Fake o no fake, esa es la cuestión

fake o no fake, esa es la cuestión

En épocas donde la información puede inclinar la balanza entre la vida y la muerte, la comunicación científica toma un rol protagónico y primordial.

Comunicar ciencia se vuelve fundamental para distinguir entre noticias fieles y datos falsos o erróneos.

Por: Sofía Moure

La pandemia de coronavirus vino acompañada de otra tanto o más peligrosa debido a sus consecuencias: la infodemia. ¿Qué es esto? Es la sobreabundancia de información -generalmente, sin distinción de calidad, aunque en los últimos tiempos predomina la información falsa y/o errónea-; y la rapidez con la que se disemina. El mayor problema de esto es que lleva a la desinformación.

De repente, todos los espacios radiales y televisivos -algunos de los cuales concentran una gran cantidad de audiencia- convirtieron al Covid-19 en protagonista indiscutido de todos los sucesos del país y del mundo. Y el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), así como sus diversas variantes, fue el tema de editorial/opinión -con énfasis en opinión- de muchos periodistas.

Declaraciones sobre la inutilidad de la cuarentena; desestimaciones de las indicaciones de epidemiólogas y epidemiólogos; incitaciones a la desobediencia civil; preguntas en conferencia de prensa sobre la angustia; y hasta consumo -y promoción al consumo- de productos industriales dañinos a la salud como si fueran medicinales. Estos últimos meses, se ha visto de todo un poco en los medios de comunicación. Ciertamente, no fue la época dorada del “periodismo serio”. Más bien, todo lo contrario.

Y no sólo eso, sino que también, se le dio lugar a todo tipo de discursos descabellados y poco probables -aunque cada vez con más adhesión, lo que es preocupante-: que la culpa es del 5G; que es una conspiración china, o de Bill Gates, o de Jeff Bezos; que la vacuna tiene un microchip y está hecha con bebé abortados; que la pandemia no existe. Y tantos otros delirios. Porque, ¿de qué otra manera podríamos llamarlos?

Es en este escenario que la importancia de la comunicación científica -de la mano de científicos de diversas áreas y de periodistas especializados en ciencia- se ubica en un primerísimo primer plano. El trabajo de estas personas es fundamental a la hora de combatir la desinformación de manera segura y responsable. “Hay ocasiones en que la información puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte”, sostiene Nora Bär, periodista científica de gran renombre. El contexto actual es, sin lugar a dudas, uno de esos momentos.

Video mensaje publicado por la Red Argentina de Periodismo Científico.

Comunicar ciencia

Nicolás Olszeviki dedica su tiempo a la divulgación científica.

“La comunicación sobre ciencia es fundamental porque es la mejor manera que tenemos de entender la realidad, opina Nicolás Olszevicki, divulgador científico y co-autor del libro Historia de las ideas científicas. “Y, como se mostró en tiempos pandémicos, cuanto mejor sea la información con la que contamos, mejores decisiones podemos tomar, agrega. Esto, ciertamente, se ha visto desde un principio en las acciones del gobierno nacional, que cuenta con un equipo de especialistas en modo de asesoramiento.

En la misma línea que Olszevicki, Ayelén Milillo, bioquímica e investigadora del CONICET, sostiene que “la comunicación científica es fundamental para que la sociedad sepa cómo actuar ante esta pandemia, confíe en las recomendaciones oficiales y sienta que la ciencia no nació para estar lejos de la gente”. Y, como explica, “eso se logra ‘humanizando’ la ciencia con más comunicación pública”

Ciencia Antin Fake News es un proyecto que busca derribar con ciencia la información falsa.

Por eso, junto a trece científicas y científicos y de manera colectiva, organizada y autogestiva, lleva a cabo el proyecto Ciencia Anti Fake News. “Desde que arrancó la pandemia, comenzamos a observar una lluvia de información errónea, tergiversada y noticias falsas que les llegaban a nuestros familiares y conocidos”, cuenta la investigadora. Por eso trabajan “intensamente y de manera voluntaria para acercarle a la gente a sus casas una respuesta concreta, basada en evidencias científicas, y herramientas para que personas de todas las edades puedan discriminar entre la información y la desinformación: no en nuestra verdad, sino en la de los resultados publicados y la de información de organismos oficiales, nacionales e internacionales, mediante una vía de comunicación oficial.”

Milillo tiene esperanzas de que, como resultado de esta experiencia inédita para el mundo actual, seamos sociedades más y mejor informadas. De hecho, para ello trabaja junto a sus colegas en Ciencia Anti Fake News. “Hay mucha gente que necesitaba información oficial para evacuar dudas: día a día nos consultan por las redes sociales, también dejan consultas en la plataforma y nos agradecen el trabajo que estamos haciendo”, cuenta. “Los resultados son muy buenos, teniendo en cuenta que ya desmentimos más de 120 noticias desinformantes, y que llegamos a más de 13 mil personas en nuestras redes, hasta el momento”, aunque agrega que “aún falta mucho camino por recorrer, porque la infodemia es un mal que ha llegado para quedarse”. Olszevicki, por su parte, no es tan optimista al respecto: “No creo que vayamos a ser una sociedad mejor ni más informada después del coronavirus”, expresa. ¿El por qué? “El coronavirus reveló lo difundida y diseminada que está la mala información, y en la medida en que no haya una reforma estructural de los medios de comunicación, ese va a seguir siendo un problema.”

Si la tele lo dice…

Si bien los medios de comunicación, sobre todo aquellos espacios que se denominan como de tipo informativo, deberían -mínima y justamente- informar, lo cierto es que los últimos meses se ha visto poco y nada de ello. Más bien lo contrario. Pero lo peor, es que tampoco se ha visto un interés importante en hacer responsable a las personas que difunden informaciones falsas o tergiversadas. ¿Hasta dónde puede llegar la libertad de expresión? ¿Tiene un límite? O, en todo caso, en nombre de esa misma libertad de expresión, ¿las y los periodistas deberían aceptar la responsabilidad que deviene de sus dichos -o de las consecuencias de los mismos?

Viviana Canosa consumió dióxido de cloro al aire y fomentó su utilización.

No se puede decir cualquier cosa cuando uno está en un medio de comunicación, hay responsabilidades sociales y legales, y debería haber algún tipo de acción a respecto”, sostiene Nicolás Olszevicki. 

Sobre todo porque, como dice Milillo, es un trabajo arduo desmentir a figuras de poder. ¿Cómo decirle a alguien que algo no está bien o no es correcto si acaba de verlo en vivo y en directo por la tele? Por eso, “es muy importante enseñar que la ciencia no es un quién ni un qué”, insiste la bioquímica: “El hecho de que una figura pública desinforme sobre la salud pública con o sin intencionalidad puede causar un daño muy grave en la población que la sigue; y la desmitificación de la desinformación llega mucho más tarde, lamentablemente, cuando quizás el daño ya esté hecho.” 

Es así que ocurren hechos trágicos como la muerte de un niño de 5 años en Plottier, Neuquén, a partir de que sus padres le hicieran beber dióxido de cloro… luego de ver a varias figuras públicas beber esta sustancia o recomendarla. O que cientos de personas rompen el aislamiento -y algunas mueren luego de contagiarse en manifestaciones “anti cuarentena”– porque “la pandemia no existe” o “el virus no es tan grave como dicen”.

Es por esto que la información puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. “Es importante no sólo explicar qué noticias son ‘falsas’ o tergiversadas sino brindar herramientas para que las personas sepan cómo darse cuenta de ello y busquen modos de frenar la cadena de transmisión”, explica Milillo como una de las acciones que se deben llevar a cabo frente a la infodemia. “Antes de creer en quién, es fundamental entender si esa persona se fundamenta en evidencias científicas que sustenten sus dichos”, agrega como clave para aceptar ciertos discursos.

El periodista Lautaro Maislin le preguntó a Florencia Cahn, médica infectóloga, sobre varias ideas que circulan en la sociedad sobre el coronavirus y el aislamiento.

Redes de ¿información?

Las redes sociales son un medio de comunicación e información desde hace rato. Muchos de los temas en agenda transcurren en las diversas plataformas. Y en pandemia, esto no fue una excepción.

Para Olszevicki, esto “en un punto es bueno, ya que la gente tiene mayor posibilidad de elegir qué consumir”. Además, las redes dieron y dan lugar a diversos proyectos de difusión de información científica fehaciente: Ciencia Anti Fake News, #InfoDeLaBuena, la Red Argentina de Periodismo Científico, Coronavirus datAr, Confiar, entre tantos otros proyectos. El mismo Olszevicki -así como otros periodistas y comunicadores científicos- utiliza las redes para comunicar ciencia.

Ayelén Milillo es bioquímica, investigadora del CONICET y docente.

Sin embargo, también tienen su lado negativo “porque las redes sociales refuerzan mucho los prejuicios de la gente y le muestran siempre lo que la gente quiere ver”, dice el divulgador. Y Ayelén Milillo coincide: “Las redes sociales son un arma de doble filo, nos acercan tanto a la información como a la desinformación.” 

“Hoy mediante las redes alimentamos el sesgo de pertenencia, donde asumimos que la gente como ‘uno’ comparte nuestra visión y si no la comparte, lo más probable es que no sea como ‘uno’ y por eso sea mejor no escucharlo”, explica la investigadora. Hay que tener cuidado con esto, porque nadie está libre de la selección tribal: según nuestra estadística, más del 50% aproximadamente de las fake news circulan por redes sociales, agrega. 

Pero no por eso hay que darle la espalda a las posibilidades de información que suponen las plataformas de este tipo. “Nosotros también hacemos uso de las redes sociales, sólo que hay que aprender cómo usarlas, dice Milillo: “La verdad es que las personas nos consultan mucho por redes y no hay que dejarlas de lado.”

Si algo demostró la pandemia es que, como sociedad, no estábamos preparados en lo absoluto en muchos -quizás demasiados- sentidos. Son varias las cuestiones que desconocemos respecto del virus. Pero si algo puede ayudar en ello, es la ciencia. Y ese es otro punto que quedó demostrado.

Sin embargo, si la ciencia no es comunicada, si la evidencia y los datos científicos no llegan más y mejor a las personas que las teorías conspirativas y las corrientes de pensamiento medievales, difícilmente pueda haber un cambio real, un aprendizaje de todo esto. Es por ello que las y los comunicadores, divulgadores y periodistas científicos son tan importantes: porque ellas y ellos comunican ciencia.

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