Será Ley

Será Ley

A dos años de su rechazo en el Senado, dialogamos con Julia Martino y Constanza Fosch Rodón, ambas integrantes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Qué cambió desde la histórica jornada y qué se espera del 2020.

El pañuelo verde, símbolo de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Foto: Christian Heit

Por Dana Goin

En las primeras horas del 9 de agosto de 2018, todavía se debatía en el recinto de la Cámara de Senadores. Afuera, dos millones de personas aguardaban la votación histórica que definiría si Argentina garantizaba o no la autonomía sobre los cuerpos de las personas con capacidad de gestar. En todo el país, en las principales plazas y centros de las ciudades, se habían reunido militantes de ambos extremos de la brecha expectantes por el resultado.

La Plaza de los Dos Congresos estaba colmada. De un lado, ecografías en vivo y pañuelos celestes; del otro, un sector visiblemente más poblado, con pañuelo verde, pidiendo por el aborto legal. Ideales de un país y esperanzas separadas por mucho más que vallas metálicas. 

A las 2:44 am se obtuvo el resultado final: 38 a 31. Afuera seguía haciendo frío, pero el lado proaborto no se movió. Durante dos o tres minutos, se escuchó un “Que sea ley” continuo, al tope de las gargantas y al unísono, de un costado de la Plaza que se rehusó a creer el veredicto mientras el Congreso le negaba los derechos.

8 de agosto, aniversario del rechazo del proyecto de ley por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Foto: Eitan Abramovich

Se hace camino al andar

“En el 2017 habíamos convocado a una marcha desde la Campaña planteando ‘Un grito global por el Aborto Legal’, que fue multitudinaria. Ahí notamos que habíamos logrado calar en la sociedad”, recuerda Julia Martino, parte de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito desde su inicio en 2005. Ese antecedente, sumado a más de una década de militancia y una historia como país de movimientos populares y reclamos desde la sociedad civil, fueron las bases para que el 2018 se convirtiera en un año diferente para la Campaña y para el movimiento de mujeres.

Quizás fue aquel multitudinario 19 de febrero, “Día de Acción Verde por el Derecho al Aborto Legal y Seguro”, cuando se realizó el primer “pañuelazo”, que se terminó de instalar el tema. “Creemos que eso influyó para que el Ejecutivo dijera ‘discutámoslo’. No estábamos preparadas: ese día teníamos sólo un megáfono para el sonido, y eran miles y miles de personas”, cuenta Julia Martino. Además, durante esas fechas, distintas activistas feministas hicieron aparición en el prime time, en el programa de Jorge Rial. Por primera vez en la historia argentina se hablaba de aborto en televisión.

Fue un año de hitos y desde entonces, nada fue igual. El aborto ocupó todos los espacios: las mesas de las cenas, los cumpleaños, las charlas en el recreo, los viajes en colectivo, los mensajes, los videos, los medios, todo. La gente se vio obligada a tomar posición, a informarse, a escuchar. “La discusión en sí fue un antes y un después, no sólo para la Campaña sino para la sociedad y para la política. Quedó instalado el tema”, afirma Martino.

La Cámara de Diputados, el 14 de junio de 2018, cuando el proyecto obtuvo media sanción. Foto: Adrián Escandar

Hablar libre y públicamente del tema, logró que muchas mujeres se animaran a contar las historias que por tanto tiempo habían mantenido ocultas. Todo eso escaló hasta el 13 de junio, cuando se logró la media sanción en Diputados. Un millón de personas fuera del Congreso y 129 votos a favor lograron lo que unos meses antrás parecía imposible. 

El debate continuó en la Cámara de Senadores y el 8 de agosto se definía si había ley o no. Para ese entonces, Mauricio Macri ya había anunciado que a pesar de no estar a favor de la iniciativa, no vetaría la propuesta si salía. Martino recuerda los nervios de esa jornada: “Teníamos una responsabilidad enorme con el cuidado de las personas porque lo habíamos convocado nosotras. Sabíamos que iba a estar complicado, se corrían rumores. Habíamos pedido la plaza y no nos la dieron”

El “poroteo” de votos había estado difícil y ya se sabía que la balanza se inclinaba por el no. Hubo algunas pocas aclaraciones sobre el final: poco antes de esa votación, la senadora Silvina García Larraburu (Río Negro) y el senador José Alperovich (Tucumán) oficializaron que rechazarían el derecho al aborto. Martino, sobre ese momento, observa: “La única esperanza que nos quedaba era que la movilización popular terminara de conseguir los votos”. Pero no se logró. Con una diferencia de 8 votos, el proyecto se rechazó. 

Por su parte, Constanza Fosch, de la comisión de cabildeo de la Campaña, la recuerda como “una jornada de amor, de dolor y de sororidad”. Ella la vivió junto a sus compañeras de la regional, en Mendoza, donde siguieron todo el debate a través de una pantalla grande. “Apenas terminaron de contar los votos, recuerdo el abrazo de las compañeras de la Campaña, y de chicas jóvenes y no tan jóvenes, que no conocía. Todas nos acercamos, hicimos un gran abrazo, y dijimos ‘bueno, no importa, será ley’ y empezamos a cantar hasta que no nos dio más la voz”, recuerda.

¿Qué cambió desde 2018?

Por un lado, en términos simbólicos, aborto ya no es mala palabra. Si bien sigue siendo una práctica clandestina, de a poco se le empieza a quitar la presión y la carga vergonzante. “Cambió también la percepción de la sociedad hacia el movimiento de mujeres, tenemos una mayor aceptación de la opinión pública. Ya no somos esas locas que queman cosas y andan desnudas en la calle”, afirma Constanza Fosch. 

Según Julieta Marino, hay un cambio de actitud con respecto al acceso a la interrupción legal del embarazo”. Esto se vio reflejado en la línea de atención telefónica de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud de la Nación: antes del 2018, el aborto era solo el 5% del total de razones por las que se llamaba; luego, pasó a ser el 36%. 

En Argentina, se estima que cada año se producen entre 300.000 y 500.000 abortos. Foto: El Confidencial

Lo mismo le sucedió a Socorristas en Red, una organización que brinda información y acompañamiento previo y posterior a la interrupción voluntaria del embarazo. En 2019, registró 14.802 entrevistas a personas que deseaban abortar. Esto significó un aumento del 74,9% respecto al año anterior: en 2018, las asistencias habían sido 8.462.

El 2019 fue año electoral, lo que dificultó que el proyecto se debatiera nuevamente (aunque se presentó para que no perdiera estado parlamentario). Igualmente, hubo un cambio que se vislumbró en los meses previos al sufragio: por primera vez, la posición frente al derecho al aborto fue uno de los elementos que los partidos tuvieron en cuenta al conformar sus listas. Fue algo sobre lo que las y los candidatos tuvieron que opinar. Eso también es democracia.

La Plaza de los dos Congresos, la noche del 8 de agosto de 2018. Foto: Delfina Linares

La Campaña también tuvo un crecimiento: “Nosotras aprendimos mucho del debate, de lo que nos dijo la sociedad, de lo que nos dijo el Senado y la Cámara de Diputados. Y de nosotras mismas”. Todo ese aprendizaje se vio reflejado en el proyecto: ya en 2019, cuando el 28 de mayo se volvió a presentar, el texto era diferente al trabajado el año anterior. Quizás el cambio que más expresa la clima de la época es que se reemplaza “mujeres” por “mujeres u otras identidades con capacidad de gestar”, atendiendo a que los varones trans también abortan.

Además, las cientos de colectivas feministas y organizaciones que surgieron al calor de la marea verde siguen en pie y siguen activando y militando por la ampliación de derechos. Eso también es una victoria.

¿Será el 2020 el año?

En marzo, durante la apertura de las sesiones legislativas, el presidente Alberto Fernández fue tajante: “En el siglo XXI toda sociedad necesita respetar la decisión individual de sus miembros a disponer libremente de sus cuerpos”. Con eso anunció la presentación pronta de un proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, lo que sería un hito en la historia argentina por dos motivos: sería la primera vez que el presidente de la Nación se proclama a favor de este derecho, y también el primer proyecto enviado desde el Poder Ejecutivo.

Alberto Fernández en la apertura de las sesiones legislativas, 1 de marzo de 2020.

Ahora bien: ¿por qué se presentaría un proyecto propio, si ya existe uno de la Campaña? Al respecto, Fosch afirma: “Lo tomamos como un gran paso y un gesto político esperanzador. No es lo mismo luchar por este derecho solas como movimiento, que con un proyecto del Ejecutivo que también empuje”. En la misma línea, Marino explica: “No es lo mismo lo que hizo el gobierno anterior que dijo ‘discutan’, a decir ‘esta es mi propuesta, discutámosla’. Es muy diferente para los diputados y senadores que van a votar, es una apuesta política y una expresión de voluntad mucho más fuerte”. Agrega, además, que se desconoce el proyecto del Poder Ejecutivo aún, pero que no dudan en que tendrá similitudes con el de la Campaña.

Sin embargo, poco después del anuncio, el coronavirus llegó al país y la urgencia de la crisis sanitaria relegó ese primer impulso. Desde la Campaña insisten: “Durante la pandemia las mujeres siguen teniendo embarazos que no pueden o desean continuar y siguen abortando, y siguen muriendo mujeres por abortos inseguros”, asegura Julia Martino. El cierre de los servicios de salud y consejería por la pandemia, la necesidad de un permiso y el miedo al contagio son factores que afectan las posibilidades de abortar de una persona. En cuarentena, al 28 de mayo, Socorristas en Red ya había recibido 4000 llamados para asistencia en este proceso. 

Comparaciones con perritos o marsupiales, pedido por un cementerio de fetos, analogías de la última dictadura cívico-militar, conspiraciones sobre un mercado ilegal de venta de fetos, Michetti con su “Vamos todavía”, CFK explicando que fueron las miles de mujeres en las calles las que la convencieron. En esos meses de debate hubo de todo, pero más que nada, una certeza: hubo un cambio, un momento bisagra y más que nada, un avance imposible de detener. La plaza llena de adolescentes fue un síntoma de que tarde o temprano el aborto será ley. Una promesa para este 2020 nos mantiene en vigilia, con los pañuelos en alto. 

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