“Dios no hace acepción de personas”

“Dios no hace acepción de personas”

¿Es posible leer la Biblia en clave feminista? Dialogamos con Mariel Pons, pastora metodista y feminista, sobre perspectiva de género y religión. ¿Pueden convivir ambos mundos?

Por Dana Goin

A simple vista, feminismo y religión no parecieran ser temas que vayan de la mano. Culpa de la caza de brujas, de la “conquista” de América Latina o del hecho de que la Iglesia se ha opuesto a -básicamente- cualquier ampliación de derechos para minorías, no importa. La cuestión es que muchas veces se los piensa en veredas opuestas. 

¿Puede una persona religiosa ser feminista? ¿Puede convivir la Iglesia con el movimiento de mujeres y el colectivo LGBTQ+? ¿Hay otra lectura posible? 

“Cuando tenía 15 años, en un campamento de adolescentes de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina (IEMA), conocí a una pastora, Alieda Verhoeven. En ese entonces, yo estaba acostumbrada siempre a ver pastores varones, no mujeres”, recuerda Mariel Pons, como hecho que la marcó y la llevó a convertirse ella misma en pastora de la IEMA.

Alieda Verhoeven, pastora feminista y activista por os derechos humanos

Verhoeven, de hecho, fue una pastora de esa iglesia y activista por los derechos humanos. Holandesa de nacimiento, se radicó en Mendoza en 1963. Fue una de las fundadoras de los Encuentros (Pluri)Nacionales de Mujeres y del Comité por los Refugiados Chilenos durante la dictadura de Pinochet. 

Su lucha es coherente con la institución en la que se desenvolvió. La Iglesia Metodista, desde su llegada a Argentina en 1836, ha participado en diferentes causas sociales: desde el reclamo por un estado laico a fines de siglo XIX, como la denuncia de los crímenes de lesa humanidad en el último golpe de Estado cívico-militar de 1976.

En 2010, en el marco de la ley de matrimonio igualitario, esta institución dio libertad de acción a cada congregación para que decidiera si bendeciría uniones de este tipo o no. “Seguramente tenemos más preguntas que respuestas, pero decidimos acompañar”, afirmaba Frank de Nully Brown, el entonces obispo de la Iglesia.

Algo similar ocurrió durante el debate por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. En una de las audiencias previas a la votación, Américo Jara Reyes, actual obispo de la institución, declaró: “Nuestra mirada evangélica afirma que la vida toda es don de Dios y ello nos hace reticentes a apoyar el aborto. Pero también es cierto que respetamos el sentido sagrado de la  vida y el buen vivir de la mujer, para quien un embarazo inaceptable puede ser devastador”.

Comunicación de la IEMA sobre el aborto, en 1994.

“Pensar y dejar pensar” es uno de los lemas por los que se guía esta comunidad de fe. Dialogamos con Mariel Pons sobre las posibilidades de pensar la iglesia desde el feminismo (y el feminismo desde la iglesia).

¿Qué significa leer la Biblia desde una perspectiva feminista?

Laura Luque, en un artículo acerca de lo que el arte enseña sobre la desigualdad de género, cita a un autor que dice: “Los hombres miran a las mujeres, las mujeres se miran a sí mismas a través de cómo son miradas, y esto va a determinar no solo la mayoría de las relaciones entre hombres y mujeres, sino también la relación de las mujeres consigo mismas”. En este sentido yo me atrevo a modificar y decir que los hombres teologizan a las mujeres y las mujeres se teologizan a sí mismas a través de como son teologizadas. Esto determina no sólo la mayoría de sus relaciones, sino también la relación de las mujeres consigo mismas.

Cuando nos acercamos al texto bíblico, y cuando lo hacemos desde una perspectiva feminista, lo hacemos con la necesidad de descubrirnos en él y de mirar nuestras propias vidas, nuestras relaciones y nuestro trabajo. Y no a través de cómo los hombres han mirado y han teologizado, sino a través de nuestra propia mirada y a través de nuestra propia construcción de teología. Esto también abre un gran abanico, porque dentro de la categoría mujer hay infinidad de variables en tanto infinidad de mujeres que somos. No va a ser lo mismo la lectura feminista de una mujer blanca de clase media latinoamericana, que desde una mujer también latinoamericana pero perteneciente a un pueblo originario o al colectivo LGBT.

¿Qué hallazgos arroja esa lectura feminista de la Biblia?

La propuesta de la teología de la liberación abre todo un ámbito diferente para las mujeres. En este sentido, a nivel latinoamericano, aparece el nombre de la teóloga mexicana Elsa Thames. Ella va a establecer la lectura de la biblia a partir de la hermenéutica de la sospecha; es decir, de sospechar de por qué está escrito lo que está escrito en la Biblia, de por qué hay cosas que no están escritas y de por qué muchas veces leemos diferente a lo que está escrito. No tenemos que olvidarnos que el texto bíblico surge inspirado por Dios, pero al mismo tiempo fue plasmado por personas determinadas (se cree que quienes la escribieron eran varones, porque eran quienes tenían acceso a la escritura) y en un contexto y una cultura determinadas. 

Así y todo, en el texto bíblico podemos encontrar historias de mujeres que nos siguen inspirando aún hoy, porque se atrevieron a ir contra las leyes de su tiempo para vivenciar la justicia de Dios. De hecho, el movimiento que acompaña a Jesús está compuesto por mujeres. Al mismo tiempo, hay historias terribles de violencia contra ellas, que se mantienen vivas por la realidad que seguimos viviendo hoy.

Entonces, ¿por qué generalmente las mujeres ocupan el lugar que ocupan en la religión?

Como todo movimiento, a medida que se fue institucionalizando como Iglesia empieza a respetar los parámetros culturales de la época, un tiempo marcado por el patriarcado, y las historias de las mujeres se comienzan a invisibilizar.

La perspectiva de género nos abre la posibilidad de volver a visibilizar las historias de esas mujeres y su compromiso con la propuesta del nuevo reino manifestado en Jesús. Una teóloga española, Carmen Bernabé, dice sobre el nacimiento de la iglesia primitiva que se da en casas cuyas puertas eran abiertas por mujeres. Es decir que la iglesia inicia su movimiento desde la casa como la plataforma doméstica de la misión.

¿Hay lugar para el revisionismo dentro de la Iglesia?

La perspectiva feminista nos provee una mirada diferente hacia la historia, y nos obliga también a un revisionismo sobre el lugar que ocuparon las mujeres a lo largo de toda la historia de la iglesia.

Cuando las mujeres accedieron desde el conocimiento al texto bíblico, y a una interpretación alejada de la mirada masculina del mismo, fueron perseguidas, torturadas y violentadas. A lo largo de toda la historia de la iglesia se pueden identificar diferentes momentos y países en los que grupos de mujeres que se atrevieron a desafiar la cultura de su tiempo y a establecer un vínculo con el espacio sagrado, con la divinidad, sin estar mediado por la mirada masculinizante. Todos estos movimientos fueron combatidos desde el propio seno de la iglesia, que tiene que ver con un ejercicio del poder y con relaciones asimétricas del poder.

En ese sentido, la lectura bíblica es liberadora y contracultural, en tanto que rompe con los estereotipos.

¿Liberadora? ¿En qué sentido?

Vivimos en un mundo plagado de imágenes, incluso de Dios y de cómo debe ser Dios. Tiene que ver con las construcciones humanas que se hacen en relación a los espacios sagrados y la divinidad. Cuando nosotros intentamos conceptualizar en imágenes a la divinidad, ahí es cuando se producen los cierres, es cuando se producen los dogmas, el deber-ser con todo su peso. Entonces es cuando volvemos la mirada sin interferencias al texto sagrado, y ahí lo que descubrimos es que todos los límites humanos, todas aquellas cosas que nos separan, lo que establece una línea entre lo bueno y lo malo, entre lo que tiene que ser y el deber ser, se diluye. Esa es la propuesta de Jesús para quienes tratamos de vivir una vida de fe acorde a su propuesta.

¿Por qué?

Porque la propuesta de Jesús es la construcción de una comunidad de iguales, en la que se puedan vivenciar vínculos amorosos y sanos. Una comunidad que encuentra formas de resolver sus conflictos sin violencia, donde no deberían existir las desigualdades por ningún motivo: ni por género, ni por educación, ni por color de piel. Yo creo que la invitación de Jesús para formar una nueva comunidad es liberadora, porque nos redime de los límites que como humanidad nos imponemos. Como creación de Dios junto con la naturaleza todos y todas somos iguales.

De hecho, Dios no hace acepción de personas: cada vida tiene el mismo valor y con sus dones y sus capacidades está llamada a trascender los parámetros culturales. Dios en su creación ha creado diversidad de colores, diversidad de perfumes, diversidad de colores, diversidad de razas, de proyectos, y la sociedad lo que tiende en general es a uniformar. Por eso vuelvo a insistir: Dios nos ha creado para la libertad en igualdad. 

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