Esos malditos adolescentes

Esos malditos adolescentes

Los productos culturales apuntados a la demográfica adolescente suelen tener una mirada bastante prejuiciosa o hasta desconectada de su temática central. Algunas recomendaciones que le escapan a esos lugares comunes.

Parte del elenco de Euphoria. Fuente: Sporcle

Por: Anita Cattorini

Si hay una etapa que puede resultar traumática en la vida de una persona es la adolescencia. La búsqueda de identidad, sentir que nadie te entiende (especialmente tus papás), pasar por mil cambios -tanto físicos como psíquicos-, empezar a tener roces con las responsabilidades adultas, el final de la pérdida de la inocencia, la experimentación y descubrimiento sexual, lo que antes te gustaba y con lo que te sentías identificado/a ahora es algo que siente distante, y mucho, mucho más.

Una visión común (y bastante simplista) de los adolescentes es que son muy dramáticos y se hacen problema por todo. Pero lo cierto es que la etapa adolescente es el momento de las primeras experiencias en más de un sentido. Todo es nuevo, se siente urgente y ante lo desconocido siempre está el miedo a lo peor. Para el/la adolescente, cosas como el rechazo, el fracaso o el cambio realmente pueden parecer el fin del mundo. No es ninguna sorpresa que esta sea la etapa donde se comienzan a manifestar síntomas de ansiedad y depresión, entre otros trastornos.    

Durante este complicado período que atraviesan, uno de los refugios que el/la adolescente poseen son los diversos productos culturales. Un libro, un canal de YouTube, un artista, un serie o una película pueden ser el apoyo y la compañía que ellos/as necesitan en ese momento. Un hombro sobre el cual llorar, una “cara” conocida con la cual reír, una inspiración, un modelo a seguir y más. ¿Qué contenido es el que le dan en retorno los medios?

Si nos centramos en las series y las películas nos vamos a encontrar con un pequeño detalle: en su gran parte, estos productos son escritos por gente que la adolescencia la vivió hace 35 años o más, y cuya apreciación de la juventud de hoy es bastante superficial y genérica. ¿Qué nos da como resultado esto? Estereotipos y una idea de cómo debería ser la vida con los que se crece, moldeando una forma de pensar que después es difícil sacarse de encima

Aún así, existen ejemplos que evitan caer en lo fácil y dan un tratamiento más profundo a lo que implica ser adolescente. 

My so called life

Uno de los clichés más comunes en las series apuntadas al público adolescente es la forma en que los personajes, que supuestamente tienen entre 15 y 18, hablan y razonan. No es para nada raro encontrar monólogos o conversaciones entre estos “adolescentes” llenos de sabiduría universal, que poseen la profundidad de alguien de 40 años experto en filosofía, completamente edulcorados o usando un léxico mucho más común en una persona adulta (teléfono para Riverdale). Con esto no quiero decir que los/as adolescentes son tontos y no saben hilar una oración coherente. Sino que, simplemente, en estos casos es clara la proyección del adulto sobre la juventud, sin ningún intento de comprenderla.

My so called life (Mi así llamada vida en español) es lo opuesto a esto. La serie estadounidense creada por Winnie Holzman y emitida entre 1994 y 1995 sigue la vida de la quinceañera Angela (interpretada por una debutante Claire Danes) y quienes la rodean -padres, amigas, vecinos-, escapándole a cualquier cliché en el proceso. La serie está narrada desde el punto de vista de Angela, conocemos cada uno de sus pensamientos. Por suerte, esos pensamientos están alejados de cualquier aprendizaje lleno de moralina de final del día y más cerca de cosas como “Ojalá tuviera un botón para apretar y que me forzara a callarme”.

Cada personaje se siente real porque lo que experimentan es real. Desde distanciarte de tus padres o cambiar de grupo de amigos/as porque ya no te sentís a gusto con ellos/as, hasta sentirte presionada/o por culpa de la persona que te gusta, dudar de tu físico o apoyarte en el alcohol o algún otro tipo de droga para lidiar con la realidad: son cosas que cualquier persona puede haber atravesado durante su adolescencia. Y My so called life las trata de manera directa y certera.

Elenco de My so called life. Fuente: Entertainment Weekly

The breakfast club

Si hablamos de clichés, no hay como las películas norteamericanas para crear o reforzar estereotipos, especialmente sobre los relacionados a la secundaria. La rubia tonta y líder de las porristas, el egocéntrico amante de los deportes que no tiene problemas de hacerle la vida imposible al impopular, el/la nerd que no posee habilidades sociales, etc. Muchas generaciones crecieron creyendo que estos estereotipos eran la norma, y sólo recientemente pareciera que se están dejando atrás.

El elenco de The Breakfast Club junto John Hughes, el director. Fuente: The New Yorker

Si hubo una película pionera en cuestionar estos clichés que la misma sociedad estadounidense impuso fue The breakfast club (también conocida como El club de los cinco). Escrita y dirigida por John Hughes, la cinta de 1985 se centra en cinco adolescentes (tres chicos y dos chicas), que a simple vista parecen cumplir con alguno de los estereotipos mencionados, que deben pasar gran parte del sábado en la escuela como castigo. Una vez que bajan la guardia y pasan tiempo juntos descubren que detrás de cada uno hay mucho más que la etiqueta que los demás pusieron sobre ellos/as.

The breakfast club hace algo bastante inusual para el tiempo en el que salió: trata a los adolescentes como personas, con angustias y preocupaciones. Si bien el film no escapa a tropos que por esa época ni siquiera se apreciaban como tal, su núcleo se encuentra en el factor humano, en cómo las figuras adultas presionan y obligan a los jóvenes a que cumplan con sus parámetros, olvidando que ellos en un momento también lo fueron. Hughes sentía que los adolescentes no eran tomados en serio en los ‘80 y con esta película dio el primer paso para lograrlo.

Spring awakening

Para más de una persona, las series y films que consumimos durante la adolescencia fue nuestra Educación Sexual Integral (ESI). Especialmente si creciste antes del 2010, donde la información no estaba tan a disposición y costaba más encontrar lo que uno buscaba sin quedar expuesto. El peligro de esto es que nuestros conocimientos quedaban atados a lo que se mostraba en pantalla, que, si somos sinceros, dejaba mucho que desear.

Acá es donde entra Spring awakening (Despertar de primavera en español). El musical, con música de Duncan Sheik y letra y guión de Steven Sater, se estrenó en el 2006 y se basa en la obra alemana de 1891 del mismo nombre escrita por Frank Wedekind. Situada en la Alemania del siglo XIX, la historia sigue a un grupo de jóvenes en plena adolescencia, conflictuados por los cambios que experimentan en sus cuerpos y la ignorancia sobre el tema que tienen a causa de la desinformación, provista por sus padres y la institución educativa.

La moraleja de Spring awakening es bien cruda y directa: la enseñanza de la ESI en las etapas infancia-adolescencia es necesaria, ya que si se elige la ignorancia, el resultado posiblemente traiga dolor y traumas. A su vez, resalta lo importante que es el diálogo entre jóvenes y adultos sin que se menosprecie a los primeros por el simple hecho de ser jóvenes (pueden ver la obra con el elenco original, sin subtítulos y filmada de manera no oficial, acá; y la versión argentina, filmada de manera oficial, acá).

El elenco de Spring Awakening durante “Touch me”. Fuente: The New York Times

Euphoria

Y llegamos al presente con Euphoria, la serie creada por Sam Levinson estrenada el año pasado y que se basa en la miniserie israelí del mismo nombre. Euphoria es un retrato sin filtro de las cosas con las que debe lidiar un adolescente hoy: viviendo con trastornos mentales, explorando la sexualidad, las adicciones, chocándose con los estándares impuestos por los padres, experimentando los resultados de las relaciones tóxicas y, especialmente, tratando de llegar al final del día.

Euphoria es un sólido comienzo para lo que podría ser una nueva forma de realizar productos apuntados al público adolescente. No edulcorando las cosas, no tratando a su audiencia como idiotas, no cayendo en lo fácil, sino esforzándose por tratar con la importancia que se merecen las distintas realidades de las nuevas generaciones. Cada adolescencia es valiosa y es hora que se las represente como tal.

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