El álbum conceptual

Narrativas musicales

¿Qué pasa cuando un artista decide contar una historia que no solo abarca una canción, sino que atraviesa todo el disco? ¿O cuando todas las canciones tocan una misma temática? Estamos frente a un álbum conceptual.

Fragmento animado de la película The Wall. Fuente: Objects In Film

Por: Anita Cattorini

El arte y la acción de contar un relato en particular fueron hechos el uno para el otro. En el 90% de los casos,quien está detrás de una pintura, una obra teatral, un libro, una película, una serie, etc., la creó con el propósito de aprovechar los recursos expresivos que cada medio posee y narrar una historia en especial. Los temas musicales son una gran herramienta para cumplir este objetivo, ya que su estructura permite que funcionen como un breve cuento. Pero si el artista es más ambicioso y quiere expandir esa narración, tiene en sus manos un disco conceptual.

¿Qué es un disco conceptual? En pocas palabras, es un álbum que, en la suma de sus partes, contiene un significado integral. Esto se logra a través de una narrativa o temática central que puede ser instrumental o lírica. De esta forma, puede darse que un disco, desde su primer tema al último, cuente una historia o que las canciones que lo componen profundicen sobre un determinado concepto o idea.

Tapa de In the Wee Small Hours. Fuente: Wikipedia

Popularizado en la década del ‘50 por Frank Sinatra y In the Wee Small Hours, un álbum donde cada tema representaba un personaje distinto reflexionando sobre la soledad y relaciones fallidas, el formato se volvió característico del rock. Ya para los ‘60/’70, subgéneros como el rock progresivo y la ópera rock habían nacido gracias al disco conceptual, al punto que ya era un chiste recurrente que si formabas una banda de alguno de esos géneros era obligatorio que hicieras un álbum de ese estilo.

¿Qué es lo que tiene este formato que lo volvió tan popular que hasta permitió la creación de nuevos subgéneros? Básicamente, que posibilita la mezcla de los lenguajes de otros medios, ampliando los límites creativos que originalmente son más restrictivos. Se pueden tomar elementos del teatro y crear un producto que no es nada menos que una obra, como el caso de Green Day y su disco American Idiot, que luego fue adaptado a musical de Broadway. O se pueden pedir prestados elementos del cine, como fue el caso de Kendrick Lamar, que directamente definió a su segundo álbum de 2012, Good Kid, M.A.A.D City, como un corto cinematográfico, ya que narraba su infancia/adolescencia viviendo en el barrio de Compton, e incluía diálogos y sonidos no convencionales.

Si bien el formato fue asociado con el rock durante gran parte de su existencia, con el tiempo se destacaron muchos discos de los más diversos artistas, demostrando que cualquier género funciona a la perfección si el fin es explotar la creatividad. Sin más preámbulos, algunos ejemplos de álbumes conceptuales que sacaron pleno provecho del formato para expresar lo que sus artistas sentían.

The Wall

Tapa de The Wall. Fuente: Hipersónica

La madre de todos los discos conceptuales. Es un poco un cliché hablar de The Wall (1979) de Pink Floyd, pero es imposible no hacerlo teniendo en cuenta lo excelente que es. Craneado en su totalidad por Roger Waters, el bajista del grupo, esta ópera rock sigue al desgastado rockero Pink, un especie de alter ego creado por Waters para manifestar sus miedos acerca de lo que podía convertirse por culpa de la fama y el traicionero mundo del entretenimiento. Cada aspecto que marcó la vida de Pink, la falta de su padre fallecido en la guerra (“Another brick in the wall part. 1), su madre sobreprotectora y controladora (“Mother”), un sistema educativo represivo (“Another brick in the wall part. 2”), un matrimonio fallido (“Empty spaces”), son “ladrillos” que él va amontonando en su mente hasta alienarse del mundo.

La historia sobre el abandono, el aislamiento y la necesidad de contacto humano estaba tan bien contada que en 1982 se tomaron las 26 canciones, con casi ninguna modificación, y se las convirtió en una película musical. La cinta es el caso de una adaptación que sale bien y no le falta el respeto a la original, con muy poco diálogo e imágenes y animaciones que enriquecen los conceptos abarcados por la música, siendo al día de hoy icónicas.

Melodrama

Tapa de Melodrama. Fuente: Bandalismo

No debe haber temática más universal que experimentar enamorarse por primera vez. Tarde o temprano todos pasamos por eso. Y si te sucede durante la adolescencia la cosa toma proporciones colosales, ya que cada emoción está potenciada por diez. Lorde lo sabe. Cuando tenía 18 también le rompieron el corazón por primera vez. Aprovechando el nuevo mundo de sentimientos que conoció a partir de la ruptura, la neozelandesa creó su segundo álbum, titulado muy acertadamente Melodrama (2017), alrededor de las vivencias que le trajeron el fin de la relación y la transición de adolescente a la vida más adulta.

Usando la metáfora de una fiesta, Lorde compara la emoción de y lo bien que se siente conocer a alguien nuevo con el momento pico de la fiesta, la música sonando bien fuerte y todos bailando (“Sober”, “Homemade dynamite”). Una vez que la gente se empieza a ir y quedan los vasos rotos en el piso por limpiar, es imposible seguir ignorando los problemas que tiene la relación (“Hard feelings/Loveless”, “Sober II (Melodrama)”). Si hay una forma más millenial de hacer catarsis por una ruptura amorosa, no quiero saberlo.

The Black Parade

Tapa de The Black Parade. Fuente: Cinemelodic

Tal vez una de las preguntas que más nos hacemos en vida es ¿qué pasa después de la muerte? ¿Qué pasa con nuestros seres queridos una vez que no estamos? ¿Alguien nos recuerda a nosotros o nuestro legado? Estas dudas existenciales fueron el punto de partida que tomaría My Chemical Romance a la hora de producir su obra cumbre, explotada de teatralidad, The Black Parade (2006).

Tomando inspiración de Queen y The Wall de Pink Floyd, nuestro protagonista es “El paciente”, a quien le diagnostican cáncer y que solo le quedan dos semanas de vida (“Dead!”). Lo que le sigue a eso es temor de que lo olviden una vez muerto (“This is how I disappear”), recibir a la banda marchante The Black Parade que lo vienen a llevar (“Welcome to The Black Parade”), reflexionar sobre su vida pasada estando en el más allá (“Cancer” y “Teenagers”) para finalmente estar en paz consigo mismo (“Famous last words”). Aunque salió hace casi 15 años, el álbum sigue resonando con nuevos oyentes gracias a su trato de una temática tan atemporal como lo es nuestra propia mortalidad.

El Mal Querer

Tapa de El Mal Querer. Fuente: El quinto beatle

Tal vez nadie, en reciente memoria, haya pateado las puertas y dicho “Acá estoy yo” como Rosalía. La joven española publicó su segundo disco, El Mal Querer (2018), y fue imposible escapar de ella. Y con razón: es un trabajo que fusiona el flamenco con elementos del pop y el trap sin que suene forzado, mientras que cuenta la historia de una mujer literalmente atrapada en una relación abusiva, un tema que es más relevante que nunca.

Basada en una novela occitana del siglo XIII llamada Flamenca, cada una de las 11 canciones de El Mal Querer es un capítulo distinto en la vida de la pareja de la que la mujer protagonista forma parte. Desde sentir que algo no anda bien en la relación (“Malamente”), pasando por los celos enfermizos de su novio y el encierro contra su voluntad (“Pienso en tu mirá” y “De aquí no sales”) hasta poder salir de esa situación triunfante (“A ningún hombre”), el álbum es un viaje que emociona y eriza la piel. Nada mal teniendo en cuenta que fue la tesis de Rosalía para tener su Título Superior de Flamenco.

Cada canción es un mundo, y si bien pueden funcionar perfectamente por sí solas (un presente repleto de sencillos sueltos puede respaldar esto), nunca viene mal tomarse el tiempo para escuchar la historia completa, tal y como fue pensada.

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