Siempre estuvimos acá

“No es una discriminación común y corriente, es un empujón hacia la no existencia”

Lourdes Albornoz es diaguita, trabajadora social y forma parte de la red Tejido de Profesionales Indígenas. ¿Cómo es el trato hacia los pueblos preexistentes? ¿Cuál es su relación y la de las comunidades con el racismo?

Lourdes Albornoz es perteneciente del pueblo diaguita de Tucumán.

Por: Sofía Moure

Su voz es suave y pausada, pero decidida. Lourdes Albornoz habla con la calma y la seguridad de quien no duda de sus palabras, de sus creencias, de sus saberes, de sus experiencias. No porque lo sepa todo, sino porque lo que sabe y cuenta nadie se lo puede negar: es su vida y es su historia en primera persona.

Lourdes pertenece al pueblo diaguita de Tucumán, actual territorio de Argentina. Porque allí no siempre estuvo Tucumán y no siempre fue Argentina; pero los diaguitas estuvieron en esas tierras incluso entonces. Lo siguen estando, aunque se los quiera invisibilizar tras las múltiples “victorias” de cruzadas y campañas de exterminio de los pueblos originarios.

Ella también es trabajadora social y militante en distintos colectivos que recuperan la identidad y las tradiciones de los indígenas. Uno de ellos es la red Tejido de Profesionales Indígenas. Y es desde allí que lucha y trabaja por construir un país menos racista y menos destructivo de su entorno. Porque la tierra estaba antes de que los colonizadores llegaran. Y los Pueblos Originarios, también.

¿Cómo surge la red Tejido de Profesionales Indígenas y con qué objetivo?

La red surge como una organización compuesta por hermanos y hermanas de distintos pueblos, con representación de nueves lenguas de las que todavía se hablan en nuestro país actualmente. Fue conformada por hermanos y hermanas que tenían la inquietud de generar un diálogo de saberes, tanto con el saber académico como con las políticas públicas. La idea es producir conocimiento, alternativas, propuestas y diálogos desde nuestros sentipensares como personas pertenecientes a pueblos preexistentes.

El trabajo es consensuado, trabajamos en equipos que no tienen roles fijos, sino que a medida que aparece una tarea o una necesidad, se la va resolviendo en las posibilidades que cada uno tiene. Los hermanos que conformamos el Tejido nos dedicamos a otras cosas de las cuales tenemos un sustento diario; tenemos familias, comunidades de las que formamos parte. Entonces, la tarea del Tejido es de profunda convicción y militancia, y también una tarea autogestiva.

¿Cuál es tu rol dentro del Tejido y cómo llegaste a él?

Llegué por invitación de una de las hermanas a la que conocí en la Cumbre del Agua que se realizó hace unos años en Catamarca, en la cual se exponía sobre la situación de las distintas comunidades en la lucha por el territorio. Es así que quedamos en contacto y luego surgió esta invitación de formar parte de la organización que es muy joven, tiene algunos años recién, pero de una manera autogestionada y horizontal viene dejando algunas huellas en lo que es el imaginario de lo que somos los pueblos indígenas hoy

Actualmente, estoy conformando un grupo de biodiversidad y territorio, en el que conversamos sobre cuáles serían los aportes que podemos hacer a las luchas territoriales y a la conservación de la biodiversidad en lo que ataña a todos los pueblos. 

La red Tejido de profesionales Indígenas tiene como objetivoel diálogo entre distintos tipos de saberes.

¿Cómo es el racismo en Argentina y por qué es tan difícil hablar de ello?

El racismo en Argentina es bastante complejo de analizar. Hay muchas personas y colectivos que hoy lo están asumiendo, pero también hay mucha invisibilidad

Argentina es un caso particular en cuanto al resto de los países de Abya Yala, de América, porque ha recibido mucha inmigración europea y eso ha sido fortalecido y sostenido por un modelo de país que se fundó en el genocidio de los pueblos originarios; que nació en la negación y prohibición de las personas que habitaban esta tierra. Es un modelo heredero de la corona española que luego ha ido cambiando de dueños mas no de formas. Y desde las primeras políticas públicas hasta las actuales, encontramos que cada vez que el Estado ha llegado a las comunidades ha sido para vaciarlas de sus epistemologías propias y suplantarlas por la educación pública -que tiene muchísimas rescatables, que se valoran, pero también ha tenido una profunda tarea normalizadora. Todo ello reflejado en una cosmovisión europeizante, del norte global,  que entendemos que se trata de una impostura. 

Las políticas públicas hoy son ventrílocuos, hablan con voces blancas y no reflejan los diagnósticos del país ni las realidades que se viven en los territorios. Por eso estamos fomentando como organización varias líneas de acción. Una de ellas, y la que consideramos la nodal, es que el próximo Censo Nacional de las Personas (que se tendría que realizar este año pero que quizás sea postergado por la pandemia) tenga en cuenta dos preguntas fundamentales: una, la pertenencia étnica, tanto en territorios urbanos como en rurales; y la otra es la pregunta por las lenguas, ya que es importante revitalizar las que aún quedan para no perder la memoria de quiénes somos.

¿Qué opinión tenés sobre el debate que se está dando nuevamente sobre el tema de la toma de tierras y/o del derecho a la tierra?

Creo que lo que se está generando no es un debate, sino una clara caída de caretas desde algunas personas inconscientes y livianamente políticas, donde están hablando de algo que realmente sienten y piensan: que los pueblos indígenas no existimos en Argentina. Eso evidencia el racismo que existe todavía en muchos funcionarios. Y no se trata de un debate sino se trata, primero, de una miseria expuesta; y segundo, de una manipulación de la opinión pública, que ya lejos de ser inocente y oculta, tiene un objetivo concreto evidente en los nombres de nuestros muertos, y en la impunidad de los responsables y los asesinos.

Hay una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en febrero de este año por el caso de la Asociación de Comunidades Indígenas Lhaka Honhat que intima al gobierno argentino a que regularice la situación de las tierras para las comunidades. No es un llamado a la voluntad sino una intimación, una condena internacional de la cual ni los medios, ni los funcionarios, ni las universidades, ni los organismos de derechos humanos se han hecho eco hasta el momento. Es preocupante.

Si miramos qué es lo que están haciendo algunos funcionarios, es lamentable, atrasan décadas de derechos ganados y reconocidos. Y al mismo tiempo, para el que sabe mirar, explica por qué hay una brecha tan grande entre las leyes consagradas y la práctica. 

La realidad a la que hoy asistimos es que los sujetos indígenas en Argentina hoy son sujetos prohibidos. Cada vez, muchos de los funcionarios y de las políticas públicas nos empujan a la invisibilidad, nos tratan de homogeneizar y de solapar las diferencias porque así se evita tener que reconocernos derechos. Catamarca está siendo foco del extractivismo, se está queriendo considerar que todo el pueblo de Andalgalá puede ser zona de sacrificio, puede ser sacrificable para que vivan las empresas. Y lo que nosotros decimos como pueblo es que ha llegado el momento de que las empresas se sacrifiquen para que los pueblos podamos vivir

Es lo que nos muestra al día de hoy esta realidad pandémica, crítica. No se trata de una crisis económica o de una crisis sanitaria: se trata de una crisis de sentidos, y en eso es donde nosotros aportamos estas miradas, estas lecturas, estas formas de entender el mundo, esta cosmovisión. Para entender que nosotros pertenecemos a la tierra, que la tierra tiene que estar ocupada, habitada y nutrida por quienes la trabajan, y que toda la cantidad de latifundios que existen en el país cuyos propietarios son extranjeros o personas que se han apropiado durante los genocidios, deben ser devueltas a sus verdaderos y legítimos habitantes.

El extractivismo es una de las formas en que los pueblos originarios son avasallados y asesinados.

¿Cómo se discrimina a gente de pueblos originarios en la actualidad? ¿Creés que es posible erradicar estas prácticas? ¿Cómo?

Hablar de discriminación a las personas originarias es un tema profundo y largo, pero la discriminación es solo la punta de un enorme iceberg. Discriminación implica una actitud individual en la cual una persona es expuesta de alguna manera a algún tipo de maltrato o de subestimación por su color de piel, por su forma de hablar o por lo que sabe o no. Lo que nosotros denunciamos no es la discriminación, que la puede sufrir cualquiera por cualquier motivo y que tiene una movilidad individual; sino el epistemicidio, el genocidio y el racismo estructural: las exclusiones fundantes de este Estado argentino

A las personas indígenas no nos basta  con aparecer de vez en cuando en alguna fecha patria o conmemoración, con que nos enaltezcan en algún museo o con que se recupere un nombre de todos aquellos que fueron masacrados. No nos basta con que haya becas para uno o dos de los miembros de comunidades, con que haya nombres en los que digan que la educación intercultural bilingüe se aplica. Lo que nosotros necesitamos es que se frene con el extractivismo y con el genocidio que hay hacia nuestros pueblos. Porque hablar en términos colectivos es lo que nos permite comprender por qué no lo podemos revertir todavía, después de tantos años, tantas leyes y tantas luchas. No es una discriminación común y corriente, es un empujón hacia la no existencia.

¿Cuál es la relación de los feminismos con las comunidades de mujeres indígenas? ¿Por qué?

Es una relación estrecha. El feminismo ha permitido y ha acompañado a que muchas hermanas puedan hablar y expresarse. Ha abierto muchos espacios en la opinión pública y en todos los campos de la vida social. 

Encontramos algunos puntos en los cuales nuestras luchas se acercan, y también otros puntos en los que pedimos siempre a las hermanas que no son indígenas que respeten, porque muchas veces sentimos que, en nombre de luchas que no son nuestras, se utilizan nuestros nombres y nuestros cuerpos como bandera. Nos hemos sentido algunas veces bastante ultrajadas por algunas consignas del feminismo, porque al ser un movimiento hecho por personas criadas en este país racista, también tiene mucho de actitudes y de construcciones racistas. 

Sin embargo, creemos que hay una deconstrucción posible, que la decolonización o la anti colonialidad tienen un lugar y son la próxima tarea de todos los movimientos que están en boga en este momento, de todas las personas conscientes que tienen la responsabilidad y la altura de vivir en un mundo nuevo. Decolonizar nuestros vínculos amorosos, políticos, laborales y de todo tipo es la tarea del presente.

Los feminismos también deben decolonizarse y deconstruirse.

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