Quedate en… ¿casa?

Quedate en… ¿casa?

La cuarentena no es para todos: a pesar de que el GCBA dice realizar esfuerzos para que todas las personas en situación de calle atraviesen el aislamiento en paradores y centros, todavía son cientos los que permanecen en los espacios públicos.

El aislamiento obligatorio y el cuidado no son posibles para todos por igual. Foto: Fernando Gens para Télam

Por: Sofía Moure

Con el regreso de una Fase 1 poco explícita pero casi tan rígida como esos primeros días de aislamiento en marzo, el #QuedateEnCasa volvió a ser tendencia y las calles se vieron más vacías que las últimas semanas. Sin embargo, hay personas que no pudieron abandonar el espacio público ya que éste es todo el hogar que tienen. Y para ellas, el “quedate en casa” solo es un deseo.

Como si fuera poco, el invierno comenzó oficialmente, y con él, los meses más duros para las personas que viven en situación de calle. Y sobre esto, la pandemia. La pandemia y la imposibilidad de llevar a cabo las medidas de higiene básicas. La pandemia y una población extremadamente vulnerable, con enfermedades preexistentes. La pandemia y soluciones mediocres a sus problemáticas.

La pandemia y una pandemia todavía mayor y más antigua: la pobreza y el hambre.

Ilustración del humorista gráfico Tute (@tutehumor)

El segundo censo popular de personas en situación de calle -llevado a cabo por organizaciones populares- registró al menos 7251 personas habitando y viviendo en las calles y los espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires. Del total, sólo el 9% se encontraba en paradores, y un 18% en establecimientos con convenio con el gobierno. El resto, más de cinco mil, a la deriva total.

El censo fue realizado en abril del 2019; es decir que los datos más actualizados con los que contamos son de hace más de un año. No es muy descabellado pensar que ese número aumentó en 14 meses. Y la pandemia y la recesión económica apoyan la conjetura.

“Hasta marzo teníamos entre 150 y 200 personas que acompañábamos, aproximadamente, pero con la pandemia este número se ha duplicado y estamos asistiendo a más de 400 personas”, cuenta Bárbara Alegre, integrante de la ONG Acción Comunitaria y del programa Sopa de Letras.

Alegre comenta que si bien muchos se las ingenian para sobrevivir, los primeros meses fueron muy duros para las personas en situación de calle ya que no podían conseguir ningún ingreso. Lo mismo que sucedió con trabajadores autónomos e informales, pero con la diferencia de que a la gran mayoría de este sector, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) no llegó. “Muchas organizaciones dejaron también de hacer las recorridas por los permisos, porque no podían o por diferentes situaciones”, explica. “Y en este tiempo nos encontramos con más gente porque están siendo desalojados a pesar de que lo prohíbe el DNU 320.”

Medidas que no alcanzan

Las Centros y paradores existentes no alcanzan para albergar a todas las personas en situación de calle.

El 8 de junio, el gobierno de la Ciudad anunció el comienzo del Operativo Frío, con particularidades específicas del contexto: “Es la continuidad de una tarea que comenzamos hace ya casi tres meses con la apertura de 8 nuevos centros de inclusión. Por la pandemia del coronavirus, adelantamos acciones muy relevantes que nos permitieron asistir a más de 830 personas en situación de calle que decidieron pasar la cuarentena en los nuevos Centros de Inclusión y hoy los estamos acompañando de una manera integral.”, afirmó la ministra de Desarrollo Humano y Hábitat, María Migliore.

Sin embargo, son muchos los que no quieren ingresar a paradores. Para Horacio Ávila, referente de la ONG Proyecto 7, “el sistema no está pensado para la gente” porque “a la mañana los vuelven a sacar a la calle”Sostener el lugar en la calle no es tan fácil. Si encima uno va a un lugar donde no sabe si estará al día siguiente, cuesta tomar esa decisión”, indica.

Este problema habría sido paliado con la extensión de los horarios de atención en los Centros a 24 horas durante toda la semana. Pero, según Ávila, también hay otras cuestiones, como ciertas “medidas medio carcelarias” y la imposición de hábitos ajenos a las personas en situación de calle. Las condiciones de infraestructura también dejan mucho que desear.

Bárbara Alegre afirma esta realidad al comentar que, de las personas que acompañan desde Sopa de Letras, nadie quiso ingresar a los paradores, ni siquiera por el coronavirus. Con el diario del lunes, lo agradece: “Si todos quisieran ir a un parador, no sé qué harían porque no alcanzan: las políticas públicas se hacen a partir de un censo que arrojó que hay mil personas en calle, por lo que quedan más de 6 mil personas afuera”. Según el gobierno, con los ocho nuevos Centros de Inclusión sumados a los 43 existentes, el total de plazas permanentes alcanzó las 3379. Pero, si se tiene en cuenta los datos del año pasado, más de la mitad de las personas en situación de calle no tendrían lugar en estos centros.

Otro punto que lleva a cuestionar la utilidad de los paradores fueron los contagios que se multiplicaron dentro de los mismos… De los que nunca más se habló.

Para Jonatan Baldiviezo, abogado especializado en derechos humanos y director del Observatorio del Derecho a la Ciudad (OCD), la apertura de más paradores generó “más riesgo ya que no es conveniente agrupar personas en lugares cerrados y constante convivencia, muchos de ellos con enfermedades previas”. Como le dijo a Télam, la pandemia desnudó la necesidad de “una reestructuración profunda de las políticas habitacionales en la ciudad”.

Por ahora, por lo menos entre aquellos a los que acompaña Alegre, no se detectó ningún caso de Covid-19: aunque varios tuvieron que hacerse el test ante la presencia de síntomas, todos dieron negativo. Según la integrante de la ONG, no hay registros de contagios y/o muertes por coronavirus entre las personas en situación de calle, si bien la muerte de dos hombres generó críticas por las medidas del gobierno porteño y pedidos por parte de la Asamblea Popular por los Derechos de las Personas en situación de calle.

Pero de seguir las recomendaciones de los que realmente están en la calle, mejor ni hablemos ¿no?

Conseguir un lugar “habitable” en la calle es difícil, por lo que muchos no quieren recurrir a paradores por un corto tiempo. Foto: Fernando Gens para Télam

Dos leyes, dos incógnitas

Los derechos de las personas en situación de calle están resguardados por ley, aunque muchos -la mayoría- no tengamos idea de la existencia de estos textos.

En la Ciudad de Buenos Aires, la ley 3706 de Protección y Garantía Integral de los Derechos de las Personas en Situación de Calle establece las obligaciones del gobierno para con estas personas, algunas de las cuales se cumplen más o menos en regla -como, por ejemplo, la creación del programa Buenos Aires Presente (BAP). Pero basta con leer el texto para notar que los puntos ignorados abundan.

Por su parte, en Provincia de Buenos Aires, la ley provincial 13956/09 a duras penas es conocida. No hace falta decir que se incumple por completo, según afirma Bárbara Alegre, con municipios que ni siquiera adhirieron. “Son varios gobiernos los que han pasado y no lo han tenido en cuenta la ley, que básicamente habla sobre la creación de equipos organizados de asistencia”, enfatiza.

El tema -las personas- tiende a ser olvidado o, por lo menos, relegado en una agenda de prioridades cuestionables. “Quienes mencionan a las personas en situación de calle, lo hacen en épocas invernales como si fuera un problemática solamente de frío, y ni siquiera te los cruzás en la calle. Es solo para la cámara y por cuestiones políticas, insiste Alegre: “Porque si a nosotros nos dan una cámara, vamos a hablar de la ley, de lo que se incumple, del censo deplorable que hizo la Ciudad el año pasado, de los desalojos, de la inaccesibilidad al programa 690 del subsidio habitacional o del IFE, que piden requisitos inviables para una persona que vive en calle, incluso si está acompañada por alguien.”

Si bien existen leyes que amparan sus derechos, las personas en situación de calle tienden a ser olvidadas por los gobiernos. Foto: Fernando Gens para Télam

Una ayuda en el desierto

El programa Sopa de Letras nació en el 2009, a partir de un voluntario que observó el maltrato a una persona en situación de calle y comenzó a preguntarse cómo accionar ante esas injusticias. Y, sobre todo, cómo formar un vínculo con aquellos a los que se les cerraban las puertas constantemente.

Lo que comenzó como un plato de comida por las noches, con años de trabajo y de conocer a estas personas en calle, se convirtió en una ayuda y acompañamiento más integrales: necesitaban hablar y contar sus historias, y se los escuchó. Ya no solo se les dio de comer, sino que también se las acercaron kits de higiene, bolsones de mercadería para que puedan cocinarse, y se los acompañó a realizar trámites y controles médicos.

A lo largo de sus 11 años de actividad, casi 500 familias lograron salir de la situación de calle, con quienes el contacto se mantiene.

Pero no todo es color de rosa: todavía quedan muchas dificultades en el día a día. La plata del programa sale de los bolsillos de voluntarios y personas individuales que donan y colaboran. Las personas en situación de calle aumentan año tras año, y junto con el número, también su deterioro. El acceso a la salud mental es muy difícil, y las leyes que protegen sus derechos se cumplen poco y nada. La situación actual de pandemia y aislamiento tampoco ayuda, precisamente. ¿Y el Estado?

“No se tiene en cuenta a estas personas para nada”, sostiene Bárbara Alegre: “Las organizaciones sociales estamos haciendo lo que le corresponde hacer al Estado. Y el reclamo no es que nos banquen, sino que nos convoquen a los que estamos en la calle y conocemos a las personas, para pensar políticas públicas juntos”.

Un comentario sobre “Quedate en… ¿casa?

  1. Muy buena la nota. Interesante y necesaria para visualizar las necesidades y exigir las políticas públicas.
    Ya expresando más un deseo personal, ojalá algún día puedan escribir acerca de la situación de les niñes en hogares o instituciones de ese estilo.
    Gran trabajo el que realizan

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