Al interior de la grieta

al interior de la grieta

Casi como un sujeto mismo, la “grieta” lleva muchos años en el escenario político y en el vocabulario de los argentinos y las argentinas. Pero, ¿qué es realmente? ¿Y qué consecuencias trae para la democracia? Dialogamos con dos especialistas en un viaje al centro de la política.

Por: Sofía Moure

Todos escuchamos alguna vez sobre la “grieta”. Pareciera que ya no hace falta aclarar qué es, casi que tiene vida propia. La Grieta. La temida grieta, la razón de todos los males del país, el abismo insalvable entre los que piensan distinto, polarizados en dos lugares inamovibles: kirchnerismo y antikirchnerismo. De un lado los irracionales, los violentos, los odiadores; del otro, los pacíficos, los dialoguistas, los que quieren lo mejor para el país. Y no importa a quién le preguntes: esa persona siempre va a estar del lado de los “buenos”.

Desde el 2008, cuando Jorge Lanata utilizó el término para referirse al enfrentamiento político que había entre quienes apoyaban, sobre todo, la presidencia de Cristina Kirchner; y los que se oponían rotundamente a ella —conflicto con el campo de por medio— se instaló en la sociedad argentina esta idea de que estábamos divididos irreparablemente. De que el otro, ese que piensa diferente, es un enemigo a eliminar o, al menos, a anular. 

La grieta vino acompañada inexorablemente del odio y del absolutismo, recursos que fueron utilizados desde todos los partidos políticos —¿qué candidato no ha hablado alguna vez de la grieta, el odio o de la unidad nacional? Y no es posible entender los movimientos políticos y electorales de los últimos 10 años sin tener en cuenta esta fractura que por momentos, todos quieren —o dicen querer— solucionar, pero también contribuyen a su “profundización”.

Todos tienen algo que decir sobre la “grieta”. Fuente: Ámerica TV

Pero, ¿qué es exactamente eso que llamamos “grieta”? Según Sacha Pujó, licenciado en Sociología y magíster en Políticas Públicas, es “un reflejo deformado, a nivel del conflicto político, de las desigualdades económico sociales”.

Para la licenciada en Ciencias Políticas María Emilia Reiszer es un “intento de estetización de un fenómeno que ocurrió históricamente en la Argentina. “El término hace referencia a una división política inzanjable por definición, que hoy en día se interpreta como la toma de posición entre dos bandos, marcada por el clivaje kirchnerismo versus todo aquello que no se siente identificado dentro de dicho colectivo”, explica.

Como sostiene Pujó, “la grieta atravesó históricamente a nuestro a país desde la constitución del Estado-nación en cuanto a las disputas por el perfil productivo del país”. Un ejemplo de ello son las guerras civiles entre Unitarios y Federales, así como las múltiples dictaduras que padecimos como sociedad. Según los momentos históricos esa grieta se profundizó, como en el caso de la emergencia del peronismo-antiperonismo. En los últimos tiempos, con la irrupción del kirchnerismo y la oposición del poder económico, se dio otra variante del mismo fenómeno.”

Entonces, la grieta parecería ser ese flagelo que azota al país desde los comienzos de su historia. Incluso, quizás, el motivo de que sigamos siendo un país subdesarrollado tercermundista, incapaces de ser como aquel anhelado Primer Mundo civilizado y pacífico. Bueno, no. 

Porque el conflicto es constitutivo de la política y, tanto o más importante; sin conflicto es imposible el consenso. En esta línea, María Esperanza Casullo entiende a la política como “la manera que los seres humanos inventaron para solucionar los conflictos sin recurrir ni a la violencia ni a un texto sagrado”.

No existe sistema político sin algún tipo de conflicto y grado de polarización, por lo que el origen de la división entre dos posiciones políticas antecede al conflicto kirchnerismo-antikirchnerismo”, coincide Reiszer, y agrega: “La política y el conflicto en nuestras democracias tienen una relación de dependencia mutua. Es en y por medio de la política que esos conflictos de intereses se dirimen.”

Si bien la “grieta” tiende a denominar el conflicto kirchnerismo-antikirchnerismo, la división política siempre existió en nuestro país.

Mantener viva la llama

Hasta acá, aquello que tienden a representar como algo terrible, esa “grieta” que divide a los argentinos y argentinas, si no es algo malo, al menos es inevitable. Eso explicaría, parcialmente, el porqué todos los políticos, lejos de realmente tratar de “cerrarla”, la mencionan a menudo y, en tiempos de necesidad, avivan la llama del conflicto político hasta ser, lisa y llanamente, odio. Y en ese odio es donde radican los riesgos que la “grieta” supone para la democracia. 

“La grieta funciona como una construcción política en una estrategia por parte de intereses de los sectores concentrados de impedir la conformación de una mayoría”, explica Sacha Pujó. Según el sociólogo, la grieta se utiliza para polarizar los debates sobre los temas de la agenda pública e institucional, haciendo pasar el interés particular de determinados grupos por el interés general; e impidiendo, finalmente, la implementación del verdadero interés general. “El riesgo para la democracia es que ésta [grieta] quede paralizada en un mero procedimiento formal que no pueda canalizar y dar solución a los conflictos.”

Un claro ejemplo de la utilización política de la grieta o, más bien, una consecuencia de dicha utilización, fue la emergencia de la alianza Juntos por el Cambio. La conjunción de varios partidos políticos, así como de diversos sectores de la sociedad, se convirtió en la expresión política del antikirchnerismo. La extrema polarización política se vio reflejada, primero, en las elecciones del 2015, cuando Mauricio Macri se convirtió en presidente de la Nación luego de un ballotage reñido (51% por sobre el 48% de Daniel Scioli). Y, más clara y recientemente, en las elecciones del 2019, cuando las posiciones se radicalizaron todavía más -algo que se demostró no sólo en las manifestaciones públicas sino, también, en las urnas

“Si lo pensamos en esos términos, es la forma más sana para la democracia de resolver un disenso y dos posiciones antagónicas, afirma María Emilia Reiszer. Pero agrega: “sin embargo, el límite fino de los conflictos con la democracia es cuando se traduce en expresiones que utilizan otros canales. La censura, los atentados contra la libertad de expresión, contra el derecho y la libertad de información de la ciudadanía, las falsas acusaciones, las fake-news, y el punto cúlmine que es la violencia, son expresiones de que el conflicto político ha sobrepasado los márgenes de la práctica política y de las reglas del juego político. Es allí cuando daña nuestra democracia.” Es allí cuando ya no es conflicto, sino odio. Es allí cuando comienzan los problemas y se abandona la política. Aunque esto tampoco es algo específico de nuestro presente.

Como sostiene Reiszer, “siempre hubo odio político”. “Fue una de las razones que ocasionó los distintos procesos dictatoriales en nuestro país. La diferencia es que en ese momento el recurso era apelar a las armas y a las FFAA que, legitimadas por sectores sociales con poder, tomaban el mando del país.” Actualmente vivimos el período más largo de democracia en la historia de nuestro país —con casi 37 años ininterrumpidos, y contando— porque los conflictos se dirimen por vías democráticas. “El problema del disenso es cuando traspasa las vías pacíficas y se transforma en agresiones, amenazas o diversas formas de violencia”, afirma la politóloga.

El odio y la violencia estuvieron presentes en el Obelisco el 9 de julio. Foto: @FrancoFafasuli

El odio no es preocupante en sí mismo, sino en las formas en que se expresa: la violencia contra el que piensa distinto. Para Reiszer, “es importante aclarar que ante esto, es mayor la cantidad de dirigentes políticos que salen a repudiarlo, que quienes callan.” “Pero también es importante pensar que hay otras declaraciones o especulaciones que muchas veces son las causantes o las que generan el caldo de cultivo para que estos hechos se den”, aclara. 

Claro que el periodismo también es, en parte, responsable de la generación de este caldo de cultivo.

Al respecto, Pujó considera que “el periodismo desde los medios concentrados de comunicación tiene un poder muy grande en la definición de los temas de la agenda pública que, a su vez, impacta en la agenda institucional del gobierno a la hora de definir los problemas y de qué temas se puede hablar o no.” Según él, se camuflan intereses y frustraciones particulares detrás del llamado interés general, impidiendo el verdadero debate ya que todos los temas se enmarcan en la “grieta”.

Entre la espada y la pared

Como si fuera poco, Argentina atraviesa un momento muy particular de su historia: un presente cruzado de pies a cabeza por la pandemia de Covid-19 y la negociación de la deuda externa. “Ambas situaciones reconfiguraron el mapa político, alcanzando consensos superadores a las divisiones partidarias, sostiene Reiszer. Una buena noticia, para variar.

Estos consensos fueron posibles a partir de la alineación de los políticos argentinos — al menos, los que ocupan cargos definitorios para el rumbo político del país— tras dos propuestas comunes y concretas: la renegociación de la deuda y la cuarentena. La figura conciliadora de Alberto Fernández también es beneficiosa en estos procesos.

Pero nada dura en esta vida, dicen. Y así lo explica la licenciada en Ciencias Políticas: Ese paréntesis en la grieta argentina comenzó a resquebrajarse por movimientos a uno y otro lado, como la decisión en torno a Vicentín o las causas de espionaje ilegal, que alcanzaron quizás su punto máximo con el comunicado de Juntos por el Cambio en el que sugiere la vinculación de la muerte de Fabián Gutiérrez con la actual vicepresidenta.”

El aislamiento obligatorio fue uno de los puntos que resquebrajó el endeble acuerdo político y social. Foto: Ámbito.

A esto se le suma un agotamiento generalizado producto de la cuarentena que sigue extendiéndose y las consecuencias que esto trae a la economía. Y el resultado es la emergencia de un sector que se opone a las medidas, amplificado por los medios de comunicación, y una polarización cada vez mayor. “Además”, agrega Reiszer, “reaparecieron referentes opositores que hoy en día no ocupan cargos en la función pública, a posicionarse como representantes de esas voces radicalizadas.”

Sin embargo, la división actual no es tan lineal como la postura kirchnerismo-antikirchnerismo. “Si bien quienes no se identifican con el kirchnerismo han criticado las medidas en torno a Vicentín, no sucede lo mismo con el espionaje de la AFI, siendo los propios integrantes de Juntos por el Cambio querellantes en las causas. Algo similar ocurrió con el comunicado por el fallecimiento de Fabián Gutiérrez, que distanció a los propios integrantes del partido”, explica la politóloga: “Eso refleja que dentro de la oposición existen diferencias, principalmente marcadas entre aquellos que hoy tienen responsabilidades ejecutivas frente a la crisis causada por el coronavirus (como es la dupla Rodríguez Larreta-Santilli), respecto de aquellos que no la tienen.”

Entonces, pareciera que hay un sector de la principal fuerza opositora más “dialoguista” y afín a las políticas del gobierno Nacional, aunque también el hecho de tener responsabilidades como funcionarios públicos influye. Como sostiene Reiszer, “la intención de cerrar o no la grieta con estas actitudes es algo que se podrá analizar más a largo plazo.” Esto se debe a que “aún estamos en el medio de un proceso histórico, sin igual, por lo tanto, excepcional, del que no podemos sacar conclusiones ni buscar parangones. Es necesario que pase más tiempo para poder evaluar esas actitudes.”

Debido a la pandemia, los distintos sectores políticos del país se pusieron de acuerdo para coordinar las políticas públicas sanitarias.

Sur, paredón… ¿y después?

Cerrar la grieta, superarla, unir a todos los argentinos y argentinas… Son muchos —tantos— los que lo dicen. Pero, ¿algo de todo esto es posible? No, pero tampoco es algo tan terrible como, generalmente, lo hacen ver. Y en eso coinciden ambos especialistas, tanto Sacha Pujó como María Emilia Reiszer.

“El conflicto político nunca puede cerrarse porque eso implicaría el fin de la historia, algo imposible más aún en sociedades tan desiguales”, explica el sociólogo y magíster en Políticas Públicas. “Es decir, hay grieta porque hay conflicto político. Cerrarla requiere de reunir fuertes consensos en torno al modelo de país que se cristalicen en políticas de Estado, algo que los poderes económicos no apoyarán en tanto haya gobiernos y movimientos políticos que expresen medidas democráticas redistributivas”, sostiene Pujó.

Para Reiszer, la razón, el contexto histórico-político del surgimiento de “la grieta” tiene mucho que ver con la imposibilidad de su sutura: “Difícilmente ‘la grieta’ que se estableció en el mandato de Cristina Fernández pueda volver a saldarse prontamente. Su presencia en nuestra cultura política es de tal magnitud y depositaria de tal diversidad de ideales y cargas simbólicas, que difícilmente se pueda adoptar una posición que no esté atravesada por en día por el clivaje que marca el kirchnerismo-antikirchnerismo.”

El acuerdo es siempre algo pasajero, sostiene María Emilia Reiszer.

Entonces, ¿no hay futuro sin grieta? Parece que las promesas de los políticos no son más una utopía. Imposibles de realizar. Pero eso no quiere decir que no apuntemos a la “unidad nacional” como un horizonte a alcanzar. Como ya se mencionó, el conflicto es constitutivo de la política y de toda sociedad, por lo que su anulación total es absurda. Pero, como afirma Reiszer, “sí es posible encontrar un eje que alinee la mayor parte de nuestra sociedad en pos de un objetivo común, aunque siempre sea coyuntural y pasajero”.

No, nunca vamos a estar todos de acuerdo y está perfecto. Hay diferencias que son insalvables, hay personas con las que nunca vamos coincidir. Pero, ¿acaso no es posible pensar al otro  sin verlo como un enemigo a destruir?

Las elecciones del 2019 y el triunfo de Alberto Fernández —encabezando el Frente de Todos, una de las alianzas más grandes y diversas de nuestra historia— es un gran ejemplo de esa unidad, al menos, en un sector mayoritario. Los primeros meses de acción durante la pandemia, también, y más ampliamente aún. Esto demuestra que la política es posible y es la forma.

Y si la única manera de cerrar la grieta es que no haya nada del lado opuesto, separado, es decir, es eliminar al que piensa distinto, entonces que no se cierre.

A modo de conclusión: la grieta no se cierra, se gobierna. Y se vive políticamente.

2 comentarios sobre “Al interior de la grieta

  1. Por un lado decís: “Un claro ejemplo de la utilización política de la grieta o, más bien, una consecuencia de dicha utilización, fue la emergencia de la alianza Juntos por el Cambio. La conjunción de varios partidos políticos, así como de diversos sectores de la sociedad, se convirtió en la expresión política del antikirchnerismo.”
    Por otro: “Las elecciones del 2019 y el triunfo de Alberto Fernández —encabezando el Frente de Todos, una de las alianzas más grandes y diversas de nuestra historia— es un gran ejemplo de esa unidad, al menos, en un sector mayoritario.” ¿Qué hace del Frente de Todos un ejemplo de unidad y de que “es posible pensar al otro sin verlo como un enemigo a destruir” mientras Juntos por el Cambio es una muestra del uso de la grieta con fines políticos?

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s