Políticas

Políticas: mujeres contra toda barrera.

¿A qué se enfrentan las mujeres cuando “se meten” en la política? Luchas y principales debates de un sector dispuesto a todo.

Por Dana Goin

Cuando se habla de la historia de las mujeres en política es difícil seleccionar los hechos más importantes porque todos ellos son hitos. Ningún derecho fue adquirido con facilidad, ninguno fue un regalo. Nunca les fue fácil.

Lo cierto es que las mujeres que hacen política en nuestro país siempre molestaron. Antes, tenían que probar que poseían las capacidades necesarias para estar al frente de un cargo. De hecho, la condición de capacidad civil plena recién fue reconocida en 1968.

Hoy, las mujeres en la política se deben defender de los ataques misóginos que constantemente las cuestionan a ellas y a las habilidades con las que ganaron sus puestos. Un estudio realizado sobre mujeres que se desempeñan en el ámbito político por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, estableció que 8 de cada 10 de ellas han experimentado violencia política durante sus carreras.

Ejemplos de violencia política hacia Cristina Fernández de Kirchner en las tapas de la Revista Noticias

La misma agencia define a la violencia política como “cualquier acción, conducta u omisión, realizada de forma directa o a través de terceros que basada en su género, cause daño o sufrimiento a una o varias mujeres, y que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de sus derechos políticos”.

Además, el informe arroja que el 67% de las veces provino de alguien del mismo u otro espacio político, a la vez que un 71% de las participantes identificó la procedencia en las redes sociales. Otra investigación del mismo organismo sobre violencia política en redes sociales señaló que los ataques “tienen el objetivo de disciplinar al colectivo más amplio de mujeres y disidencias, mostrando que la política sigue siendo un espacio de varones, y por lo tanto patriarcal”.

Estos ataques online no distinguen partidos políticos ni edades, y se centran en varios aspectos: desde los rasgos físicos hasta las capacidades reales de las candidatas. Mediante amenazas y hostigamientos portan un mensaje claro: hacerles entender que molestan, que están en un lugar en el que no donde deberían estar.

Ofelia Fernández, la legisladora más joven de América Latina, denuncia en su Twitter el acoso que recibe a diario.

Nunca fue fácil: ni antes ni ahora. 

Julieta Lanteri fue la primera mujer en votar en Argentina y la primera candidata a diputada, en 1919, aprovechándose de una laguna legal. En ese entonces, para votar en elecciones nacionales había que tener libreta de enrolamiento y para ello hacer el servicio militar (que solo se permitía a varones). Pero la ley nada decía de ser candidata.

Julieta Lanteri presentandose a votar el 26 de noviembre de 1911. Fuente: Periodico Judicial

¿El resultado? La votaron 1700 personas. Entre sus propuestas incluía el reclamo por salario y voto igualitarios, remuneración por parte del estado a las madres (¿pionera en el reconocimiento del trabajo no remunerado?) y abolición de la prostitución y de la pena de muerte. Nadie puede argumentar que las mujeres no han tenido ideas brillantes o que no estaban capacitadas.

La vida social se ha dividido entre pública y privada, no es noticia. La pública, para ellos; la privada, para ellas. Y lo que pasa en casa, queda en casa (y en manos de ellas). Entrar en la esfera pública, gozar de plenos derechos civiles y poder tener una vida política fueron conquistas que se aceleraron a partir de la segunda mitad del siglo pasado.

Pero hay cosas que persisten el avance del tiempo. “Yo tengo que demostrar que llego por mis capacidades y ellos jamás tienen que hacerlo”, denunciaba Margarita Stolbizer en 2014, hablando de la Ley de Cupo y la cuestión del mérito. Señalaba también que antes de asistir a una reunión de trabajo, sigue teniendo que resolver qué se va a comer en la cena.

En 2007, tras la asunción de Cristina Fernández como primera presidenta electa de Argentina, fueron muchos los cuestionamientos. Que si era ella la que manejaba el país o si era su marido, el ex presidente, quien verdaderamente tomaba las decisiones. Que su físico o su maquillaje, que cuánto gasta en vestuario, que si le vino o está menopáusica.

De hecho, tras la muerte de Néstor Kirchner, esas preguntas persistieron: ¿qué iba a ser del país, ahora que lo dirigía una mujer? Violencia política es esto: mujeres con una larga carrera política, que sobrepasan toda barrera para llegar a donde están pero que constantemente reciben comentarios sobre su vestimenta, atractivo, dieta o forma de criar a sus hijos.

¿Y por qué hay menos mujeres en política?

El techo de cristal es real. En realidad, no se sabe si la cuestión es que hay menos mujeres interesadas en política o si, por el contrario, lo que hay es un montón de hombres en cargos importantes más fácilmente. Lo sintetizan bien en Economía Feminita: “Detrás de cada gran hombre hay un montón de grandes mujeres a las que no les dieron el cargo”.

Es una lucha constante: ahora existe un Ministerio de Mujeres, Equidad y Géneros, con el fin de erradicar la inequidad entre géneros. Pero de toda la cartera de ministros del actual gobierno, sólo el 22,7% son mujeres (o sea, cinco). Y hay Ministerios enteros –Obras Públicas, Transporte y Trabajo– cuyas cúpulas están desiertas de liderazgos femeninos. Se avanza un casillero y se retrocede tres. Así constantemente: un ámbito de trabas y barreras.

Cabe preguntarse si realmente no hay una sola mujer capacitada para ocupar esos espacios. Por supuesto que la respuesta podría ser que no, que no hay ninguna y que por eso, a conciencia, así se formó el gabinete. Pero, sarcasmo aparte, hay condiciones para afirmar que hay un sesgo machista en la conformación de esos espacios.

Por poner algunos otros ejemplos, el año pasado, de las 36 listas para el Senado, sólo 7 estaban encabezadas por mujeres (y sólo una de ellas entró). Teniendo en cuenta que como máximo entran 3 senadores por provincia, y que la Ley de Paridad establece lxs candidatxs van “uno y una”, el número de mujeres que potencialmente podían entrar con esas candidaturas es menor. 

En las últimas elecciones presidenciales, luego de las PASO quedaron únicamente candidatos hombres, con la excepción de tres candidatas a la Vicepresidencia. Esto es un fenómeno que viene sucediendo históricamente desde la vuelta a la democracia: de las 122 candidaturas al más alto mandato de poder, sólo 15 fueron de mujeres (que se concentran en 8 que han repetido sus postulaciones). Y todas se concentran desde el ’95 en adelante, porque ni en 1983 ni en 1989 hubo candidatas.

“Más Carlos que gobernadoras” decía una consigna el año pasado. Es que sí: en la historia argentina, hubo más gobernadores llamados Carlos que gobernadoras mujeres. Hoy en día se puede afirmar algo similar: hay más Gustavos (4) al frente de provincias que mujeres ejerciendo (2).

No se trata de cifras únicamente. ¿Qué ocurre cuando las decisiones importantes quedan a cargo exclusivamente de hombres? “En la Argentina, las legisladoras producen el 80% de los proyectos de ley relacionados con los derechos de las mujeres”, afirma María Page, Licenciada en Ciencia Política e integrante de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento). Durante casi un siglo, los hombres fueron los únicos encargados de hacer las leyes que rigieron el país. A partir de la incorporación de mujeres en los poderes del Estado, se comenzaron a ver otro tipo de políticas.

Molesta la mujer en la política, siempre molestó. Y de verdad no es una cuestión de números: con el cupo no alcanza (pero sin el cupo tampoco). Tener mujeres para cumplir con porcentajes no tiene sentido (también por eso el año pasado se pedía #FeministasEnLasListas). Se trata, quizás, de igualdad de condiciones en el aporte de perspectivas. ¿Hasta qué punto es una elección libre y democrática cuando las opciones son limitadas?

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