar algunos aspectos, claro.

“Por poner un ejemplo: los varones de mi generación -y más chicos, también- no escuchamos nunca la palabra consentimiento”. Pienso que nosotras tampoco la escuchamos, era una cosa que no existía. Coincide conmigo. “Es más, crecimos con la idea de que el ‘no’ es sí, y que hay que insistir, y que tu deseo está por sobre el deseo de la otra persona”.

“Cuando nos sentamos a armar nuestra lista de privilegios, pudimos nombrar solamente 5. Sentimos que era poco, entonces le escribimos a Lucía, que nos devolvió una lista de al menos 25 privilegios”, recuerda Arbit. Fue así como entendieron que solos no iban a poder hacerlo e incorporaron a Lucía Rodriguez. “Empezamos a ejercer una escucha activa de las mujeres que nos rodean, a escuchar sobre violencias que nunca habíamos recibido. Y ahí fue instantáneamente que le dijimos a Lucía si podía formar parte de este proyecto porque nos dimos cuenta que tiene que haber diversidad sí o sí porque si no, no se puede pensar un mensaje transversal y real”, explica.

Además de los videos, desde Privilegiados acercan diferentes propuestas para la comunidad. Una de ellas consiste en lanzar una pregunta y habilitar un espacio anónimo para que quien quiera pueda compartir su testimonio. “Con las preguntas anónimas encontramos que los varones se abren más. No somos su grupo de amigos de toda la vida, entonces es más fácil”, explica Andrés.

Así, sin nombre y apellido, y con la premisa de que nadie los va a juzgar, los varones se animan a hablar de aquello que les pesa y pasa: los sacrificios que hicieron para encajar en el grupo de amigos, su orientación sexual, los abusos que cometieron y de los que fueron objeto, las cosas que se reprimieron, la angustia por la falta de ganas de coger y la incapacidad de hablar de sus emociones. “Este ejercicio sirve para desprender al varón de los machismos y de que crea que es un problema personal de cada uno”.

Ese es otro punto importante de Privilegiados: el trabajo más allá de lo individual, el cambio y el apoyo colectivo. “Las violencias de género van a transformarse cuando los varones empiecen a hacerlo. Y para que esa transformación sea honesta nos tiene que atravesar por el cuerpo. Nos tenemos que sentir incómodos, y eso no va a ocurrir en la soledad”. Para Andrés es importante generar espacios en los que se hable de masculinidad, en el grupo de amigos, en la familia, en el trabajo, en el club. 

Hace algunos años las mujeres salimos a la calle y ocupamos el espacio y la agenda pública que durante tanto tiempo estuvo vallada para nosotras. Desde entonces, venimos empujando desde abajo y con fuerza para hacernos lugar. Es tiempo de que los hombres se corran del eje y hagan un paso al costado, pero también de que se apropien del espacio que nosotras tuvimos asignado durante toda la historia: lo privado, lo íntimo. “Trabajar la masculinidad implica incomodarnos e interpelarnos. Vamos a sudar, vamos a llorar, nos vamos a poner tensos”, dice Andrés. Pero es el trabajo necesario.

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