Representación trans

La cultura pop está en una relación complicada con la representación trans

Un breve repaso histórico sobre la representación, o falta de la misma, de las personas transgénero en los medios de consumo masivo.

La bandera del orgullo Trans. Fuente: Solzy At The Movies

Por: Anita Cattorini

Junio es el mes del orgullo LGBT, ya que el 28 se celebra de manera internacional el Día del orgullo de dicha comunidad, en conmemoración de los disturbios de Stonewall, un pub de Nueva York, ocurridos en 1969. Como si se hubiera puesto una alarma para que no se le pase, a principios de este mes la autora británica J. K. Rowling desplegó una serie de tweets que dejaron bien en claro que, para ella, un persona trans se define por sus genitales (no importa cómo esa persona se identifique). Por si alguien pensaba acusarla de tibia, la famosa escritora también puso en duda la discriminación que la comunidad trans ha experimentado desde hace siglos.

Si bien la red social del pajarito se llenó rápidamente de repudio hacia estas expresiones -desde varios miembros de la industria del entretenimiento hasta personalidades de la misma comunidad-, si miramos los productos que esa industria ha producido y produce, no parecerían tan alejados del pensamiento de Rowling. ¿A qué me refiero?

En la historia de las producciones audiovisuales, una de las primeras apariciones de un personaje transgénero es en 1953, en la película estadounidense Glen or Glenda, basada (muy) libremente en la vida de Christine Jorgensen, una mujer trans cuya operación de cambio de sexo por primera vez obtuvo atención mediática. En este caso, el director Ed Wood también ocupó el rol de protagonista. Sin embargo, no es hasta 20 años después, en la década del 70, que los personajes trans comienzan a tener un poco más de visibilidad en el cine y la televisión. Que en el medio se hayan dado las redadas policiales en Stonewall y las consecuentes manifestaciones de la comunidad LGBT, logrando posicionarse en la agenda mediática por primera vez, no es ninguna coincidencia.

Aún así, los films y programas de televisión donde se dio esto se pueden contar con los dedos de la mano (tal vez las que más se destacan son Dog day afternoon de Sidney Lumet, donde el personaje de Al Pacino busca robar un banco para poder pagar la operación de cambio de sexo de su amante; y Desperate living de John Waters, donde uno de los personajes principales es un hombre trans). Si el personaje tenía un nivel de importancia para la trama, era interpretado por mujeres o hombres cis. Las pocas veces que eran interpretados por personas trans en esta época eran básicamente extras en films exploitation (películas de bajísimo presupuesto que se enfocaban en explotar escenas de violencia o desnudo).

Recién en 1994, con la publicación de la novela de no ficción de John Berendt, Medianoche en el jardín del bien y el mal, y su respectiva adaptación cinematográfica en 1997, The Lady Chablis, que era un personaje prominente tanto en el libro como en la película, se convirtió en una de las primeras artistas trans en llegar a una amplia audiencia. Con la cinta de 1999 Boys don’t cry, que trataba la violación y asesinato de Brandon Teena, un hombre trans, en manos de sus amigos al enterarse de su identidad -y potenciado por el Oscar a mejor actriz principal que luego ganó Hilary Swank-, los travesticidios obtienen un alcance masivo por primera vez.

Aunque de los 2000 en adelante la presencia de personajes transgéneros en productos audiovisuales fue aumentando, todas las producciones tenían algo en común: actores y actrices cis eran los que ocupaban esos roles. Esto es algo sobre lo cual la comunidad trans se expresó en desacuerdo, cada vez con más fuerza, puesto que es difícil esperar que los actores y actrices trans puedan desarrollar sus dotes actorales si no se les da la oportunidad, además de reforzar la idea de que una mujer trans es un hombre en disfraz y viceversa. Tiq Milan, escritor y consultor trans, explicó en un video editorial para la página de Huffpost: “Es necesario mostrar que la identidad de las personas transgénero es mucho más que ser trans, y eso se logra  dándole más oportunidades en los medios a la gente trans”.  

La gota que rebalsó el vaso fue en 2018, cuando se informó que Scarlett Johansson iba a interpretar un hombre transexual en la película Rub & Tug y el rechazo de la comunidad llevó a que Johansson se bajara del proyecto. Con cada vez más participación trans en la industria (las hermanas Wachowski; la serie Pose sobre la cultura queer que se desarrolló en los 80 y en la que actúan varias actrices trans; la película Una mujer fantástica protagonizada por Daniela Vega; Silas Howard, director ganador del Emmy, por nombrar algunos), este tipo de decisiones ya no tienen sentido.

En Argentina, la persona transgénero siempre fue representada en los medios como motivo de burla, siendo usualmente un hombres cis con una peluca, mal maquillados y una pollera. Aún cuando personalidades como Flor de la V y Lizzy Tagliani tenían acceso a un público masivo y demostraban ser exitosas, la representación trans era básicamente nula. Recién en 2018, con la novela 100 días para enamorarse y el personaje de Juani, interpretado por Maite Lanata, se trató con seriedad lo que implica ser trans y transicionar.

El año pasado se estrenó Pequeña Victoria, la primera tira donde la vida de las personas transgénero era un foco central, con parte de la novela sucediendo en una casa de refugio fundado por una mujer trans y donde viven chicas trans (estas últimas interpretadas por actrices trans), además de haber sido el hogar de una de las protagonistas, interpretada por Mariana Genesio. En una entrevista a Filo News sobre la tira, Genesio expresó: “Vamos a mostrar que las personas trans no solamente pueden acudir a la prostitución, ni tener problemas con la droga, o vivir cuestiones de discriminación”.

Mariana Genesio Peña, una de las protagonistas de Pequeña Victoria. Fuente: Filo News

Finalmente, este marzo se anunció que Diana Zurco formaría parte de Edición Central, el informativo de la Televisión Pública, convirtiéndose en la primera conductora transgénero de nuestra televisión. Si bien esto no significa que la transfobia se haya eliminado de la sociedad argentina, parecería indicar que vamos en la dirección correcta.  

Pese a que la industria del entretenimiento se jacte de ser “despierta” y no tenga problemas en señalar con el dedo cuando alguna celebridad emite algún comentario transfóbico, la realidad es que en los hechos concretos se quedan muy cortos, optando la mayoría de las veces por la opción que ellos creen más rentable. Ergo, un cupo trans reducido. Hasta que no empiecen a cambiar esto, lamento informarles pero no van a estar muy lejos de los dichos de Rowling.

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