Infancias libres, infancias protagonistas

Infancias libres, infancias protagonistas.

Hace al menos tres décadas que los niños y las niñas son considerados sujetos de derecho. Pero, ¿hasta qué punto escuchamos sus voces? ¿Cómo influyen los roles de género en la infancia? Plotuist dialogó con Santiago Morales, educador popular y sociólogo, y con Lissandro Cottone Olmedo y Zulma Olmedo de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans de la FALGBT para entenderlo.

No existe una única forma de vivir la infancia. Foto: Agencia Presentes.

Por Dana Goin

La Convención de los Derechos del Niño de la ONU, en 1989, inauguró un periodo en el que los niños y las niñas pasan a ser considerados “sujetos de derechos”. En Argentina, este cambio de paradigma se vivió a partir de la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, sancionada en 2005, que prioriza ante todo el interés superior del niño.

Hoy se considera que hay “infancias” en plural, en una diversidad de contextos, de familias y de niñes. Sin embargo, en palabras de Analía Jofre, especialista en niñez y género y profesora del Instituto de Formación Docente de Bariloche: “Aún cuando la ciencia avanzó y dio cuenta de la especificidad del pensamiento infantil, tenemos una mirada adultocéntrica: se espera de les niñes desde la perspectiva del adulto. Se espera que se ‘porten bien’, que se queden quietos, por ejemplo, sin atender que les niñes necesitan moverse”.

El adultocentrismo es un sistema que se basa en relaciones asimétricas de poder entre diferentes grupos etarios. “Es una organización estructural del modo en que se dan los vínculos intergeneracionales, en el sentido en que es el mundo adulto el que habilita o clausura acceso a bienes de todo tipo (simbólicos, materiales, sociales, culturales)”, explica Santiago Morales, sociólogo y educador popular. Así, es el criterio adulto el que prima ante todo: son ellos los que saben lo que es bueno, lo que es justo y lo que es válido.

Ilustración por el día del niño, de Ro Ferrer.

En este sentido, el investigador señala que la construcción de la identidad en la infancia está atravesada por este sistema de opresión, al que se le suma el patriarcado. “Si el patriarcado organiza los estereotipos de género, el adultocentrismo los impone de una forma terminante a través de una relación desigual de poder que se establece entre el adulto o adulta y el niño o niña”, aclara Morales.

Estos criterios se imponen desde edades tempranas, incluso desde la gestación de esos niños o niñas. Sin ir más lejos, uno de los primeros impulsos frente a un embarazo es preguntar a futuros padres de qué género será el bebé. Así, desde la ropa para recién nacido, pasando por los juguetes, las habitaciones, los chupetes; todo el universo material del niño o niña se pinta de rosa para ellas y de celeste para ellos. Igualmente, va mucho más allá de los colores: las familias generan un universo de expectativas sobre cómo será ese niño o niña y esa imaginación -con intención o no- se transmitirá hacia esos niños y niñas.

En el pasado, ante la llegada de un hijo, no solo se asumía el género y se imponían roles acordes a él, también se pensaba una profesión que ejercería e incluso, hasta con quién se casaría. Hoy existe un avance claro y cada vez más se apunta a la utilización de colores y juguetes neutros o “sin género” para construir infancias libres de prejuicios e imposiciones limitantes. Sin embargo, no hay más que recordar la publicidad de Carrefour del año pasado para el día del niño –en donde ellos eran “campeones” y ellas “cocineras”– para entender que la distinción sexo-genérica, y la imposición de roles y estándares para cada género, está lejos de haberse erradicado.

Publicidad de Carrefour para el día del Niño del 2019. Fuente: Página 12.


¿Y las infancias trans?

“Desde una mirada adultocentrista, muchos piensan que es una etapa que se les va a pasar y no se les toma en serio“, explica Lissandro Cottone Olmedo, a cargo de la Secretaría de Infancias y Adolescencias Trans de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT). Cuenta que él, un varón trans de 23 años, recién pudo vivir su identidad a finales de la secundaria. Durante su infancia y pre-adolescencia, notó que el género por el que era percibido ante otres no se correspondía con su verdadera identidad. “Las infancias y adolescencias trans estamos queriendo ser nosotres mismes, mientras nos encontramos con barreras culturales y sexistas que nos dicen ‘vos no podés ir por este camino“, recuerda. Eso hizo que, por muchos años, se cuestionara a sí mismo: “Te empezás a autoestigmatizar por no encajar en los estándares sociales, ya en la infancia”.

¿Qué pasa con las infancias trans?

Según Santiago Morales, el impacto de estos roles de género en la infancia son decisivos: “el punto de partida de ese niño o niña va a ser la percepción que su familia más cercana tiene de él o de ella”. ¿Qué pasa con las infancias trans? ¿Cómo viven su identidad si desde antes de nacer ya existe todo un mundo pre-pensado para elles? “Si nació con pene, pero se siente nena, va a tener que luchar contra toda la idea y el deseo de la familia en la que nació”, señala Morales. En ese sentido, para Santiago Morales es fundamental la Educación Sexual Integral (ESI), ya que plantea que “las niñas y los niños en nivel inicial tienen que hablar de sexualidad, para poder problematizar lo que les genera placer de lo que no les genera placer”.

Es conocida en el país la historia de Luana, “la niña que eligió su propio nombre”. Antes de cumplir dos años, y apenas pudo hacer uso del lenguaje, le expresó a su mamá: “Yo nena, yo princesa”. Es un caso pionero porque fue la primera niña en el mundo en obtener un DNI que reflejara su identidad. Argentina, en ese aspecto, es un país con una Ley de Identidad de Género pionera y avanzada, ya que establece que toda persona tiene derecho a ser tratada de acuerdo a su identidad de género autopercibida, “como cada persona la siente” y “ante su solo requerimiento”.

Sin embargo, hay una deuda particular con las infancias y adolescencias trans. Para Lissandro, hace falta aún recordar que las personas trans no son solamente adultas. “Se empiezan a expresar en la infancia y adolescencia y la gente no las entiende ni las escucha, afirma.

Según un informe realizado por el Programa de Género y Diversidad Sexual del Ministerio Público de la Defensa de CABA y el Bachillerato Popular Trans Mocha Celis, el 65% de las mujeres trans autoperciben que su género es distinto al asumido por la sociedad antes de los 13 años y un 26,5% lo hace durante la adolescencia. “El 73,3% de quienes asumieron socialmente su identidad a los 18 años o antes indicaron vivir solas también a los 18 años o antes. El tiempo de permanencia en el hogar de origen está directamente vinculado al momento en que asumen socialmente su identidad de género”, señala el informe. Los números son similares para los varones trans.

La expulsión del hogar es lo que desencadena una vulneración de derechos masiva: no tenes hogar, tenés que abandonar la escuela, tenes que empezar a trabajar, con tu seguridad en riesgo”, explica Lissandro, mientras compara las posibilidades que tuvo él frente a las de otras personas de la comunidad, gracias a la contención de su familia y entorno. Actualmente cursa una carrera universitaria, cuando hay otras personas trans que lo duplican en edad recién están terminando la primaria, según explica.

“Acompañar a infancias y adolescencias trans evita que esas personas sean expulsadas de sus hogares, forzadas a huir para poder vivir su identidad“. Foto: Clarín.

Lissandro opina que, para que haya una niñez libre, se necesita que el Estado se involucre: “Acompañar a infancias y adolescencias trans evita que esas personas sean expulsadas de sus hogares, forzadas a huir para poder vivir su identidad. Estás cambiando una realidad”. Zulma Olmedo, su mamá, agrega: Es necesario para que se termine esta discriminación. No puede ser que la expectativa de vida de las personas trans sea de 35 a 40 años. Yo no quiero vivir eso”.

Ella también es parte de la Secretaría. Allí, reciben a familias y niñes trans que llegan con inquietudes y les dan un acompañamiento cercano. “Tenemos a un equipo de psicólogues que hacen una orientación psicológica, en caso de que lo necesiten, durante el proceso de transición social de empezar a vivir la identidad”, explica Zulma. “Lo hacemos para que las familias puedan asumir y respetar la identidad autopercibida de sus hijes. Necesitan contención en el proceso de deconstruir las cosas que ha impuesto la cisnormativa”, señala, un poco desde su experiencia en la Secretaría, y un poco como mamá que pasó por esa experiencia.

Zulma hace hincapié en que este acompañamiento tiene como pilar fundamental la escucha permanente. “[Buscamos] Que sus voces no sean acalladas en la infancia. Son personas, son sujetos de derecho. Eso es lo que las familias tenemos que aprender”, concluye.

Antiguamente, se creía que los niños eran solamente “adultos en miniatura”, mini-grandes que podían hacer lo mismo que los adultos. Hoy sabemos que esto no es así: son personas sintientes, pensantes y en desarrollo. Pero, sobre todo, son personas con derecho a una vida libre y a una infancia sana. Para que los niños, las niñas y les niñes puedan crecer en libertad, necesitamos escucharles más e imponerles menos. Sobre todo, despojarlos de estereotipos con los que, muy probablemente, lucharán el resto de sus vidas.

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