EE.UU: siguiendo al conejo a la madriguera

ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS

Las elecciones en EE.UU se van a acercando. Ya se celebraron las dos convenciones de los partidos que competirán en noviembre. A medida que pasan los días se ve que hay dos países luchando por mantenerse en el poder.

Donald Trump. Doug Mills/The New York Times

Por: Carolina Flechas

Llegó septiembre y con el nuevo mes, también llega más información en el torrente ininterrumpido que es Estados Unidos. Todos los días hay nueva información: un congreso aquí, primarias allá y en el el marco de todo esto, una gran cantidad de protestas en varias ciudades del país que muy seguramente van a marcar el resultado de las elecciones.

En Plotuist hemos seguido de cerca los reveses de la contienda, y hemos venido escribiendo algunos de los elementos más importantes. A la fecha tenemos algunos puntos clave como la celebración de las dos convenciones — Demócrata y Republicana — en donde, en una serie de noches llenas de discursos y de políticos carismáticos, se elige formalmente al candidato del partido.

Biden y Trump aceptaron formalmente sus candidaturas. Ambos miraron a sus electores a los ojos. Ambos afirmaron que se necesita un cambio que el otro partido (candidato) no puede darles. Ambos le hablaron a un país diferente.

Las elecciones de este año han demostrado una idea que varios historiadores y analistas plantearon hace tiempo: la de que en EE.UU hay una profunda grieta, una suerte de guerra civil cultural y política, que hace que los dos bandos se vean como enemigos naturales  para su estatus y estilo de vida. Hay una ruptura tan profunda que ninguno de los partidos puede o quiere ceder, y esto hace que sea virtualmente imposible convencer a votantes del otro partido, por lo que el futuro del país queda en manos de los indecisos. Y las encuestas quedan obsoletas en este punto.

En el famoso newsletter The Ink, el periodista Anand Giridharadas plantea un punto muy interesante. Menciona que después de mirar los seis días de las dos Convenciones queda muy claro que “cada uno de los partidos ve al otro como una amenaza existencial, como un obstáculo para la verdad, la libertad y la rectitud”. Así mismo retoma la idea de que cada uno se afirma retóricamente como el partido que sigue los principios rectores sobre los que se fundó el país, allá en el siglo XVI.

Esta idea puede ser sumamente poderosa y útil para la comunicación de cada uno de los bandos, ya que así como el país está dividido en estos pares binarios, también lo están la mayoría de los medios de comunicación masivos. Cada uno de estos se ha configurado como un mundo propio, que no ve y no oye nada de lo que pasa al otro lado, y de esta manera solo transmite la información que su audiencia espera recibir. Esto deriva en el temido “efecto burbuja” que implica un cerramiento y una imposibilidad de predecir y ver que pasa al otro lado de la vereda.

Fenómenos como el Brexit, la primera elección de Trump o Bolsonaro pueden ser explicados por el “efecto burbuja”. Las encuestas y los medios solo captan una parte de la realidad, y precisamente ahí, en el punto ciego, es que los resultados pueden cambiar radicalmente.

The Biden campaign rebuked President Trump over revelations that he knowingly played down the severity of the coronavirus.
Joe Biden.Amr Alfiky/The New York Times

Las encuestas de este año muestran que Joe Biden tiene un 70% de posibilidades de ganar. Sin embargo, la ventaja abrumadora que muestran los números está lejos de plasmar la realidad electoral. Muchos de estos sondeos miran la realidad con gafas partidistas y no muestran a esos votantes no registrados, los indecisos o aquellos que temen decir en voz alta sus preferencias — Noelle Neumann nombra a este fenómeno “la espiral del silencio”, y muestra que la opinión pública es el cemento de la sociedad, por lo que cualquier discurso que este fuera de la norma es silenciado —; y solo las muestran cuando llega el momento de depositar el sobre sellado.

Este año hay un factor que podría mover la balanza. Los levantamientos populares en diferentes regiones del país que reclaman por la muy lejana justicia racial. La última noticia fue el asesinato de Jacob Blake que se suma al reclamo de #Blacklivesmatter que viene sonando con fuerza este año. Cientos de activistas y organizaciones se han sumado a las demandas que ciertamente hacen parte de la agenda electoral.

Llegados a este punto hay que mencionar dos elementos importantes que menciona el periodista David Frum en The Atlantic. En primer lugar, Donald Trump ha mostrado poco interés por los eventos de violencia racial y las pocas veces que ha hablado sobre el tema siempre mostró una postura a favor de la policía y del endurecimiento de los protocolos de seguridad. Esto no afecta la imagen del Presidente ante su electorado. Al contrario, cumple con las expectativas y demandas de muchos estadounidenses.

En segundo lugar, a pesar de que Joe Biden representa al partido demócrata, históricamente más progresivo, muchos sectores radicales afirman que éste encarna al establishment. Biden sigue siendo un hombre blanco y privilegiado, que no ha tenido que enfrentar muchos de los problemas por los que el país se levanta en este momento. Sin embargo, Kamala Harris (su vicepresidenta) fue seleccionada con la intención de dar una voz y representación a esas minorías étnicas — por  su descendencia India y negra—, lo que le da puntos electorales al candidato.

A medida que se acerca noviembre las campañas se van intensificando. Muchos militantes se ponen más agresivos y la retórica, ciertamente, ataca con más fuerza al contrincante. En un artículo de The Atlantic se menciona que Donald Trump se ve a sí mismo como el elegido para salvar al país. Su discurso, “sin pelos en la lengua”, es una de las cualidades que sus seguidores más admiran.

El presidente Trump entendió que la lucha está en el terreno de la comunicación. Mediante discursos directos, sin filtro — lo que ha causado problemas diplomáticos — se acerca a sus electores. Dice lo que la gente quiere escuchar, hace promesas (recordemos la famosa afirmación de “vamos a construir el muro”) que muchas veces no puede cumplir y ataca ferozmente a sus contrincantes, poniendo sobrenombres ofensivos como “crooked Hillary”, “Crazy Joe” o “Old Bernie” y atacando cualquier debilidad que estos puedan tener.

Estados Unidos definirá su destino en pocos meses. Giridharadas mencionó que el futuro del país pende de un hilo. Los resultados pueden sorprender ya que el poder discursivo de Trump puede llegar más lejos de lo que las encuestas logran ver. Los votantes rojos y los azules, con ideales diferentes, están lejos de encontrarse en un punto medio, y mientras tanto el país se aleja cada vez más del ideal de unión que Washington escribió en la constitución.

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