Afroargentinidad y política

Racismo en primera persona

“Es necesario desmontar el mito de la argentina blanca”

Federico Pita es politólogo y activista afroargentino. En diálogo con plotuist habló sobre las características del racismo argentino, el presente político del país y el futuro del capitalismo. ¿Es posible imaginar un mundo sin racismo?

Federico Pita es un politólogo y activista afroargentino. Foto: Gentileza DIAFAR

Por: Sofía Moure

Tiene una agenda muy apretada: los procesos que se están dando en todo el mundo hicieron que su celular empezara a sonar seguido con llamadas y mensajes de personas que querían comunicarse con él, saber su opinión. Es que, como politólogo, argentino afrodescendiente y fundador de la Diáspora Africana de la Argentina (DIAFAR), Federico Pita está más que autorizado para hablar sobre racismo. 

Tiene una agenda apretada, pero aún así se hace un tiempo para conversar con nosotras, porque entiende que cada espacio, cada puerta que se abre, es una oportunidad para que el tema siga alcanzando a más personas. Para que la discusión sobre racismo no sea olvidada con el cambio de agenda política y mediática.

¿Qué es DIAFAR? ¿En qué consiste y qué actividades llevan a cabo?

La Diáspora Africana de la Argentina (DIAFAR) es un grupo de afrodescendientes, en su mayoría porteños, que, como cualquier grupo humano, nos juntamos porque nos damos manija con algo. En este caso con que somos negros; con hacer un ejercicio activo de la memoria y de la herencia cultural de la afroargentinidad. Somos una estructura vinculada a la formación, porque entendemos que negro no se nace, sino que se hace. Trabajamos con conversatorios, talleres, etc. que cubren un amplio espectro de lo que es la formación en el pensamiento negro.

Por una parte, tenemos un periódico, “El afroargentino”, que hoy es la única publicación afroargentina impresa en mucho tiempo. También tenemos un estudio de radio, una sede y un espacio cultural, el Espacio Malcolm.

Y por otro lado, lo que tiene que ver con las acciones antirracistas: hacer recitales, campañas de concientización, manifestaciones, articulación con otros espacios y organizaciones, con el Estado.

En el Espacio Malcolm se dan charlas y talleres. Desde DIAFAR están impulsando una campaña de fondos para sostener el espacio. Foto: Gentileza DIAFAR

¿Qué es lo que entienden por racismo?

El racismo es esta idea abstracta y estructural de que lo blanco es superior y lo negro, inferior. Entendemos que es un fenómeno global, parte del sistema mundo; pero también tratamos de entender, en nuestra labor cotidiana, las formas en las que se da en nuestro espacio. 

Racismo hay en todos los países: no hay ningún país en el que no haya racismo, y tampoco hay países donde haya más o menos racismo. Eso es imposible de cuantificar. Lo que sí entendemos es que el racismo adopta formas peculiares según el discurso hegemónico de cada sociedad.

¿Cómo es el racismo en Argentina?

En el caso argentino, el racismo tiene que ver con la propia constitución del proyecto nacional argentino: esta idea de que Argentina es la sociedad más blanca de América Latina, teniendo en Buenos Aires el epicentro de esa blanquitud. Es el mito fundante del país. Cuando Sarmiento dice “civilización y barbarie”, lo negro, lo indio y lo gaucho, es el atraso; y la civilización son las ideas y los cuerpos de la gente europea. Esa forma de pensar termina permeando en el propio texto constitucional

Sobre ese mito de que lo blanco es superior se construye el relato nacional. Y hace falta sostenerlo sobre otro gran mito de que no se puede ser argentino y negro. No tanto de que en Argentina no hay negros, porque si la gente ve un negro va a asumir que es extranjero. Entonces, el mito no es que no hay negros en la Argentina, sino que no hay argentinos y argentinas que sean negros. Porque todos somos blancos. Pero es falso: la mayoría de la población en Argentina es oscura de piel, es de pueblos originarios, afrodescendientes, una mezcla.

¿Cuáles son los mecanismos que permiten sostener esos mitos?

Nosotros separamos el racismo argentino en tres categorías: invisibilización, negación y extranjerización. La invisibilización que tiene que ver con borrarnos de los sistemas estadísticos. Por ejemplo, borrar las nomenclaturas étnico raciales en los registros censales y ser suplantados por categorías ficcionales como puede ser “trigueño”, que no es una identidad. O, también, la invisibilización de los aportes políticos, culturales y sociales de los colectivos afrodescendientes y originarios. Después, en el caso de los afroargentinos, todo un relato vinculado al negacionismo de nuestra existencia: en Argentina no existimos o estamos “extintos”.

Y, desde mitad del siglo XX, hay un fuerte proceso de extranjerización: el hecho de suplantar esta idea de que no hay negros en Argentina con la idea de que hay, pero son extranjeros. Cuando uno es negro es tratado como un ciudadano de segunda categoría. Pero también somos parte del ejército de la independencia, nuestros cuerpos emanciparon estas latitudes y fueron parte constitutiva del proceso republicano. Sin embargo, la naturalización de estos tres procesos llevan a la idea de que no existimos y que los pocos que habemos, somos extranjeros. 

Y como en Argentina “no tenemos negros”, tampoco tenemos racismo.

¿Creés que esa idea mítica de la Argentina blanca se puede deconstruir en la actualidad?

No solo se puede sino que se debe. Parte del fracaso de nuestro proyecto social tiene que ver con el alto costo que pagamos como sociedad al no tener clara nuestra identidad

Es una sociedad que vive pensando en volver a Europa. Pero cuando la clase media se fue del país durante la crisis del 2001, al llegar al “primer mundo” se dieron cuenta de que allá no eran gerentes de banco, sino lavacopas. Es un proceso de esquizofrenia colectiva. 

Pagamos muy caro el hecho de no saber quiénes somos. Ni que hablar de los cuerpos negros que desconocen su identidad, que también imaginan -producto del relato- que son descendientes de europeos porque son García de apellido. En su conjunto, la mayoría de la sociedad vive una visión alejada de la realidad. En ese sentido, desmontar el mito de la Argentina blanca, es necesario.

Obviamente que tiene sus beneficios y privilegios ser blanco en términos de argentinidad: basta entrar a una universidad para ver que la gente es blanca y en la vereda la gente es negra, en el sentido más amplio. Pero no termina de alcanzar para fraguar un proyecto nacional que se imagine algo inclusivo o con ciertos atisbos de justicia social. Un país con una pobreza estructural de alrededor del 30, 35% es una sociedad que fracasó en su proyecto.

“Argentina se construyó sobre la idea de que es la sociedad más blanca de América Latina.” Foto: Gentileza DIAFAR

En ese sentido, ¿cómo ves al gobierno actual? Si bien está hace seis meses recién y la pandemia cambia mucho la agenda, ¿cómo pensás que puede accionar o gobernar?

Es una cuestión estructural, aunque no es lo mismo que esté un gobierno de derecha o neoliberal como el que se fue, y otro gobierno. Esos matices no son menores. En este caso, ha habido algunos gestos públicos: el propio presidente accionó inmediatamente cuando discriminaron a Brian Gallo. Y en el discurso de asunción dijo que la discriminación por color de piel tiene que ser un crimen imperdonable. Hay varias gestos en torno a empezar a desmontar y deconstruir algunas cuestiones. 

Coincido en que el clima está enrarecido, pero quedó demostrado que la pandemia puede frenar la economía, pero hay fenómenos que no ha frenado: la violencia institucional, los femicidios, en los que hay que ver de qué colores son las pieles de las víctimas. Entonces, la pandemia ha dejado de manifiesto algo que para los propios es obvio desde la esclavitud o la servidumbre de pueblos originarios. Lo ha hecho evidente para vastos sectores que conviven cotidianamente con esta atrocidad.

La estructuralidad del racismo hace que sea transversal a un montón de otras situaciones que se viven en el país.

Es constitutivo de la conquista. Hay una matriz colonial del poder que tuvo la idea de la raza en el centro de la construcción política. Solamente una sociedad alienada como la nuestra puede imaginar que ha sido superado ese flagelo. Se reclama paridad de género en las representaciones parlamentarias, y enhorabuena. Ahora saquen una foto y díganme de qué color es la gente

Está naturalizada la idea de la meritocracia, de que unos somos los buenos, los más preparados, y no sé: era el mejor equipo de los 50 años” y fuimos a parar al tacho. Los que se equivocan son siempre los mismos, desde hace 210 años son todos blancos. Y no hay una rendición de cuentas. No son todos iguales, pero hay una persistencia de determinados sectores de la sociedad que me parece atávica en ese punto.

¿Qué impacto creés que va a tener también en esta concepción de la política blanca la designación de María Fernanda Silva en un espacio de poder político o de representación?

Lo blanco y lo negro parece algo estético, pero tiene que ver con una cuestión de conciencia política. Un ejemplo más concreto: hacen falta más mujeres en espacios de decisión, en cargos de relevancia y con poder. La ministra de Seguridad del gobierno anterior, Patricia Bullrich, era mujer; pero nada más alejado de la agenda de demandas feministas que ella. En ese sentido también hay que ser muy cuidadosos. No se trata sólo de caras negras, sino de cuerpos, caras y mentes negras en los espacios de decisión.

María Fernanda Silva es una mujer con 30 años de trayectoria y un profesionalismo intachable. Y llegó a un lugar donde un varón blanco hubiese llegado muchísimo tiempo atrás con muchísimo menos mérito que ella. Creo que, en su caso, ser parte del activismo negro y cultivar la conciencia negra, le ha traído más de un problema.

Pero le tuvieron que dar el espacio, también como reconocimiento político por parte del presidente actual. Es una medida más en relación a construir otro tipo de Argentina. Pero es la misma Argentina donde se mata a Fernando Báez Sosa al grito de “negro de mierda” y nadie imagina que eso sea un crimen racial. 

Hay pocos casos en la historia de funcionarios negros. Una embajadora de rango ministerial, como lo es María Fernanda, es un hito en nuestra historia como comunidad. Pero es un festejo agridulce, porque si tenemos que esperar que se haga cada 210 años, pasa más seguido el cometa Halley a que un afroargentino llegue a un espacio de toma de decisión. Ahora, no confundir que toda la gente que tenga piel negra necesariamente representa el pensamiento negro. María Fernanda es un caso que sí.

María Fernanda Silva es la primera mujer en ser embajadora en el Vaticano. Foto: La Vanguardia

Considerando que, a partir de lo que pasó en EEUU, en un montón de países se están dando discusiones sobre racismo ¿creés que es un buen clima para repensar estas cuestiones y replantearse las estructuras?

Angela Davis dijo que agradece estar viva porque es la primera vez en la historia de los Estados Unidos que ve una movilización de semejantes características y participación en relación a la lucha antirracista. Y es una sociedad donde el movimiento negro está muy organizado, una tradición de manifestación y movilización enormes. Hay un punto de inflexión interesante. Sobre todo por el avance que tiene la derecha y los fascismos mundiales, mal harían el progresismo y las izquierdas en no asumir que es un tema que está en discusión. 

El problema es pensar que el antirracismo tiene que ver con una cuestión estética. Kwame Ture planteaba que visibilidad negra no es poder negro. No se trata de la visibilidad, sino de una forma de analizar, de ver el mundo. Achille Mbembe plantea algo así como el devenir negro del mundo, lo negro que no solamente se reduce a las fotos negras. Este es un tema que llegó para quedarse, y va haber una necesidad enorme de deconstrucción de todos los sectores, porque así como el patriarcado es un fenómeno interiorizado en hombres y mujeres, el racismo no escapa a ser ejercido por blancos y por negros. Es un fenómeno que desborda las corporalidades.

Son varias las discusiones que se están habilitando y que están interconectadas, porque el patriarcado va a terminar el mismo día que termine el racismo. Ni un día antes ni un día después. Me parece que es una lucha que vastos sectores tienen que empezar a asumir.

¿Y creés que el fin del racismo y del patriarcado pueden convivir con el capitalismo?

No, necesariamente son acciones anticapitalistas. Quizás suena a retórica exagerada, pero el patriarcado y el racismo son métodos de control que son pilares del sistema en el que estamos. Un sistema que es injusto que, si la brecha entre el 10% de los que más tienen y el 90% restante cada día es más grande, no le conviene a nadie. 

El feminismo negro organizó muy bien esto con la idea de interseccionalidad, esta idea de raza, clase y género como fenómenos indisolubles, no jerarquizables entre sí. Un problema histórico entre ciertas prácticas de las izquierdas y las luchas antirracistas y feministas es querer subordinar las demás luchas a la lucha contra el capitalismo. Y es un error. Cualquier proceso democrático tiene que contemplar que el sistema afecta profundamente a las mayorías. El capitalismo ha demostrado que es inviable, por lo menos para el beneficio de la mayoría.

Pero para ver la caída del capitalismo faltan muchos años todavía…

No lo sé. Cosas como las que están pasando ahora empiezan a tratar de problematizar, porque difícilmente uno pueda ganar un partido de lo que sea sin saber las reglas. Creo que hay gente que todavía no sabe siquiera qué partido estábamos jugando. Y de mínima, entender en qué deporte estamos metidos es un enorme avance, porque mientras unos están jugando y no paran de meter goles, hay otros que todavía están discutiendo. Si nos ponemos de acuerdo en de qué se trata, por ahí se pueden acelerar los tiempos y no sé, tal vez nos llevamos una grata sorpresa.

El racismo y el patriarcado son fenómenos enlazados al capitalismo. Foto: Gentileza DIAFAR

2 comentarios sobre “Afroargentinidad y política

  1. COMO EL CUENTO DE DOLINA. NOS VENDEN ESPEJOS MENTIROSOS . PARECE QUE PARA EL INTERES DE ALGUNOS NO TENEMOS QUE SABER QUIENES SOMOS. YO SIENTO Y PIENSO QUE SI NO SE QUIEN SOY . NO SOY NADA. FALTA EL NIÑO QUE DIGA EL REY ESTA DESNUDO. PUES EN MI PAIS ES MUY GRANDE, GROSERA Y OBVIA LA REALIDAD.MI PAIS TIENE SIGLOS DE HISTORIA. ES BUEN MOMENTO DE RECONOCERLA. DE RECONOCER A LOS ABUELOS, BISABUELOS O TATARABUELOS. ESTA TODO AYER NO MAS.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s