Música con sentimientos

Música con sentimientos

Aunque la música nació como una forma de expresión, en los distintos géneros se fueron formando clichés y tabúes alrededor de ciertos temas que se han mantenido por años. Sin embargo, el tiempo pasa y nuevas generaciones llegan para romper con lo preestablecido. Saluden a BROCKHAMPTON y IDLES.

BROCKHAMPTON. Fuente: Vulture

Por: Anita Cattorini

Es común que se diga que existe una canción para cualquier situación, que para cada momento que vivimos como seres humanos un/a artista tiene el tema ideal para musicalizarlo. Y es probable que esa frase popular no esté muy alejada de la realidad. Al fin y al cabo, la cantidad de canciones y músicos/as existentes que pueden cubrir el amplio abanico emocional es infinita. Aún así, al mirar con más atención dentro de los diversos géneros musicales existentes se encuentran unos fuertes estereotipos que han restringido estas posibilidades de expresión por demasiado tiempo.

La banda Bon Jovi, especialmente durante los ’80 y ’90, son un ejemplo del estereotipo de rockero.

En el rock, uno de los géneros que más ramificaciones tiene, se fue construyendo esta imagen del rockero/a como epítome de la heterosexualidad. Salvo por algunas personalidades que se alejaban de esto, como Bowie o Freddie Mercury, el pack inicial del artista de rock incluía la campera de cuero y cantar sobre cosas que reafirmaran su masculinidad (rebelarse a algún tipo de sistema, las minitas, el auto/moto, etc.). Si eras mujer tenías que rechazar lo considerado “femenino”, sino no podías jugar en la liga de los chicos. Podían expresar enojo, lujuria, amor (hasta ahí) pero no mucho más, porque mostrar muchas emociones era de raro/a, de depresivo/a. Lo cual no podía estar más lejos de los orígenes del género: el blues, raíz del rock, nació como el escape de los hombres afrodescendientes, expresando las tristezas de sus vidas como esclavos en las plantaciones de algodón.

En el otro extremo está el pop, que jamás experimentó estas limitaciones expresivas, en gran parte porque era considerado un género femenino y como todos sabemos estar en contacto con tus sentimientos es cosa de chicas, por eso las mujeres se la pasan llorando. Es por esto que dentro del pop aparecieron los primeros artistas abiertamente homosexuales, trans o drags: no existía el tipo de prejuicios que sí estaban en otros ambientes musicales. Se podía jugar con las apariencias, con las letras, con el sonido. Tampoco es raro que muchos de los íconos que adoptó la comunidad LGBT+, como Madonna, provinieran de acá. El pop, a pesar de sus estereotipos, era un espacio de libre expresión.

Por suerte, como parte del enorme cambio cultural y social que estamos atravesando como sociedad, estas construcciones del imaginario popular sobre la música se han comenzado a romper, los límites entre géneros a borrar y los tabúes respecto a ciertos temas a eliminarse. Aunque queda mucho por trabajar, el ambiente musical está más abierto que nunca. Dos bandas para ejemplificar.

BROCKHAMPTON

Los cantantes en BROCKHAMPTON, de izq a der: Dom McLennon, Matt Champion, Kevin Abstract, Joba, Bearface y Merlyn Wood. Fuente: GQ

El hip hop es uno de los géneros que más estereotipos ha formado a lo largo de los años. La vestimenta (que ahora ya caducó) llegó al ridículo, con las cadenas brillantes enormes y los pantalones sueltos gigantescos; el alarde de las compras desorbitantes de los raperos; la constante cosificación de la mujer, tanto en las letras como en los vídeos; y homofobia, mucha homofobia. A pesar de que estamos en el 2020, la palabra “puto” como insulto en el rap sigue siendo moneda corriente.

En este contexto aparece BROCKHAMPTON para acabar con varios prejuicios. Para empezar, BROCKHAMPTON es una boy band de hip hop oriunda de Texas que cuenta como integrantes no solo a los cantantes, sino también a los productores musicales, diseñadores gráficos, manager, etc., de esta manera dándole visibilidad y más protagonismo a quienes, generalmente, son ignorados por el público a pesar de ser igual de importantes.

¿Por qué boy band? El término usualmente se emplea de forma despectiva, insinuando que el sonido de un grupo es infantil, superficial y genérico. Usándolo para definirse a sí mismos, los muchachos buscan redefinirlo y quitarle de una vez y para siempre todas las implicaciones negativas que injustamente se le dio. Asimismo, técnicamente, ellos son una banda de varones. Una banda de lo más diversa, con diferentes nacionalidades, cuerpos, etnias y orientaciones sexuales.

La muchachada casi completa. Arriba, de izq a der: Kevin, Henock “HK” Sileshi, Joba, Bearface, Romil Hemnani, Merlyn, Jabari Manwa, Kiko Merley y Robert Ontenient. Abajo: Dom, Jon Nunes y Matt. Fuente: Last.fm

Pero el plato fuerte de BROCKHAMPTON (además de una instrumentación imposible de no bailar) son sus letras. Su estilo “sin filtro” a la hora de escribir hace que cada idea, cada emoción, cada recuerdo que se cruce por la cabeza de los miembros quede plasmado en sus temas. A su vez, gracias a que los integrantes son varios, cada uno puede aportar sus experiencias de vida, logrando que las canciones desplieguen varios matices de una misma situación.

Así, tenemos a Kevin, que es gay, explicando en “Junky” por qué es tan importante que él hable de su homosexualidad en las canciones (“‘¿Por qué siempre rapeas sobre ser gay?’ Porque no hay suficientes músicos que rapeen y sean gays”); a Dom expresando sus ansiedades en “Bleach” (“¿Cometes errores o haces cambios? ¿Puedes marcar el límite para los mejores días?”); a Merlyn contando de su fallida experiencia universitaria en “Milk” (“Atravesando las desventuras del estudiante universitario. Es loco como recibir una carta te hace sentir aceptado”); a Joba encontrando apoyo en la religión pero aún teniendo que lidiar con sus problemas mentales en “District” (“Salve Dios, aleluya, todavía estoy deprimido, en guerra con mi consciencia”); o a Matt denunciando la cultura de la violación en “Junky” (“Odio a estos tipos que quieren una “dama” pero después no las tratan bien, volviéndose locos cuando no consiguen lo que quieren”).

Si quieren entender con mayor profundidad al grupo, pueden ver el vídeo que hizo el youtuber argentino, Matías Parkman, sobre ellos.

IDLES

IDLES, de izq a der: Adam Devonshire, Jon Beavis, Mark Bowen, Joe Talbot y Lee Kiernan. Fuente: The New York Times

La escena punk surgida a mediados de la década del ‘70 fue una respuesta cultural hacia los estereotipos y parámetros de la época: vestirse de forma desarreglada como respuesta a una sociedad de trajes y composiciones simples, directas y agresivas para romper con la monotonía del virtuosismo y los solos eternos del rock. Sin embargo, el género rápidamente se llenó de clichés, especialmente el de alentar el enojo y la violencia por el simple hecho de romper cosas y agarrarse a las piñas con alguien, convirtiéndose en un ambiente lleno de masculinidad tóxica.

Similar a lo que hizo la banda argentina Fun People durante los ‘90, los brítanicos de IDLES toman el sonido punk, más desnudo y visceral que otros, para expresar, no solo lo que siente su cantante (Joe Talbot), sino también los problemas que como sociedad ya es hora que afrontemos. En palabras del propio Talbot: “Buscamos ser vulnerables frente a nuestra audiencia y alentar la vulnerabilidad. Despojamos las canciones y las letras de todo lo superficial para celebrar nuestras diferencias”.

IDLES tocando en vivo. Fuente: Reyt Good Magazine

De esta forma, Talbot crítica la xenofobia, el hipernacionalismo y llama a la unidad en “Danny Nedelko” (“Mi hermano de sangre es un inmigrante. Él está hecho de huesos, de sangre, de piel, de amor. Está hecho de vos y de mi”); habla de la masculinidad tóxica y la enfermedad que es en “Samaritans” (“La máscara de la masculinidad es una máscara que me está usando. Soy un verdadero chico y lloro, me amo y lo quiero intentar”); descarga su tristeza luego de perder a su hija recién nacida en “June” (“Zapatos de bebé a la venta, nunca usados”); o señala las diferencias abismales existentes entre géneros en “Mother” (“Los hombres tienen miedo de que las mujeres se les rían en la cara, mientras que las mujeres tienen miedo de que sean sus vidas lo que los hombre se lleven”).

Grupos como BROCKHAMPTON o IDLES realmente son únicos, especialmente porque su enfoque musical es fresco y necesario. Usar la música como catarsis para sacarse el peso encima de lo que se vive día a día no solo es una actividad creativa, sino que sirve como un método de comunicación universal que le hace saber a cualquiera que esté escuchando y pasando por una situación similar que no está solo/a. Pero más importante aún, que abrirse emocionalmente y mostrarse vulnerable está bien y es imprescindible para no ahogarnos dentro de nosotros mismos.

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