Hablemos de menstruación

Hablemos de menstruación

Menstruar es mucho más que un poco de sangre una vez por mes: implica costos, desgaste y a veces, riesgos. En un país donde 7 de cada 10 personas pobres son mujeres. ¿Es posible imaginar un mundo en el que la menstruación sea un asunto del Estado?

La menstruación es un factor de desigualdad. Foto: Prensa Obrera

Por Dana Goin

“Andrés”, eso que “viene”, que llega sin avisos, que incomoda, que se habla en secreto, y con vergüenza; estar “en esos días”, “indispuestas”, ser “señoritas”, y miles de eufemismos más para algo que no se nombra, y a lo que no se pueden escapar los cuerpos que menstrúan. Pero, por muy “we’re all in this together” que parezca, no nos viene a todxs por igual. Sí, cada persona lo experimenta de manera distinta: están quienes prefieren no hablar del tema, están quienes utilizan esos días para descansar, están quienes no ven impedimento alguno y continúan con sus vidas como si nada… y están quienes no tienen acceso a productos de higiene menstrual.

Si lo personal es político, menstruar no es exactamente democrático. Según datos de Economía Feminita, en marzo de 2020 se calculaba un costo anual promedio de $2900 para quienes usan toallitas descartables, y $3800 para quienes usan tampones. Si a todo eso le sumamos que las mujeres ganan en promedio un 20% menos que los hombres y que, además, sólo el 43% de las mujeres trabaja, no es difícil imaginar que las condiciones en las que menstruamos también pueden ser un factor de desigualdad.

Para que menstruar sea más justo

#MenstruAcción es una campaña que, desde 2017, busca generar conciencia sobre la necesidad de políticas públicas en materia de gestión menstrual. Sus principales reclamos son tres: la exención de impuestos en elementos de higiene menstrual; la provisión de estos productos en espacios comunitarios (como escuelas, cárceles y centros comunitarios); y el registro de datos y confección de estadísticas que permitan tomar dimensión de la problemática.

Fue en torno al 8 de marzo de ese año, cuando se gestó el primer Paro Internacional de Mujeres, que la campaña vio la luz. “Veíamos que bajo la consigna “el Estado es responsable” había varios reclamos acerca de la salud sexual y reproductiva, pero este tema estaba dejado de lado”, recuerda Agostina Mileo, coordinadora de la iniciativa y Doctora en Historia y Epistemología de la Ciencia. “Nos parecía que ya era hora de inscribirlo por fuera del ámbito de la comunicación feminista y de la teoría feminista”.

Rápidamente se logró que las toallitas y tampones sean considerados dentro de los “Precios cuidados”, la iniciativa estatal compuesta por elementos de la canasta básica cuyo valor se congela. Sin embargo, desde la organización señalan que en ese programa hay trece opciones de shampoos diferentes, pero solo una de toallitas. 

#MenstruAcción es una campaña que impulsa políticas públicas para reducir la desigualdad en el acceso a productos de gestión menstrual

A medida que avanzó la militancia, y de la mano de legisladoras a distintos niveles jurisdiccionales y en todo el país, se fueron presentando proyectos de ley para garantizar la distribución gratuita de estos productos en escuelas, cárceles, y otros espacios comunitarios. “El principal logro es que al día de hoy, tres municipalidades han aprobado ordenanzas para la provisión gratuita de productos de gestión menstrual”, explica Mileo. Estos municipios son Morón (Provincia de Buenos Aires), San Rafael (Mendoza) y la ciudad de Santa Fe, tres ciudades pioneras en el país que lograron sus regulaciones en los último meses, tras varios intentos. A pesar de ello, todavía queda pendiente la eximición de impuestos para estos elementos. Y, sobre todo, una regulación a nivel nacional que abarque todo el territorio.

Para Mileo, otro de los logros de la campaña ha sido “haber tendido una red nacional muy grande, haber logrado que las personas se apropien de la campaña y hagan sus propias colectas”. Por otro lado, la victoria también es dentro del orden de lo simbólico, en el sentido de que, gracias a la militancia, se “da una discusión pública sobre el tema que es algo que no estaba presente”, similar a lo que pasó con la Educación Sexual Integral (ESI) o el aborto.

¿Qué implica que los elementos de higiene menstrual no sean considerados de primera necesidad?

En Argentina, productos como el pan o la harina están exentos de IVA. No se los grava con el impuesto del 21% -que, en cambio, sí tienen la mayoría de otros productos- por considerarlos de primera necesidad, básicos en cualquier hogar familiar. Los elementos de gestión menstrual (toallitas descartables, tampones, copas menstruales, toallitas de tela, bombachas absorbentes, etc) no gozan de ese beneficio.

Se calcula que en el país menstrúan unas 10 millones de personas por mes, entre 3 a 5 días, durante aproximadamente 40 años de sus vidas (o sea, más de 500 veces en total). Y si bien no todos los cuerpos son iguales, todos tienen algo en común: un costo que implica mucho más que dolor, fatiga, irritación y hormonas. Y tiene precio y etiqueta.

Es un costo por fuera del cuerpo, uno que afecta al bolsillo y que, hasta ahora, no ha sido registrado por el Estado. Esto es discriminatorio, señalan desde #MenstruAcción, porque es un impuesto que sólo paga una parte concreta de la población, en un gasto que no es opcional bajo ningún punto de vista, y cuyo pago afecta de manera diferente a cada economía personal. Sin ir más lejos, actualmente, sólo Ushuaia incluye productos de gestión menstrual en los bolsones con productos de primera necesidad durante el aislamiento obligatorio.

Elise Thiebaut, comunicadora y feminista francesa, en su libro “Mi sangre” deja un mensaje para quienes no consideran que estos son productos de primera necesidad: “Es una de las primeras cosas que piden las mujeres que viven en la calle, en zonas de guerra o de gran pobreza. Precisamente porque no disponen de protecciones, millones de escolares en algunos países de África no van a la escuela cuando tienen sus reglas, y utilizan, según un informe de la Unesco, hojas secas, barro, excrementos, pieles de animales trapos o papel higiénico para absorber su sangre menstrual”

No hace falta ir hasta el continente africano para conocer esa realidad. Si se tiene en cuenta que los productos de higiene menstrual cuestan al año lo que recibe una persona por la Asignación Universal por Hijo al mes ($3293), no resulta difícil pensar en lo concreto puede llevar a impedimentos en el desarrollo de las personas menstruantes. Especialmente, a prácticas que ponen en riesgo la salud sexual y reproductiva, de la que aún tan poco se habla.

Sin embargo, en este punto particular no se tiene información certera sobre cuál es la realidad en Argentina, porque no hay estadísticas. Pero, en un país donde 7 de cada 10 personas pobres son mujeres, no es descabellado imaginar que ésta podría ser la situación. 

Foto: Economía Femini(s)ta

Además, no se trata solo de toallitas y tampones. “La gestión menstrual demanda como mínimo, el acceso a agua limpia, instalaciones sanitarias adecuadas que permitan la privacidad de las personas, elementos de gestión de higiene menstrual, lugar para la correcta eliminación de los desechos y especialmente conocimiento y visibilización de la temática”, describe uno de los proyectos de ley presentados para la exención del IVA de los productos de higiene menstrual.

Así, son muchas aristas a tener en cuenta, y se le suma la falta de conocimiento y la vergüenza alrededor de la cuestión. Sobre este último punto, Mileo señala: “En la educación en gran parte se anquilosan las ideas estigmatizantes de la menstruación, que la reducen a un proceso anatómico. El famoso “asco” que provoca este tema, el estigma, los secretos, el pasar la toallita por debajo del banco escolar en un acto top secret, el miedo a mancharse, los mitos. Las personas que menstrúan saben que es mucho más que un proceso anatómico. Hay alrededor de la menstruación todo un universo de simbolismos, de significaciones y de experiencias que la sacan del terreno biológico.

Queda claro que no es para el Estado una materia que lo incumba y, de esta forma, sigue quedando en un plano de lo oculto, lo secreto. Por omisión más que por acción, sigue siendo “cosa de mujeres” y estando por fuera del espectro de las políticas públicas. Y así, se perpetúa un círculo vicioso en el que las personas que menstrúan son las que más gastos tienen, con menor poder adquisitivo, y poca información para tomar decisiones sobre sus cuerpos con autonomía.

¿Qué pasa en el resto del mundo?

En los últimos años, varios países del mundo han dejado de poner impuestos a los productos de higiene menstrual, como Irlanda, Canadá o Kenia; y otros han bajado considerablemente el porcentaje de los mismos. Este es el caso de Alemania, que redujo el equivalente al IVA en productos de gestión menstrual del 19% al 7%. 

Escocia es el único país en el mundo en el que los productos de higiene menstrual no tienen impuestos. Foto: FashionClick

Vale la pena mencionar la iniciativa “The Tampon Book” con la que activistas feministas de ese país decidieron visibilizar una laguna en la legislación: los tampones tenían un impuesto del 19% y eran considerados productos de “lujo” (sí, eso pasa cuando las legislaciones las hacen hombres). Los libros, por otro lado, tenían un impuesto del 7%. Lo que hicieron estas activistas fue crear un libro que adentro sólo tenía tampones, para visibilizar la injusticia que enfrentaban las personas menstruantes. Con la leyenda “¿por qué los tampones son un lujo, pero el caviar no?”, decidieron visibilizar la discriminación. Tiempo después, el impuesto se redujo.

Por otro lado, este año Escocia se volvió el primer país en el mundo en entregar productos de gestión menstrual de forma gratuita en farmacias, clubes y centros comunitarios. Esto ya se hacía en escuelas y universidades desde 2018, y tras el éxito de la campaña, se decidió ampliar la cobertura. ¿Qué estamos esperando como país para pedir lo mismo?

Quizás, para tener un país más justo, podríamos empezar por llamar a las cosas como son, sin tantos eufemismos y tabúes. La menstruación es la menstruación, y la falta de acceso a productos de calidad a precios razonables es discriminación.

¿Indispuestas? A seguir pagando de más, seguro.

Para colaborar con #Menstruacción, hacé click acá.

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