Todas las voces, ¿todas?

todas las voces, ¿todas?

#FaltamosEnLosMedios es un reclamo feminista por una mayor representación en el periodismo; sobre todo, en los espacios de toma de decisiones y cargos directivos, que usualmente suelen estar ocupados por varones. Después de que en la declaración de Beijing del 95′ se planteó la necesidad de incluir más voces en el periodismo, las cosas no hay cambiado demasiado. ¿Qué está pasando en el periodismo argentino?

El colectivo Periodistas Argentinas en el marco del debate por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en 2018. Foto: lavaca

Por Dana Goin

Hay algo que sistemáticamente frena a las mujeres y no es la falta de mérito: es el techo de cristal. El periodismo en esto no es la excepción. Según un informe de la Asociación Comunicación Igualitaria, la mayoría de las cúpulas de las empresas mediáticas están ocupadas por hombres cisgénero. En ese sentido, en 2018 se reportó que un 78% de los puestos directivos están ocupados por ellos; aunque con los años hubo una breve (y lenta) mejora -en 2011 eran el 81%-, ese techo sigue estando presente y quienes lo sostienen desde arriba tiene nombres y apellidos. Es una realidad para las mujeres en diversos ámbitos laborales, donde encuentran trabas en sus carreras y barreras que no les permiten crecer profesionalmente a la par de sus compañeros hombres.

Nancy Pazos, periodista de la Rock&Pop y escritora en Infobae especializada en política, recuerda vivirlo en carne propia: “Cuando empecé a crecer y a tener éxito profesional real, lo primero que me achacaron fue que me acostaba con la mitad del gabinete de turno, o con el presidente. Todos mis logros laborales se veían opacados porque mis colegas varones alegaban mis atributos femeninos como fuente de información”. A diferencia de sus compañeros, ella “no podía aceptar tomar ni un café con una fuente, mucho menos ir a cenar”, por la cantidad de rumores que circulaban sobre su vida privada. 

Ella fue la segunda mujer en escribir en la sección de política del diario Clarín (antecedida únicamente por María Luisa Mac Kay) y, aún así, afirma: “Lo que sí me quedó claro de entrada era que siempre iba a tener un techo, que siempre los jefes iban a ser hombres. En ese sentido, el mismo informe de la Asociación Comunicación Igualitaria describe los lugares de poder en los medios de comunicación en Argentina como espacios masculinizados: un liderazgo autoritario, de dominación, violento y de descalificación y subestimación. Pero, sobre todo, cuyo camino de acceso parece estar pavimentado para algunos y bloqueado para otras. “Yo no tuve la suerte de tener mujeres arriba mío que me abrieran camino”, denuncia Pazos.

En términos generales, sólo un 30% de los trabajadores de prensa son mujeres. Sin embargo, estos números no son iguales en todo el país: sólo en Córdoba ese número desciende a 23%. Como en tantos otros rubros, ya no es noticia que hacemos el trabajo arduo y después nos quedamos sin tomar las decisiones. No es casualidad: todo el mundo laboral se beneficia de nuestra precarización. Somos las que escribimos las notas y no nos las dejan firmar, somos a las que nos rechazan o nos cierran las coberturas, somos las destinadas a reportar “espectáculos”, pero no política.

Todo esto sin mencionar que las caras y cuerpos femeninos que se ven, al menos en el periodismo televisivo, distan de ser diversxs. Ya lo señaló Mariana Carbajal: “Hay conductores gordos, pelados, con arrugas, de más de 60 años, pero no encontramos ese paralelismo en cuerpos femeninos”. Pero, además, la periodista se pregunta: “¿Qué colores de piel predominan, hay personas con discapacidad, otras identidades que salgan del binarismo de hombre y mujer?”. Sobre esto mismo pone el foco Sandra Hoyos, de Identidad Marrón: la necesidad de un abordaje interseccional en los medios. “No estamos en ningún medio, como queremos estar, con lo que queremos decir, lo que nos pasa, lo que afecta. Expresar cómo impacta en nuestras trayectorias de vida ser personas racializadas, discriminadas y con menores posibilidades de acceso a la salud, al trabajo y a la educación”, afirma en su discurso en el primer Encuentro Hacia una Ley de Representación Justa en Medios.

La visibilidad y representación de las personas del colectivo LGBTIQ también deja mucho que desear aún. Al respecto, Nancy Pazos hace una observación: “Muestran todo el tiempo desde los medios oficiales a la conductora trans”, en referencia a Diana Zurco, la primera conductora trans en la televisión argentina. “En rigor es casi como un emblema y debería ser algo normal. Es como que dejan de pensar en la sumatoria que significaría que la equidad estuviera realmente al 50-50”, repone. 

La programación de Canal 13, denunciada por Silvia M. Cassina

Para variar, nuestro punto de vista poco importa. En 2019, sólo el 18% de las notas de opinión de los medios de mayor tirada del país (Clarín, La Nación, Perfil y Página/12) fueron firmadas por mujeres. La presencia femenina sólo se aprecia en espectáculos, donde los porcentajes se invierten, y para hablar del clima. Faltamos en los suplementos económicos, políticos y de deportes. Y los domingos, el día más importante de la semana en la industria gráfica, el número de las notas escritas por mujeres baja al 10% (con suerte).

Pero esto no es todo: la lucha no termina en el acceso a los puestos y la posibilidad de escribir notas (o no). Otra de las principales diferencias entre géneros es la brecha salarial (que, en general, en Argentina se estima que es de un 27%). Sin ir más lejos, Pazos cuenta que recientemente comenzó a escribir una columna en el diario Infobae. Al momento de acordar su sueldo, pidió una paga similar a la de otro columnista hombre del mismo medio. Para su sorpresa, cuando le consultó a su colega cuánto cobraba, su respuesta fue “cuando te paguen, yo te digo si te cagaron o no”. Para Pazos, se trata de un periodista “que se supone progre pero que, sin embargo, a la hora de ser solidario, y tratar de que una compañera se equipare con él, les da un poco de miedo”.

Se lo debemos al periodismo feminista.

Las cifras abrumadoramente desiguales se replican en los sindicatos y organizaciones. Quizás por eso, entre tantas otras razones, surgió la necesidad de espacios feministas de y para periodistas. No es casual la emergencia de redes como Periodistas Argentinas, ni de medios como LatFem o Feminacida en los últimos tiempos. Sol Martínez, del portal feminista Feminacida, señala que la repercusión que tuvo el sitio fue contundente: “Hubo una respuesta enorme y súper amorosa de nuestres lectores. Vinimos a contrarrestar esa necesidad de que haya comunicación con perspectiva feminista”.

La primacía de voces masculinas y cisgénero y la ausencia de diversidad acumulada por años obtiene respuesta en un contrafrente feminista, que es también una red de contención y soporte para muchas. “Si cuando empecé hubiera tenido un colectivo como éste para amadrinarme y cuidarme, creo que no hubiera sido tan árido y tan duro, y no hubiera gastado tantas lágrimas en esta profesión por circunstancias que estaban relacionadas con mi género”, reflexiona Pazos.

En este sentido, Pazos considera que el colectivo Periodistas Argentinas es un acompañamiento en medio de una profesión de mucha soledad e individualismo. Lo describe como “un espacio en donde podés hablar en voz alta sobre tus dudas y conflictos, un lugar de reconocimiento de pares”; algo que para ella se volvió fundamental. La organización surgió en 2018, en medio del debate por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y frente a la necesidad de agruparse tras ese reclamo. Con el paso del tiempo, siguió firme como un espacio de contención y solidaridad entre mujeres del rubro: “Siempre que surgen diferencias o discusiones, tratamos de volver a lo que nos une y no a lo que nos desune”, explica. Si bien no conoce a todas las miembras del grupo, admite que le apasiona ver a una nueva camada de periodistas jóvenes y “abrirles las puertas”.

Es por eso que desde LatFem, en conjunto con la diputada Mónica Macha, se comenzó a elaborar un proyecto para una reparación en la desigualdad de condiciones. El pasado 7 de julio, la comisión bicameral de Comunicación Audiovisual elaboró un “compromiso para la construcción de medios con perspectiva de género”. Sobre la Ley de Representación Agustina Paz Frontera, codirectora de LatFem: “Le decimos cupo paridad como una forma rápida de saber de qué hablamos, pero estamos discutiendo si la idea de ‘Paridad de Género’ es apropiada. Quizás es más acertado hablar de representación justa o reparación de la igualdad”. Pero, además, se discuten otras políticas al interior de los Encuentros Hacia una Ley de Representación en los Medios: es mucho más que solo la paridad. En las discusiones, se menciona la necesidad de incorporar editoras de género, cupo laboral trans, espacios de denuncia para casos de violencia de género y la necesidad de capacitación en género para periodistas (al estilo Ley Micaela). 

Decí que hablar es gratis

En otro orden de hechos, los recientes y desafortunados dichos de Jorge Lanata sobre Carla Vizzotti, la Secretaria de Acceso a la Salud (algo así como una Viceministra de Salud de la Nación), mujer al frente de los reportes estatales matutinos sobre la situación de crisis sanitaria, despiertan una vez más el repudio y la denuncia desde los colectivos feministas. La misoginia tiene más lugar en los medios que las propias mujeres. Esto también nos llama a discutir la comunicación que ejercemos y consumimos. 

Molesta la mujer en política. Molesta y se la agravia por su físico. ¿Cuándo, acaso, se escucharon comentarios similares sobre algún político? ¿Cuándo juzgaron el aspecto de Alberto Fernández o de Mauricio Macri con tanta saña? Sin embargo, no es difícil recordar un insulto de este tipo a Cristina Fernández, María Eugenia Vidal o Gabriela Michetti. El periodismo misógino no va más. En esta misma línea, Sol Martínez de Feminacida observa: “Sabemos que las palabras y discursos construyen sentido. Ejercer la comunicación con responsabilidad hoy necesariamente implica hacerlo desde una perspectiva de derechos y feminista, son dos conceptos indisociables”. 

Pazos vive estos dichos con gran desilusión y considera que Lanata “cada vez retrocede más”. Ella recuerda otra versión del periodista, de sus comienzos en el rubro: “Cuando empezamos a trabajar, él era una especie de dios para todos nosotros [los periodistas]. Tenía 26 años y dirigía un diario progresista. Verlo hoy en lo que está convertido es un horror desde todo punto de vista”, afirma. Pazos también recuerda que muchos otros periodistas que en su momento fueron “progres” hoy son seducidos por una posición más conservadora, sin posibilidad de retroceso. Lo curioso, según señala, es que no pasó lo mismo con sus colegas mujeres.

Aún queda mucho por recorrer. Es un hecho: faltamos en los medios, en las cúpulas, tras las cámaras, en la producción y en las mesas de decisión. Desde acá partimos y hacia allá vamos: un periodismo con mayor igualdad de oportunidades. Es, como mínimo, por el derecho a comunicar y a recibir comunicación de calidad, respetuosa de los derechos de todas, todes y todos. Después de todo, sabemos que, si bien el periodismo está lejos de poder ser objetivo, no puede jactarse de representar y escuchar todas las voces si al frente sólo están los mismos hombres de siempre.

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