Las mujeres en la acción

Hoy paso el tiempo demoliendo tropos

Por décadas, el rol de la mujer en las películas de acción fue relegado a ser la damisela en apuros, sexualizadas y cosificadas, solo existiendo para ser el interés romántico del protagonista y no mucho más. Cómo Mad Max: Fury Road llegó y pateó el tablero.

Las “esposas” de Inmortan Joe. Fuente: Filmaffinity

Por: Anita Cattorini

No es nada raro que, en cuanto a consumo de series y películas, el género de acción sea asociado a los hombres, como si fuera algo que solo ellos pueden disfrutar. Porque los golpes, tiros, explosiones, sangre son cosas de macho pecho peludo, de verdaderos hombres, y a las mujeres solo les interesan las comedias románticas llenas de gestos de amor que rozan lo psicópata. Como siempre, parámetros y criterios absurdos sobre el género que hemos repetido como sociedad sin mucha explicación más que “porque sí”.

La industria del entretenimiento se ha ocupado sin problemas de reforzar estos estereotipos y clichés, creando productos que apuntan a un público conservador en cuanto a roles de género. Tal vez uno de los mayores exponentes de esto sea Michael Bay. El director estadounidense ha hecho una carrera con películas repletas de escenas de acción incomprensibles, protagonistas masculinos bien heterosexuales, llenos de testosterona, y tomas y más tomas de los atributos físicos de las distintas actrices, cuyos personajes tienen tanta tridimensionalidad como una hoja de papel. Solo están ahí para que sus cuerpos sean tratados como pedazos de carne.

Pero la cosa empeora cuando la historia tiene una protagonista femenina. Pareciera que las mujeres en acción, para ser el papel principal, solo valen si tienen un cuerpo escultural con un atuendo que resalte todas sus curvas (que en la realidad sería completamente incómodo para realizar cualquier actividad física). Saben patear culos pero que ni se les ocurra no verse atractivas mientras lo hacen. En pocas palabras, las mujeres importan y se les puede dar la misma atención que a los hombres siempre y cuando sean lo suficientemente hegemónicas. Cerebro, tal vez. Belleza, sí o sí.

La versión cinematográfica de Lara Croft en 2001 y en 2018.

En estos últimos años, sin embargo, hay indicios de que la marea estaría empezando a cambiar. En la más reciente adaptación cinematográfica del videojuego Tomb Raider, estrenada en 2018, la protagonista se viste y es retratada como lo sería una arqueóloga cualquiera; en Jumanji: Welcome to the jungle (2017), continuación de la Jumanji del ‘95, la apariencia del personaje de Karen Gillan dentro del juego es una burla al estereotipo de la figura femenina en los films de aventura. Si bien la hegemonía de cuerpos está presente en estas cintas, la forma en que la cámara las captura es distinta (sin tomas eternas enfocadas en las distintas partes de su cuerpos), ya no son tratadas como objetos, sino como personas. Y le podemos agradecer todo esto, en parte, a una película que fue de las primeras en mostrar que había otro camino.

Mad Max: Fury Road (2015) es la cuarta entrega de la saga Mad Max, creada (con un bajísimo presupuesto, cabe destacar) originalmente en 1979 por George Miller. En los tres films anteriores, seguimos a Max Rockatansky (papel que le dio fama a Mel Gibson), un policía que intenta sobrevivir en una Australia con escasez de agua y petróleo, crisis económica y caos social. Con cada película, la sociedad como la conocemos se derrumba un poco más, y Max camina la delgada línea entre la demencia y la cordura. Saliendo la última en el ‘85, parecía que Miller ya no tenía nada más para contar con el personaje de Max. Pero nunca está dicha la última palabra.

Siendo un reinicio del universo anterior, Fury Road es simple. El mundo se convirtió en un desierto después de un holocausto nuclear. El agua y la gasolina son recursos escasos y muy valiosos, y la decencia y moral humana casi desaparecieron con tal de lograr sobrevivir. En este quilombo de lugar está Max (ahora interpretado por Tom Hardy), que es atrapado por el ejército del tirano Inmortan Joe, los War Boys, y llevado a la ciudadela de éste. Ahí, Joe está por mandar un camión a buscar más gasolina, a cargo de la teniente Furiosa (interpretada por Charlize Theron). Pero Furiosa tiene otros planes, que incluyen huir de su reinado del terror, liberar a las cinco “esposas” de Joe y volver al hogar de donde fue arrebatada. Por las vueltas de la vida, Max se les va a unir en su viaje de supervivencia, redención y libertad.

Furiosa, la protagonista indiscutida del film. Fuente: Diario Vivo

Fury Road hace un montón de cosas bien. Las escenas de acción son una locura hermosa, hechas con muy poco CGI y mucho efectos prácticos (MILLER TENÍA 67 AÑOS CUANDO LAS FILMÓ), la banda sonora acompaña perfectamente las imágenes y ayuda a crear el clima necesario para cada escena, el guión tiene una estructura sencilla pero efectiva, todo cierra al final. No por nada, a pesar de ser relativamente nueva, es considerado uno de los mejores films de acción de todos los tiempos. Aún así, resalta principalmente por algo más: el trato hacia los personajes, especialmente los femeninos.

La película hace un pequeño engaño de arranque (mini spoiler a continuación). Max no es el protagonista. Su nombre en el título es solo una excusa para atraer más gente y ubicarnos en qué mundo sucede todo. Él es solo un personaje secundario (tiene su propio arco argumental, sí, pero el foco pasa por otro lado), que funciona como guía para el espectador. Acá la verdadera protagonista es Furiosa. La cinta le da voz para que cuente su lucha. Una lucha por recuperar la identidad y libertad que le robaron de niña, una lucha por ayudar a liberar a las esposas de Inmortan Joe, cansadas de ser objetos, y mostrarles que aún queda esperanza.

Uno de los mensajes principales de Fury Road: “Nosotras no somos objetos”

De esta forma, los personajes son retratados como iguales. Todos tienen el mismo valor y cada una de sus metas son válidas. Básicamente, se reivindica el rol de la mujer en este género cinematográfico, con una crítica directa a la cosificación y a la hiper masculinidad que tanto suelen abundar en este tipo de productos (hasta hay señoras de 60 años andando en moto y manejando escopetas como si nada).

Estamos pasando por una época de cambios culturales y sociales, analizando qué costumbres e ideas aún tienen motivo de existir y cuáles ya caducaron. El concepto marketinero de que la mujer, para empoderarse, necesita “tunearse” y embellecerse es uno que ya se tiene que jubilar. Nadie, especialmente las mujeres, tiene atado su valor a su físico y apariencia, valen ya de por sí por ser personas. Y Fury Road es un paso en esa dirección.

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